En la parte izquierda está la imagen real del famoso callejón del beso.
LA LEYENDA DEL CALLEJÓN DEL BESO
Leyenda mexicana
El Callejón del Beso no es solo un lugar: es una herida de piedra. Sus escalones no se suben, ni se bajan, se recuerdan. El tercero, sobre todo, late como si aún guardara sangre.
—Aquí es —dijo Lucía—. El tercer escalón. Siete años de buena suerte.
La farola parpadeó. El aire olía a flores viejas y a promesas nuevas. Esteban contó con el pie.
—Uno… dos… tres…
Pero el callejón, que sabe más que los vivos, se estremeció.
Lo que ellos no sabían es que no estaban solos. Entre los escalones caminaba un espíritu confundido: el enamorado de la antigua tragedia. Aquella noche remota, el padre de la joven descubrió el amor prohibido y, cegado por el honor, clavó el puñal en el pecho de su hija. Ella cayó y murió justo allí, en el tercer escalón, mientras su amado la sostenía. Desde entonces, él no supo morir del todo. Su alma quedó atrapada, buscando el beso que no pudo salvarla.
No era un demonio. Era peor: un muerto perdido.
Los viejos médiums lo dirían sin rodeos: cuando dos vivos buscan suerte donde hay sangre, cargan un muerto. Caminan con una sombra prestada. No lo ven, pero él se les pega al alma, confundiendo pasos, contando al revés, respirando dentro de sus decisiones.
—No es ese… —susurró una voz sin boca.
Lucía sintió frío.
—¿Oíste?
—El eco —mintió Esteban.
El espíritu, necesitado de ser visto, torció el conteo. No por maldad, sino por hambre de compañía.
—Uno… dos… —contó Lucía desde abajo—. Aquí.
Se besaron en el escalón equivocado.
Y al hacerlo, no atrajeron suerte: se llevaron al muerto consigo.
Desde entonces, su amor comenzó a llenarse de sombras: discusiones sin causa, cansancio sin razón, silencios que no les pertenecían. No era mala suerte: era una historia ajena respirando entre ellos.
—Estamos cargando algo —dijo Lucía meses después—. Esto no es solo nuestro.
Entonces consultaron a una médium y les confirmó lo que todos sabían: estaban cargando un muerto; debían regresar y corregir lo hecho.
Cuando regresaron al callejón, sintieron que algo los esperaba con su amarga sentencia. Esta vez contaron bien, y el aire se abrió como una herida antigua.
—Ahora lo saben —susurró el espíritu—. No busquen besos donde hay almas sin descanso.
Los guías dirían que ahí hacía falta despojo, misa espiritual, limpieza, elevación. No solo para ellos, sino para él. Para soltar la atadura entre vivos y muertos.
Se besaron en el escalón correcto.
No hubo milagro inmediato. Pero algo se aligeró. Como si una presencia se levantara del suelo y, por fin, aprendiera a irse.
Desde entonces, se dice que quien se besa en el Callejón del Beso no solo juega con la suerte: juega con memorias. Porque amar buscando atajos es, muchas veces, cargar un muerto, llevar un dolor que no es tuyo, pero que pesa como si lo fuera.
Y el callejón, viejo y sabio, sigue esperando que alguien cuente bien…
para que los vivos amen,
y los muertos, por fin, descansen.
JUSTO ALDÚ © Derechos reservados 2026
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Autor:
JUSTO ALDÚ (Seudónimo) (
Offline) - Publicado: 12 de febrero de 2026 a las 02:43
- Comentario del autor sobre el poema: La Leyenda del Callejón del Beso es una historia real. Cuenta la trágica historia de amor entre Carmen y Carlos (o Luis), quienes se encontraban a escondidas en un callejón tan estrecho que sus balcones casi se tocaban, situado en el centro histórico. Ciudad de Guanajuato, estado de Guanajuato, México. Dos amantes prohibidos, Ana/Carmen (hija de un padre autoritario) y Carlos/Luis (un minero), se besaban desde sus balcones hasta que el padre los descubrió y mató a su hija. Los visitantes suelen besarse en el tercer escalón del callejón para asegurar siete años de buena suerte en el amor. Lo que hicimos fue reinventar la historia y añadirle toques sobrenaturales para mezclar lo invisible con lo cotidiano con una carga simbólica. Espero que sea de su agrado.
