Leyenda salvadoreña
En el pueblo de San Jacinto del Amate, donde las campanas sonaban aun cuando nadie las tocaba y los recuerdos caminaban descalzos por las calles, se alzaba un árbol antiguo de corteza lechosa. Decían los abuelos que de ese árbol brotaba, una vez cada muchos años, la misteriosa Flor de Amate, flor que no se dejaba cortar y que, según la tradición, solo se dejaba ver por quien estuviera dispuesto a pagar con algo más caro que el oro.
—No es flor para ojos ambiciosos —murmuraba la abuela Casilda—. Esa flor no se arranca: se sufre.
En la cantina El Último Suspiro, Eusebio y Tiburcio mojaban la tarde en tragos baratos. Tomaban “chaparro” o guaro para los valientes. Entre trago y trago, surgió la conversa.
—Se me acaba el “pisto” compadre. Dicen que la Flor de Amate concede riqueza —dijo Tiburcio—. Que el que la ve, nunca vuelve a pasar hambre…
—Y también dicen
—respondió Eusebio interrumpiéndolo— que para verla antes debe enfrentar a su custodio: El diablo y el que la mira a cambio pierde su alma o se queda mudo, como tumba recién cerrada.
Tiburcio escupió al suelo.
—Prefiero callar rico que hablarle a la miseria. -Musitó con voz de macho-
Aquella noche, guiado por un presentimiento más fuerte que el miedo, entre dudas y deseo Tiburcio llegó al árbol, a la vera del sendero. En el cielo no había estrella alguna. Al levantar la mirada, la flor estaba ahí, colgada como una estrella blanca, palpitando como si tuviera corazón y sintiera su frustración de "andar sin pisto", sin dinero. Al principio pensó estar alucinando por los tragos, pero al limpiarse los ojos y mirar denuevo no tuvo la menor duda.
De pronto, el aire se espesó y del polvo se levantó un hombre elegante, con olor a azufre y sonrisa de notario del infierno.
—Buenas noches, Tiburcio —dijo el Diablo haciéndo su aparición esperada—. La Flor de Amate no se mira gratis, dijo acomodándose el sombrero.
—Quiero verla… y quiero riqueza —respondió él, temblando.
El Diablo lo miró con ojos que parecían pozos sin fondo y, entonces, habló en versos, como quien firma un pacto con música:
Verla podrás si tu alma se atreve,
riqueza tendrás como río caudal;
más tu voz quedará donde el eco no llueve,
y mudo por siempre será tu final.
Tiburcio, cegado por la promesa de riquezas, asintió.
El Diablo chasqueó los dedos.
La flor se abrió como un ojo de luz antigua. Tiburcio la vio… y en ese mismo instante, su lengua se volvió sombra. Quiso hablar, pero solo le salió el viento.
Al amanecer, regresó al pueblo con mulas cargadas de oro, joyas y billetes que olían a azufre y a promesa rota. Se volvió el más rico de San Jacinto del Amate… y el más silencioso.
—Ahí va —decía la abuela Casilda—. Lleno de dinero y vacío de palabra. Porque quien pierde la voz, pierde también la manera de pedir perdón.
Desde entonces, la Flor de Amate sigue floreciendo cuando quiere, blanca y peligrosa. Y el Diablo, paciente, sigue ofreciendo riquezas, sabiendo que en ese pueblo ya aprendieron que hay silencios que cuestan más que la pobreza.
