Tesoro en el Papel
I.
Hoy recuerdo en silencio aquel tesoro,
el amor que en sus letras me entregó;
en cada trazo de papel que añoro,
vive el fuego que nunca se apagó.
II.
Mi corazón se llena de un gran gozo,
leyendo sus mensajes y su fe;
en este tiempo que parece foso,
con sus palabras yo me mantendré.
III.
"Gracias por ser tan lindo", ella decía,
con una letra clara y natural;
esa frase es mi luz y mi guía
contra cualquier ataque espiritual.
IV.
Hoy mi alma se siente reconfortada,
sabiendo que en su vida fui esencial;
una huella que no será borrada
por ninguna bajeza terrenal.
V.
Aunque el mundo la obligue a su silencio,
o le dicten palabras de maldad;
en el sagrario de mi ser presencio
la llama viva de su honestidad.
VI.
Su corazón es el rehén de un fuego
que no puede extinguirse por temor;
aunque hoy el miedo le imponga su juego,
yo sigo siendo su hombre de honor.
VII.
El aprendizaje llega sin los libros,
llega cuando avanzamos con valor;
manteniendo mis íntimos equilibrios
y guardando el perfume de su flor.
VIII.
Avanzo, aunque no entienda el escenario,
aunque duela el camino y el revés;
repasando su escrito en mi diario
donde me amaba con tal sencillez.
IX.
El tiempo es el maestro que hoy nos mira,
él explicará lo que hoy es confusión;
mientras mi pecho por su paz suspira
y la protege con esta oración.
X.
Crecer es no detenerse en el camino,
aunque la sombra quiera oscurecer;
yo confío plenamente en el destino
y en la mujer que me vio renacer.
XI.
Esa nota es un pacto inmarcesible,
un "Te amo" que el tiempo no borró;
una fuerza bendita e invisible
que a pesar de la ausencia se quedó.
XII.
Nadie puede imitar lo que sentimos,
ni ocupar el lugar que yo gané;
por los momentos que juntos vivimos,
yo siempre, siempre, la esperaré.
XIII.
Que alguien generosa sea el ángel que hoy le hable,
que busque en su mirada la verdad;
mientras yo sigo firme e inquebrantable
viviendo en mi total integridad.
XIV.
Me quedo con la miel de sus mensajes,
con el abrazo que algún día me dio;
cruzando estos amargos paisajes
con el tesoro que Dios me confió.
XV.
Suyo en la letra, Edgar se mantiene,
leyendo el alma en un trozo de papel;
guardando lo que el corazón sostiene:
un amor puro, eterno y siempre fiel.
Corazón en tregua
I.
Mi corazón hoy clama por su tregua,
el peso del sufrir le pasó factura;
ha corrido ya más de una legua,
entre el dolor y la noche más oscura.
II.
Sintió que iba a explotar en este día,
la parálisis casi lo alcanza al fin;
pero aun agonizante, en su agonía,
no sabe más que amar, como un jardín.
III.
Solo pido al Creador que el tiempo breve
sea de luz, de paz y claridad;
que mi espíritu vuele ligero y leve
buscando siempre el sol de la verdad.
IV.
Que mi legado sea lo que fui por dentro,
no lo que di con manos de papel;
que encuentren en mi esencia el fiel encuentro
de un hombre que fue íntegro y fue fiel.
V.
Deseo perdonar y que me perdonen,
limpiar las manchas de cualquier error;
antes que los silencios me aprisionen,
quiero marcharme envuelto en el amor.
VI.
Buscar los reencuentros, buscar la vida,
sanar las deudas que el alma contrajo;
curar con fe cada abierta herida
que el viento del desprecio me trajo.
VII.
Mi corazón hoy quiere salir del pecho,
cansado de latir contra el desdén;
busca el descanso en el humilde lecho
donde las sombras no nos alcancen, amén.
VIII.