- Categoría: Cuento
- Lecturas: 31
- Usuarios favoritos de este poema: Tommy Duque, Lualpri, Marie Paule, JoseAn100, El Hombre de la Rosa, Nelaery, Hernán J. Moreyra, **~EMYZAG~**, Mª Pilar Luna Calvo, Antonio_cuello, Carlos Baldelomar, Jaime Correa, MISHA lg, Poesía Herética, Freddy Kalvo, CARMEN DIEZ TORÍO, David Arthur, Javier Julián Enríquez
- En colecciones: RELATOS.

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Comentarios8
Hola Justo...
Muy bueno pero no entiendo bien eso de (Luis?)
Yo te aseguro que nada tengo que ver ni con el callejón ni con el beso!!!
Jajaja
Un abrazo hermano, cuídate y continúa dejándonos tus aportes.
Ten un excelente día,!
Luis.
😂😂 Muchas gracias amigo Luis, la utilización de tu nombre es mera coincidencia. Me imagino que no has viajado a Guanajuato, donde eres famoso.
Saludos
Mira tú.... famoso sin haber estado! Jajaja 🤣🤷🏻♂️
Es curioso, esto de los relatos de los pueblos. En mi pueblo, en Asturias , esta el puente del beso, se supone que. Una pareja se despedía en ese puente todos los días, con un beso, y también era un amor prohibido,-. El padre la mato a su hija porque el era pobre y el se suicido y se quedaron las dos almas en el puente.
Es una historia muy parecida a miles de kilómetros de distancia. Supongo que van cambiando y reinventándose con los años. Muy entretenida y adornada con mística espiritual. Gracias José Ángel.
Amigo José Ángel, y no es casualidad: las leyendas parecen viajar sin pasaporte, mudan de nombre como quien cambia de abrigo, pero conservan el mismo frío en los huesos. La Llorona, la Tulivieja, o cualquier madre errante que llora en los caminos, son ecos de una misma culpa ancestral, distintas máscaras para un mismo rostro trágico. Lo mismo ocurre con San Nicolás, que se multiplica en identidades pero reparte idéntico símbolo: el consuelo, el regalo, la esperanza infantil.
Lo del puente en Asturias confirma que los pueblos, aunque separados por mares, sueñan con parecidos fantasmas: amores prohibidos, padres severos, besos interrumpidos y almas que se quedan a mitad de camino entre la vida y la memoria. Las historias se reciclan, se visten con otros paisajes y otros acentos, pero laten con el mismo corazón humano. Quizás por eso nos fascinan: porque al escucharlas, no solo oímos al pueblo que las cuenta, sino también a todos los pueblos que, sin saberlo, están contando la misma pena con diferente música.
Gracias a ti, porque estos relatos compartidos son puentes invisibles…
Saludos
Me ha encantado esta historia de los dos amantes.
Como en tantos otros relatos, se da el terrible caso de que un padre mate a su hija porque desaprueba la relación de esta.
El relato nos da una mezcla de sensaciones: dolor,
intriga, miedo...
Algunos juegan con las leyendas, pero me parece una idea peligrosa, pues en ese lugar queda un resto de sufrimiento que, inconscientemente, se adhiere a nuestro pensamiento.
Es interesante saber que los visitantes utilicen ese rincón para besarse recordando la historia.
Me ha estremecido esta lectura. Muy real, pues como dices, sucedió hace años.
Muchas gracias por compartirlo, Justo.
Saludos.
Querida Nelaery, muchas gracias por tus palabras tan sensibles y profundas. Coincido contigo en que estas historias tocan fibras muy delicadas: el amor, la intolerancia y las consecuencias trágicas que dejan huellas más allá del tiempo. Esa mezcla de dolor, intriga y estremecimiento es, quizá, lo que hace que el relato permanezca vivo en la memoria colectiva.
También es muy interesante lo que señalas sobre los lugares marcados por el sufrimiento; a veces parecen guardar una energía que invita al respeto y al silencio, más que al simple juego con la leyenda. Que hoy se besen allí recordando la historia es una forma curiosa de transformar la tragedia en memoria y en homenaje, como si el amor intentara reparar, aunque sea simbólicamente, lo que una vez fue roto.
Gracias de corazón por leer con tanta atención y empatía. Un saludo muy afectuoso.
Muchas gracias a ti por tus explicaciones.
Un afectuoso saludo.
Héctor Mata
Escritor de fina y emotiva pluma, Héctor Mata hace plena justicia a esa entrañable narración guanajuatense. En su escritura puso el mismo tiempo el rigor del historiador y el lirismo del poeta. Por eso el libro que hizo sobre el Callejón del Beso contiene sabia enseñanza y profundo sentimiento.