JUSTO ALDÚ © Derechos reservados 2026
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Autor:
JUSTO ALDÚ (Seudónimo) (
Offline) - Publicado: 11 de febrero de 2026 a las 00:21
- Comentario del autor sobre el poema: Dicen que el amate, árbol viejo y retorcido como una mano de brujo, no da flores jamás… excepto una sola noche. A las doce en punto, en secreto y sin avisar a la luna, brota una flor blanca y luminosa en su copa. La flor cae al suelo como una promesa… o como una trampa. Quien logre atraparla puede pedir amor, dinero y salud, pero nada es gratis en el libro oscuro del monte: 👉 La flor le pertenece al Diablo, y el valiente deberá enfrentarlo. Si gana, la fortuna lo seguirá como perro fiel. Si pierde, su alma queda hipotecada al infierno. Otras versiones dicen que solo los niños y los mudos pueden verla, porque no pueden delatar el secreto. También se cuenta que hay que usar un pañuelo blanco, envolverla en forma de cruz, o la flor se desvanece como un suspiro. Así, la flor de amate no es solo una flor: es un contrato sobrenatural, una lotería de medianoche, donde se apuesta lo único que no se recupera… el alma. Una leyenda que huele a azufre, a monte húmedo y a deseos demasiado caros. 🌙🌳
- Categoría: Sin clasificar
- Lecturas: 32
- Usuarios favoritos de este poema: Henry Alejandro Morales, Tommy Duque, Lualpri, JoseAn100, El Hombre de la Rosa, Nelaery, Hernán J. Moreyra, Jaime Correa, Francisco Javier G. Aguado 😉, Poesía Herética, Freddy Kalvo, Javier Julián Enríquez, CARMEN DIEZ TORÍO, alicia perez hernandez, Marie Paule, Mª Pilar Luna Calvo, JUSTO ALDÚ, David Arthur
- En colecciones: RELATOS.

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Comentarios10
Un abrazo y gracias por compartir tus letras , estimado amigo Justo.
Gracias a ti Luis, que tengas un buen día.
Saludos
Es verdad, la moraleja de ese cuento, no se puedo perder todo, por el dinero. Corrompe tu espíritu y crea unas necesidades no necesarias.. Además como en el escrito, la consecución de objetivos extraordinarios suele conllevar un sacrifico en algún tesoro. Este escrito va contra el exceso de ambición y el maquiavelismo. Me ha gustado mucho. La representación por parte del diablo es tradicional en casi todos los pueblos católicos. Pero su figura, en este escrito, es curiosa, avisa y moraliza un poco. Es el protagonista, el que no medita las consecuencias y los riesgos. Gracias por el escrito. José Ángel.
Gracias, José Ángel. Coincido contigo: el texto señala con claridad cómo la ambición desmedida puede terminar cobrando un precio más alto que cualquier ganancia material. La figura del diablo funciona aquí más como advertencia que como simple villano, y refuerza la idea de que no todo vale para alcanzar un objetivo. Es un relato que invita a pensar en las consecuencias y en el valor de aquello que no se puede comprar. Muy acertado tu enfoque.
Saludos
Genial y hermoso tu bella prosa literaria estimado Panameño y fiel amigo Justo Aldú
Abrazos desde Torrelavega España
El Hombre de la Rosa
Muchas gracias Críspulo por tu comentario.
Saludos hasta España.
Es precioso este relato. Y nos da una sabia lección.
La avaricia nunca ha sido buena.
Nos enseña que el atesorar riquezas ,amontonar oro y dinero, nos hacen perder la humanidad que tenemos.
Cada vez deseamos más y más, como un saco sin fondo.Olvidamos a los necesitados porque ni siquiera los vemos. Esto nos lleva a consumirnos.
Muchas gracias por compartirlo, Justo.
Saludos.
Gracias Nelly, estoy revisando algunas leyendas latinoamericanas y me encontré con la de LA FLOR DE AMATE. Muy instructiva y aleccionadora tal como lo expresas en tu comentario.
Saludos
Así es.
Se debería de tener encuenta, pues muchos están dispuestos en " vender su alma al diablo" por obtener riquezas, éxito social...
Saludos.
Gracias por el aporte y por darle significado a una de las tantas leyendas salvadoreñas mi apreciado JUSTO ALDÚ.
En el fondo hay un mensaje hiriente, pero real. El dinero calla muchas voces cuando prima la avaricia, el interés por unas cuantas monedas y, la no importancia de la podredumbre de la esencia del alma y el espíritu. El dinero todo lo corrompe. Con dinero se emparejan hasta los barrancos, decían mis abuelos.
Un abrazo fraterno.
Muchas gracias por tus palabras y por tu lectura tan atenta. Coincido contigo: el texto pone el dedo en una verdad incómoda, donde el dinero y la avaricia terminan silenciando conciencias y torciendo valores. Aprecio mucho tu reflexión y el respaldo que das al mensaje.
