¿Estás ahí?

Shalom Aperrigue Lira

Arequipa, 

9 de febrero de 2026

 

Querido amigo Martín:

Las lluvias aquí no cesan; han inundado parte de mi casa, como si febrero hubiese decidido recordarme que en esta celebración me siento ahogado. Las sillas de mi sala están enmohecidas y el piso de parquet se ha levantado. Aunque, en realidad, no me importa que se estropee nada, porque ya nada importa. 

Ella me ha dejado. 

Y ahora me encuentro a la deriva, como un pequeño barco de papel que pones sobre el agua, hundiéndose poco a poco hasta desaparecer.

He pasado las noches escuchando el sonido de la lluvia golpear contra mi techo; no suena a compañía ni a consuelo, solo es un constante recordatorio de que afuera todo sigue en movimiento. 

Cuando camino por la casa, veo sus tazas, ya secas, con el hilo de la bolsa filtrante aún enredado en el asa. Voy a mi cuarto y ya no puedo prender la tele. No he salido de casa porque tampoco encuentro las llaves. Si te soy sincero, aunque las encontrara, no sé si tendría a dónde dirigirme.

A veces pienso que no fue ella quien se fue, sino yo quien actuó demasiado tiempo como si ella ya se hubiera ido.

Me acostumbré a su presencia, casi sintiendo que era también parte de mí, olvidando retribuir lo que ella me daba.

La quise porque su forma de estar hacía que yo no tuviera que esforzarme demasiado. Sentía que estaba bien ser yo; estaba bien que a veces me faltara dinero, que no siempre pudiera ir a recogerla, que no me abandonaría por no poder tener largas charlas.

Ella era… No logro encontrar una palabra que le haga justicia; lo que más se acerca es serenidad. En sus ojos hallé mi hogar; todo parecía encajar. A su lado, disfrutaba incluso ir en combi; ir corriendo bajo el aguacero a por un emoliente de la esquina me parecía emocionante. 

Ella debe de estar compartiendo esos momentos con alguien más. 

Ese hombre es muy afortunado, Martín; debe ser tan feliz que seguramente le ha comprado todas las rosas y peluches que le ofrecen los vendedores ambulantes estos días. Probablemente ambos estén tan profundamente enamorados que han olvidado a sus amigos. 

Espero que eso no te pase a ti, Martín.

¿Sabes qué extraño más? Extraño verla mezclar las salsas cuando compartíamos una salchipapa. Nunca empezaba a comer sin antes recrear su “fórmula especial” —tres cuartas partes de mayonesa y el resto de kétchup—.

Extraño la fuerza con la cual apretaba mi mano cada vez que algo la emocionaba.

Extraño todo, porque todo lo hizo suyo: los lugares, las costumbres, incluso mis silencios.

Yo todavía soy suyo.

Y no sé si eso se pasará con el tiempo o si ella recordará llevarse esa parte de mí que dejó olvidada.

Antes de irse, me contó sobre la persona que había conocido; se llamaba Martín, igual que tú. Ja, ja. La vida tiene un humor muy extraño.

No te preocupes, no te guardo rencor alguno. Supongo que hay días en los que quedarse solo se me debe hacer costumbre.

Te quiero mucho, casi como a un hermano, así que, escríbeme cuando puedas. Aunque sea para saber si sigues ahí. 

Te quedarás, ¿verdad?

Atte., 

Riguel

 

  • Autor: Riguel (Seudónimo) (Offline Offline)
  • Publicado: 14 de febrero de 2026 a las 00:02
  • Categoría: Amor
  • Lecturas: 1
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