Un suspiro de misterio
asomaba de sus labios,
como flores que en su cuerpo
llevan notas del verano.
Sus pupilas eran copas
que en el viento derramaban
el aroma de las rosas
que en el alba se quebraban.
Su figura era la luna
y en el sol ardió su estrella;
y sus manos fueron sombra
del albor de la azucena.
Dulce estatua de lo vivo,
llama azul de la poesía:
si tu nombre desconozco,
si es que acaso no eres mía;
ve y ocúltame tu aurora,
no me seas más querida;
que mis sueños sean tierra
y tu voz desconocida.
Ve y ocúltame quién eres
para así nunca quererte
y esconderte mi delirio
en miradas que se pierden.
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Autor:
Nathanael Gellibert (
Online) - Publicado: 15 de febrero de 2026 a las 20:02
- Categoría: Amor
- Lecturas: 1

Online)
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