LA ANDANCIA MANCHEGA
Desde el otero
ondea el sirgo rubicundo
que baulea y refocila
el herrumbe de los alcáceres.
Llenos de barruntos,
las almenas que otean
los andurriales y capellinas
de cabreros y villanos
que, en su solaz, gasajan
el bastimento llanero.
El rebuznar de la recua
y el balido de ovejas y carneros
que, mansos, brevan de la noria
mientras la escaramuza del canto
de los pájaros anuncia el fin del día.
Fragor de choque de bruñidos fierros
no de arcabuces y cañones
que tiran balas como arcaduces.
En el campo de Montiel, Un Hidalgo
que dejó de ser Hidalgo para ser Quijote.
Y que ni Dorotea, ni Cardenio, ni el Licenciado, ni el Cura, ni Sancho Panza
detendrán en sus fazañas
al Caballero de la Triste Figura.
II
Las florituras de su barba
asoman el fulgurar
de un nuevo día.
Venció, porque supo
cuando entregarse
a la derrota.
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Autor:
Mario (Seudónimo) (
Offline) - Publicado: 12 de febrero de 2026 a las 15:44
- Categoría: Sin clasificar
- Lecturas: 1

Offline)
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