Desde aquel aciago día en que fue pagada la moneda
y cruzaste el Estigio,
permanezco varado en el muelle de la desesperanza,
esperando sin esperar que un viento del sur disipe
la gélida bruma del dolor.
Mas en vano aguardo:
no se vislumbra vela alguna en lontananza,
salvo, acaso, la del barquero
que me llevará hasta tu encuentro
al otro lado del río sombrío.
Y si al fin su silueta emerge entre la niebla,
no temblará mi pulso ni mi voz,
pues hace tiempo que mi alma
aprendió a caminar descalza sobre la ausencia.
Llevaré conmigo tu nombre
—única luz que no se apaga—,
y el eco de tus pasos,
aún resonando en la madera húmeda del muelle.
Cuando llegue la hora,
descenderé al agua sin resistencia,
como quien regresa a un hogar olvidado,
y dejaré que la corriente me reclame.
Entonces, quizá,
la distancia que nos separa
se disuelva al fin
como la última bruma del amanecer.
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Autor:
Juan Roldan (
Offline) - Publicado: 12 de febrero de 2026 a las 03:22
- Categoría: Sin clasificar
- Lecturas: 1

Offline)
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