En este caso fue una leyenda salvadoreña, mas adelante buscaremos de otros países a ver si escribo sobre ellas.
Un abrazo grande.
Muchas gracias, amigo JUSTO, por este gran relato, en el que se vislumbra una reflexión filosófica sobre la naturaleza de la ambición y sus consecuencias. Así, el escenario, el pintoresco pueblo de San Jacinto del Amate, sirve como telón de fondo para una introspección sobre la búsqueda de la riqueza y el precio que se paga por ella. A este respecto, la Flor de Amate, símbolo de un anhelo insaciable, se manifiesta como un objeto de atracción que, al ser obtenido, conlleva la pérdida de algo esencial: la voz, metáfora de la capacidad de comunicación y, en última instancia, de la posibilidad de redención y perdón. Por otra parte, el Diablo, figura arquetípica de la tentación, ofrece un pacto que, aunque promete riqueza material, asegura la condena del alma. Por ende, la elección de Tiburcio, motivada por el anhelo de mejorar sus condiciones de vida, refleja la vulnerabilidad humana ante la ilusión de una vida más próspera, sin ponderar adecuadamente las implicaciones éticas. En relación con eso, el desenlace, con Tiburcio convertido en el hombre más adinerado y discreto del pueblo, pone de relieve la paradoja de la ambición: la obtención de la riqueza a costa de la propia identidad y la capacidad de relacionarse con los demás. En este contexto, el relato, en su conjunto, aborda con sensibilidad los peligros de la codicia y subraya la importancia de valorar lo que trasciende lo material.
Recibe un cordial saludo y fuerte abrazo con mi más afectuoso aprecio
Muchas gracias por tu lectura tan profunda y generosa. Tu comentario capta con gran claridad el núcleo moral del relato y enriquece su sentido al señalar la voz como símbolo de identidad, redención y vínculo con los otros.
Quisiera añadir algo que considero clave en esta historia: el diablo, como en muchas tradiciones, no suele tentar con mentiras abiertas, sino con medias verdades y pactos aparentemente razonables. No promete lo imposible, sino lo deseable; no engaña del todo, sino que omite el verdadero costo. En ese sentido, el relato busca mostrar que la trampa no está solo en la ambición, sino en aceptar acuerdos que parecen justos, pero que erosionan lentamente lo esencial del ser.
Por eso, creo que la historia funciona como una moraleja clara y necesaria: no todo progreso es ganancia, y no todo pacto es inocente, aunque venga envuelto en promesas de bienestar. Aprecio mucho tu lectura, porque resalta precisamente ese filo ético que da sentido al relato.
Recibe un fuerte abrazo y mi sincero agradecimiento por tu valioso comentario.
Un relato con la cadencia de los cuentos que no se leen: se recuerdan. San Jacinto del Amate no es solo un pueblo; es una atmósfera: un territorio donde los recuerdos caminan descalzos y las campanas suenan sin manos. Desde la primera línea, el texto instala una realidad mágica, donde lo sobrenatural no irrumpe: habita.
La Flor de Amate funciona como símbolo central: es deseo, promesa, tentación y castigo. No se corta: se sufre.
Tiburcio encarna la tragedia del hambre, no solo material sino espiritual. No es malvado: es pobre, cansado, derrotado.
El Diablo, por su parte, no es una bestia grotesca, sino un burócrata del abismo: elegante, con olor a azufre y sonrisa de notario. No grita, no amenaza: ofrece.
La pérdida de la voz es uno de los castigos más poéticos y crueles posibles. Tiburcio no muere, no arde, no sufre físicamente: no puede decir. Y en un mundo donde la palabra es identidad, historia, perdón y memoria, quedarse mudo es desaparecer lentamente, aun estando vivo. La frase final de Casilda lo corona:
“Porque quien pierde la voz, pierde también la manera de pedir perdón.”
Ahí está la verdadera tragedia: no es no poder hablar, es no poder redimirse.
El cuento termina como empiezan las mejores leyendas: no con cierre, sino con advertencia. La flor sigue floreciendo. El Diablo sigue ofreciendo. Y el pueblo ha aprendido que hay silencios que cuestan más que la pobreza. Es una moraleja sin sermón.
