A una desconocida.

Nathanael Gellibert.

Un suspiro de misterio
asomaba de sus labios,
como flores que en su cuerpo
llevan notas del verano.
Sus pupilas eran copas
que en el viento derramaban
el aroma de las rosas
que en el alba se quebraban.
Su figura fue la luna
y en el sol ardió su estrella;
y sus manos fueron sombra
del albor de una azucena.

Dulce estatua de lo vivo,
llama azul de la poesía:
si tu nombre desconozco,
si es que acaso no eres mía;
ve y ocúltame tu aurora,
no me seas más querida;
que mis sueños sean tierra
y tu voz desconocida.
Ve y ocúltame quién eres
para así nunca quererte
y esconderte mi delirio
en miradas que se pierden.

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Comentarios2

  • JUSTO ALDÚ

    Poema de delicada musicalidad y atmósfera romántica, donde la amada surge como visión casi sagrada: luna, azucena, perfume y verano se entrelazan para construir una belleza idealizada, más cercana al símbolo que a la carne. El giro final introduce una renuncia dolorosa y lúcida: amar sería perderse, por eso el yo lírico prefiere el misterio antes que la posesión. Breve, elegante y con un aire clásico que convierte el deseo en susurro contenido.

    Saludos

  • El Hombre de la Rosa

    Esplendida y grata forma de versar estimado poeta y amigo Nathanael
    Recibe un abrazo desde España
    El Hombre de la Rosa



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