En cada casa, detrás de las paredes, vive un guardián que nunca verás. No tiene nombre, no pide meriendas,
es el alma quieta, el polvo tenaz.
Cuando el día estalla con risas y gritos, con pasos que corren, con puertas que dan, él abre su baúl de maderas viejas y guarda los ruidos, uno por uno, en su pan.
El portazo se pliega como un pañuelo. El llanto se enreda en ovillo pequeño. El teléfono, preso, ya no suena a duelo. El perro que ladra se vuelve ruidoso.
Y cuando la noche se asoma a la casa, cuando todo calla, cuando todo abrasa, el guardián despierta de su escondite y reparte susurros de azúcar y granito.
Primero, el crujido de la viga vieja, que cuenta una historia que nadie deja. No es un quejido, es una caricia, un "todo está en orden" sin malicia.
Luego, el zumbido de la nevera, ronroneo doméstico, fiera casera. Canción de motor que nunca se cansa,
arrullo de electrodoméstica panza.
Después, el suspiro de las sábanas frías, que al rozar el cuerpo dicen "todavía". Y el roce del viento con la cortina, como un pincel que el sueño imagina.
El grifo que gotea, lento, distante, cuenta segundos de sueño constante. No es una gota, es un latido, un corazón de agua, un sonido debido.
Y el reloj de pared, con su tic-tac blando, va desgranando el tiempo, desmenuzando. No marca las horas, marca el compás de un mundo que duerme y quiere durar.
El guardián revisa que todo esté en orden que el crujido sea suave, que el zumbido no muerda, que el suspiro de tela no despierte a nadie, que la gota no sea una cuerda.
Y cuando el silencio ya es puro tejido, cuando el niño respira hondo y seguido, el guardián sonríe desde su baúl, vacío de ruidos, lleno de azul.
Porque su trabajo es cambiar lo que grita por lo que susurra, por lo que necesita. No mata los ruidos, los transforma en calma, los vuelve caricia, los vuelve almohada.
Y en cada suspiro que das en la noche, en cada crujido que escuchas sin miedo, está el guardián, repartiendo su broche, cosiendo tu sueño con su blanco dedo.
Duerme tranquilo. Él vela en la sombra. El Guardián del Susurro nunca se nombra. Pero está ahí, con su baúl vacío, llenando de paz el cuarto vacío.
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Autor:
Línea Gris (
Offline) - Publicado: 13 de febrero de 2026 a las 09:46
- Comentario del autor sobre el poema: 6/6
- Categoría: Cuento
- Lecturas: 1
- En colecciones: Cuentos para dormir.

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