Esto lo encontré querido amigo Justo buscado relatos del Buda. Lo tengo en mi blog en MUNDO POESÌA.TE IMAGINAS COMO SE SIENTE DESAYUNAR ENTRE LA TRAJEDIA DE UN BESO EQUIVOCANDO EL ESCALON???.
AGRADEZCO TU APORTE QUE PROVIENEN DE TUS VIENTOS.
YO AHORA MISMO QUISIERA SER SOLDADO EN LA EPOCA DE LOS NAZIS, EL GOBIERNO DE ARGENTINA APRETANDO LAS GARGANTAS NO PODEMOS RESPIRAR.
YO LE HE ESCRITO TODA MI VIDA AL AMOR HOY ME ENCUENTRO EN LA ENCRUSIJADA DE AL PACINO EN SU DISCURSO SOBRE LA INTEGRIDAD.¡¡ PERFUME DE MUJER!!
UN FUERTE ABRAZO POR ILUSTRARNOS EN TU RELATO UN PASAJE BIEN ESCRITO.
Así es, amiga: las historias viajan más que las personas. Cambian de nombre, de callejón, de puente o de balcón, pero conservan el mismo pulso humano. Cada pueblo les añade su sazón, su dolor, su romanticismo y su manera de recordar. Por eso una leyenda de Guanajuato puede dialogar con otra de España, de Asturias o de cualquier rincón de América: el amor prohibido, la tragedia y la memoria son lenguajes universales.
Lo que mencionas de Héctor Mata es muy justo: cuando la historia se narra con rigor y con alma, deja de ser solo anécdota y se convierte en enseñanza y emoción compartida. Desayunar con una tragedia amorosa como la del Callejón del Beso es, en el fondo, convivir con la manera en que los pueblos convierten el dolor en relato y el relato en identidad.
Entiendo también tu desahogo y tu cansancio ante los tiempos difíciles. Cuando la realidad aprieta, escribir sobre el amor, la integridad y la dignidad se vuelve casi un acto de resistencia. Como en ese discurso de Perfume de mujer, hay momentos en que la vida nos pone frente a una encrucijada moral, y ahí es donde cada quien decide desde qué lugar quiere pararse.
Gracias por compartir, por buscar, por enlazar culturas y por traer estos vientos cargados de memoria y reflexión. Un fuerte abrazo, con respeto y afecto.
Cada historia ancestral tiene su colorido, pero ésta, tu le has puesto la diversa gama de tu elocuente verso.
Siempre es interesante leer tus escritos, porque guardan un mensaje pedagógico y universal
Saludos y un abrazo grande, hermano panameño
Muchas gracias por tus palabras, las recibo con sincero aprecio. Me honra saber que el texto te ha resultado cercano y significativo, y que encuentres en él no solo relato, sino también mensaje y reflexión. Al final, eso es lo más valioso: que las historias sigan dialogando con quien las lee y encuentren nuevos sentidos en cada mirada.
Un abrazo grande, con cariño y gratitud, hermano.
JUSTO
trágico el hecho, la hija apuñalada y el se suicida en una mina ,
un final de un amor frustrado por un padre celoso,
una tragica forma de de invocar el amor eterno
interesantes letras poeta
gracias por compartir
... nunca he sentido curiosidad por ello
graicas por compartir
Desde entonces, se dice que quien se besa en el Callejón del Beso no solo juega con la suerte: juega con memorias. Porque amar buscando atajos es, muchas veces, cargar un muerto, llevar un dolor que no es tuyo, pero que pesa como si lo fuera.
Y el callejón, viejo y sabio, sigue esperando que alguien cuente bien…
para que los vivos amen,
y los muertos, por fin, descansen.
besos besos
MISHA
lg
Gracias, querida Misha, por tu lectura tan sensible y por tus palabras. Solo quisiera aclarar un matiz importante: en mi versión del relato, el joven no se suicida; simplemente muere de pena, por decirlo de algún modo. Es una muerte silenciosa, sin gesto extremo, como ocurre a veces en las tragedias más hondas, donde el dolor va apagando la vida poco a poco.
Lo verdaderamente trágico sigue siendo lo mismo: la hija apuñalada por un padre cegado por los celos y el orgullo, y un amor destruido por la intolerancia. No es solo un final de amor frustrado, es una condena que nace del abuso de poder y de la incapacidad de aceptar la libertad del otro.