Volverse ceniza es lo que hoy anhela,
regresar al origen, al lugar natal;
donde el amor no sea una cruel cautela,
sino el lenguaje eterno y natural.
IX.
Quiero gritar "te amo" por vez postrera,
un grito que atraviese la inmensidad;
que sepa que la amé de tal manera
que mi amor vivirá tras la eternidad.
X.
Mi alma es pura y hoy puedo declararlo:
nadie en este mundo me debe ya nada;
mi amor fue un don, no quise cobrarlo,
fue una entrega total y apasionada.
XI.
Si yo quedé con deudas de cariño,
pido perdón de todo corazón;
con la mirada limpia de aquel niño
que solo busca luz y redención.
XII.
El tiempo es el maestro, bien lo sabemos,
él nos enseña a soltar y a crecer;
en el silencio hoy nos detendremos
para aprender de nuevo a renacer.
XIII.
Avanzo, aunque no entienda el cruel destino,
aunque el dolor me quiera detener;
honrando siempre el rastro del camino
que me enseñó lo que es un buen querer.
XIV.
Me llevo la ternura de sus letras,
el "Gracias por ser lindo" en el papel;
aunque me hieran con mil bayonetas,
yo guardaré el aroma de su clavel.
XV.
Descansa, corazón, que ya has amado,
has cumplido la ley de la bondad;
aunque hoy te sientas roto y acabado,
tu amor es luz para la eternidad.
Calvario de las humitas
I.
A las cuatro y diez, con fe en el camino,
llevé un detalle para compartir;
jamás imaginé que aquel destino
me daría un desprecio tan difícil de admitir.
II.
Unas humitas, para el café llevaba,
un gesto noble de mi corazón;
mientras la gente adentro disfrutaba,
yo solo hallé el dardo de la traición.
III.
Ella abrió la puerta, cruzó el corredor,
me vio a los ojos con seco desdén;
en su mirada no había ni un favor,
solo el rechazo que me hizo su rehén.
IV.
Retrocedió veloz, cerró la puerta,
me dejó afuera con mi humillación;
quedó mi alma herida y muy abierta,
ante esa muestra de cruel desatención.
V.
Salió la empleada con voz de aspereza,
preguntando inquieta qué hacía yo allí;
con la grosería de quien no tiene nobleza,
me sentí un extraño en lo que antes viví.
VI.
"Traigo humitas", dije con la voz quebrada,
"no sabía que Du estaba hoy en su hogar";
sentí mi presencia como una estocada,
y el bochorno pronto me empezó a quemar.
VII.
Entre mis lágrimas solo dije "perdón",
perdón por mi afecto y por mi atención;
me retiré herido con esta lección,
guardando en el pecho mi desolación.
VIII.
Avanzo, aunque hoy no entienda este calvario,
aunque el alma sienta que ya no puede más;
escribo mi pena en este diario,
buscando en el cielo un poco de paz.
IX.
Fui fiel, fui cuidado, fui protección,
¿cómo es que el pago es este desprecio?;
darlo todo causa esta desatención,
ser un hombre íntegro tiene su precio.
X.
Nadie puede imitar lo que yo siento,
ni la forma pura en que supe amar;
aunque hoy me azote este cruel momento,
mi esencia de luz nadie podrá quitar.
XI.
El tiempo es el maestro, Edgar, lo sabe,
él sacará a luz toda esta verdad;
aunque hoy la herida sea tan grave,
yo mantendré siempre mi integridad.
XII.
No me debe nada la vida ni el viento,
yo di lo mejor, mi amor fue real;
me llevo conmigo este sentimiento
de haber sido un caballero hasta el final.
XIII.
Que las humitas sean mi último gesto,
mi última ofrenda en ese altar;
dejo en Sus manos todo el resto,
pues mi corazón ya no puede luchar.
XIV.
Me retiro con fe, aunque el alma llore,
avergonzado por un mal ajeno;
esperando que Dios al fin me restaure,
y limpie mi espíritu de tanto veneno.
