I
Por la vía de El Baúl, bajo el sol que muerde el llano,
iba yo con mi quebranto, sin consuelo y sin destino,
y fue Luis Cancines entonces, quien me extendió su mano
al mirarme sollozando por aquel largo camino.
III
Me vio llorar en el polvo de esa ruta hacia San Carlos,
con el alma hecha pedazos y el pecho lleno de herida,
buscando en el horizonte la forma de no nombrarlos:
a esos ojos que hoy me olvidan y me sacan de su vida.
III
"¿Qué le pasa, compadrito?", me preguntó con fijeza,
mientras yo le relataba mi amargura y mi descuido;
que por culpa de un desprecio me embargaba la tristeza,
pues el amor de mi vida me ha echado ya al olvido.
IV
Hoy queda el rastro del llanto en la tierra calurosa,
testigo de que un afecto se marchó sin decir nada.
Luis Cancine fue el testigo de esa condena tan penosa:
un hombre que llora un sueño por una mujer amada.
-
Autor:
El Cojedeño de Oro (Seudónimo) (
Online) - Publicado: 14 de febrero de 2026 a las 15:54
- Comentario del autor sobre el poema: El autor (Abel Cardoza) narra cómo su amigo y compadre Luis Canciness (también un reconocido personaje y músico de la región) lo encuentra en un estado de profunda tristeza y desolación mientras transitaba por ese camino producto del desprecio recibido de su eterno amor.
- Categoría: Amistad
- Lecturas: 2

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