Coincido contigo: es una forma trágica de invocar un amor eterno, y también una advertencia. Más que una curiosidad, la leyenda funciona como memoria viva: nos recuerda hasta dónde puede llegar el fanatismo cuando se disfraza de “protección” o de “honor”.
Gracias por compartir tu mirada y por ese cierre tan certero: que los vivos amen sin cargar muertos ajenos, y que las historias sirvan para sanar, no para repetir el dolor.
Un abrazo grande.
un abrazo con cariñ poeta, es que yo lo se con esa variante el se suicida en una mina , cuantas historia pero e imaginas cuantos espacios pisamos sin saber si en ellos han muerto personas ,
besos besos
MISHA
lg
Excelente leyenda. Hay muertos que todavía caminan y, a la inversa, vivos que ya están muertos...
Un abrazo fraterno mi apreciado escritor JUSTO ALDÚ.
Gracias por tus palabras. La leyenda del Callejón del Beso tiene justamente esa fuerza: no habla solo de un amor trágico, sino de cómo ciertas historias siguen respirando en los lugares, en la memoria y en la conciencia colectiva. Es un relato donde la frontera entre vivos y muertos se vuelve simbólica, porque lo que realmente permanece es el peso de las decisiones, los silencios y las prohibiciones.
Más que una historia de amor, es una advertencia sobre el daño que puede causar el fanatismo, el control y el orgullo mal entendido. Por eso sigue vigente: porque no se trata solo de dos jóvenes, sino de un conflicto humano que se repite en distintas épocas y culturas.
Un abrazo fraterno, querido amigo.
Lo que, lamentablemente, sigue vigente en algunas culturas es "la muerte por ensuciar el honor familair" de mujeres jóvenes por miembros de la misma familia por emamorase con jóvenes de otra cultura.
Interesante y triste leyenda Justo.
Un abrazo amigo poeta
David
David, lo más doloroso no es que esas historias existan en los libros o en las leyendas, sino que aún respiren —con otro nombre, con otro pretexto— en ciertas realidades donde el llamado “honor” pesa más que la vida. Cuando el amor se convierte en delito y la sangre pretende lavar una idea torcida de dignidad, no estamos ante tradición sino ante una herida cultural que se niega a cerrar.
Resulta trágico que, siglos después de Verona o de cualquier callejón simbólico, todavía haya jóvenes cuya única falta sea amar fuera del molde impuesto. Eso revela que el conflicto no es entre culturas, sino entre libertad y control, entre humanidad y fanatismo.
Gracias por tu reflexión sensible. Que la literatura, al menos, nos sirva para iluminar lo que aún duele y para recordar que ningún honor verdadero puede construirse sobre la tumba de quien ama.
Aquí te dejo una interesante comparación en perspectiva. Se pueden comparar la Tragedia de Shakespeare ROMEO Y JULIETA con la LEYENDA DEL CALLEJÓN DEL BESO.
ROMEO Y JULIETA:
Tragedia renacentista donde el amor nace en territorio enemigo. Dos jóvenes, herederos del odio familiar, desafían un conflicto ancestral. El desenlace es fatal: la muerte consagra lo que la vida no pudo sostener. El amor aquí es rebelión absoluta, y su precio es la sangre.
LA LEYENDA DEL CALLEJÓN DEL BESO:
Leyenda popular mexicana donde dos jóvenes enamorados, separados por la oposición del padre de ella, se besan desde balcones tan cercanos que casi se tocan. El amor también es prohibido y termina en tragedia cuando el padre asesina a la hija al descubrir el romance.
Similitudes
Amor prohibido por autoridad o familia.
Espacio simbólico elevado (balcón/callejón) como frontera entre libertad y control.
Final trágico que convierte el amor en mito.
Juventud como fuerza desafiante frente a estructuras rígidas.
Diferencias
Romeo y Julieta es una obra dramática compleja, con contexto político y desarrollo psicológico profundo.
El Callejón del Beso pertenece a la tradición oral: es más breve, más simbólica, más leyenda que drama estructurado.
En Shakespeare, la tragedia reconcilia a las familias; en la leyenda mexicana, predomina el tono moral y romántico popular.
En esencia, ambas historias hablan del mismo temblor: el amor como acto de desobediencia. Una nace del teatro isabelino; la otra, de las calles empedradas de Guanajuato. Pero en las dos, el beso es frontera… y también sentencia.
Una vez más te doy las gracias por tu amable lectura y comentario.
Un abrazo también para ti
JUSTO
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