No me traigas el miedo en el cuenco de las manos,
ni me hables del poniente como de un párpado que cae.
Mira esta noche: es un sol de grafito,
una arquitectura de diamantes negros que estallan
en el silencio preciso de mis sienes.
Dicen que la oscuridad es el vacío,
pero yo toco su pulso de metal ardiente.
Es una composición genial, un orden de astros
que han decidido ser luz sin herir los ojos,
una esperanza que no necesita del alba
porque ya es mediodía en el centro de mi pecho.
¿Y mi cuerpo? Este mapa de surcos y de inviernos
no es la guarida de la soledad, ese perro blanco.
Mi vejez es una red de grietas astutas
por donde el universo filtra sus hilos de oro.
Entran furtivos, como ladrones de estrellas,
los rayos de una claridad que no conoce el cielo.
No me consumo en el frío de los años,
me deshago en el incendio de una luz que llega tarde,
pero llega con la fuerza de un mar que se desborda.
Estoy vivo en el fondo de esta sombra radiante,
donde la piel se vuelve transparencia
y el alma, por fin, se atreve a mirar de frente
al sol que crece, invencible, en medio de la nada.
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Autor:
Jose Barrientos (Seudónimo) (
Offline) - Publicado: 12 de febrero de 2026 a las 11:46
- Categoría: Sin clasificar
- Lecturas: 1

Offline)
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