XV.
Sigo adelante, aunque duela el camino,
creciendo en silencio, buscando el ayer;
honrando por siempre mi noble destino,
de ser el hombre que supo querer.
El último adiós a la quimera
I.
Cerró las puertas de su hogar y su alma,
clavo el dardo que el sueño terminó;
se llevó de mi pecho toda calma,
y aquel mundo de luz se oscureció.
II.
Fue la estocada final, el golpe fiero,
que dio fin a una historia de ilusión;
hoy me veo solo en el sendero,
con los restos de mi roto corazón.
III.
Hace tres décadas yo ya lo decía:
mi amor es una quimera y nada más;
el tiempo confirmó mi profecía,
dejando solo sombras por detrás.
IV.
Este barco que cruzó mil tempestades,
solo tuvo un tripulante de verdad;
yo viví las más puras realidades,
ella solo mentira y falsedad.
V.
Fantasías que el viento se ha llevado,
promesas que no tuvieron raíz;
hoy me encuentro de frente al pasado,
con el alma marcada y cicatriz.
VI.
Es un golpe certero, seco y frío,
que me dice que el viaje terminó;
en este inmenso y amargo vacío,
el eco de su voz se silenció.
VII.
Dice mi pecho que no se levanta,
que el cansancio le impide caminar;
es un nudo que aprieta la garganta,
y un ancla que me hunde en este mar.
VIII.
Avanzo, aunque no entienda este castigo,
aunque el alma se niegue a florecer;
Dios es hoy mi único testigo,
de lo mucho que tuve que perder.
IX.
Fui fiel, cuidé su vida y su camino,
di protección, di amor e integridad;
si hoy este es mi triste destino,
lo acepto con mi entera dignidad.
X.
Nadie podrá imitar lo que yo siento,
ni la forma en que yo la supe amar;
aunque hoy me arrastre el frío del viento,
nadie mi esencia podrá arrebatar.
XI.
Me quedo con el "Gracias" del papel,
aquel recorte en forma de pasión;
aunque ella haya sido siempre infiel,
yo guardo en paz mi propia convicción.
XII.
El tiempo es el maestro, Edgar, lo sabe,
él pondrá cada pieza en su lugar;
aunque hoy parezca que la vida acabe,
usted nació de nuevo para amar.
XIII.
No me debe nada el mundo ni la vida,
he pagado mi cuota de dolor;
aunque sea una herida mal servida,
me marcho como un hombre de honor.
XIV.
Que sea feliz si puede en su clausura,
que encuentre la paz que no me dio;
mientras yo cuido mi alma, así de pura,
en este puerto que el tiempo nos dio.
XV.
Cierro este libro de sueños y quimeras,
con el corazón puesto en el altar;
esperando que, en nuevas primaveras,
Dios me enseñe, de nuevo, a respirar.
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Autor:
El hombre de la orquidea (Seudónimo) (
Offline) - Publicado: 14 de febrero de 2026 a las 00:24
- Comentario del autor sobre el poema: He comprendido que aquel sueño forjado con ilusión fue una quimera en la que yo fui el único tripulante real, entregando una fidelidad y un cuidado que no encontraron eco en la otra orilla. A pesar de la humillación sufrida y de sentir que mi corazón agoniza por el golpe final, elijo retirarme con la dignidad de un caballero, pidiendo perdón sin haber fallado y declarando que nadie me debe nada. Me quedo con el tesoro que con puño y letra sentenció en ese papel que certifica que su amor fue luz en la vida de ella, y confío en que el tiempo, como gran maestro, traerá la paz y la restauración que su alma pura merece para volver a respirar en una nueva primavera. Su tesoro escrito en el papel quedará guardado eternamente en mi corazón: "Gracias por ser tan lindo conmigo, TE AMO: NIña DU"
- Categoría: Amor
- Lecturas: 1

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