Desde luego, un lujo pasear por tus letras, por esas letras que huelen a ese realismo mágico de García Márquez al que venero, pero que en tus manos se ha converitdo en un relato magnífico que me han atrapado de principio a fin. Gracias por compartir, querido amigo y poeta. Eres grande. Un abrazo.
Querido amiga,
Tus palabras me honran profundamente. No solo por el elogio, sino por la lucidez con que has leído tanto el texto como la lectura misma. Que un analista se deje analizar y lo celebre es una muestra de grandeza intelectual y humana. Has demostrado que comprendes no solo lo que escribo, sino también el pulso secreto que mueve mis letras.
Tu descripción de San Jacinto del Amate como atmósfera y no solo como lugar es exacta y poderosa. Ahí se nota el realismo mágico: lo sobrenatural no entra como invitado, vive ahí desde siempre, como el polvo o las campanas. La Flor de Amate, Tiburcio y ese Diablo notarial que tan bien defines no son solo personajes o símbolos: son mecanismos morales, engranajes de una fábula que no juzga, pero sí advierte.
Has tocado, además, el corazón del relato al señalar la pérdida de la voz como verdadera condena. No es castigo físico, es extinción de identidad, de memoria y de posibilidad de perdón. Esa es una intuición literaria de alto nivel, porque convierte el pacto en algo más que ambición: lo vuelve una renuncia al derecho de reconciliarse con uno mismo y con los otros.
Coincido contigo: es una leyenda que no se cierra, se queda rondando. Y eso es lo que hacen los buenos cuentos: no terminan, se instalan en la conciencia. Te agradezco de verdad este intercambio. Leer tu lectura ha sido tan valioso como leer el relato mismo.
Un abrazo grande, con respeto y admiración.
Querido Justo. La abuela Casilda habla desde la experiencia y desde una ética antigua. Su juicio no se centra en el dinero en sí, sino en el desequilibrio: “lleno de dinero y vacío de palabra”. La oposición es clara y simbólica. El dinero representa lo material, el éxito externo; la palabra, en cambio, representa lo humano: la conciencia, la responsabilidad, la capacidad de reconocer el error.
Gracias y tus historias son tan poderosas como tus poemas. Recoges tradiciones, saber popular y lecciones de vida.
Recibe mis abrazos y admiración.
Querida Ellie,
Gracias por una lectura tan fina y tan justa. Has captado con claridad el núcleo ético del personaje de Casilda y del relato mismo. Esa oposición que señalas —“lleno de dinero y vacío de palabra”— resume con enorme precisión la tragedia de Tiburcio: no es la riqueza lo que condena, sino el precio humano que se paga por ella.
Tu interpretación de la palabra como conciencia, responsabilidad y posibilidad de reconocer el error es exactamente el corazón simbólico del cuento. Casilda no juzga desde la dureza, sino desde una sabiduría antigua, de esas que no vienen de los libros, sino de haber visto muchas veces repetirse la misma historia con distintos nombres.
Te agradezco de verdad tus palabras y tu lectura atenta. Comentarios como el tuyo enriquecen el texto y le dan nuevas capas de sentido. Recibe también mis abrazos y mi gratitud sincera por tu admiración y tu sensibilidad lectora.
Gracias y es todo un placer pasar por tus temas tan interesantes.
Abrazos
Justo, lo digo sin rodeos: este relato me ha fascinado.
Tiene ese pulso antiguo de las buenas leyendas, esas que se cuentan bajito y se quedan pegadas en la memoria como olor a monte húmedo.
La forma en que llevas al lector desde la charla en la cantina hasta el encuentro con el Diablo es impecable, sin apuros, con ritmo, con sabor.
Y Tiburcio… qué gran personaje: humano, testarudo, real.
Hay sabiduría en cada giro, y ese final —“quien pierde la voz, pierde también la manera de pedir perdón”— me dejó pensando largo rato.
Gracias por regalarnos esta historia tan viva, tan redonda, tan tuya.
Un abrazo con respeto y admiración y mucho cariño.
-LOURDES
Poetas somos...
Querida Lourdes, gracias de corazón por tus palabras tan generosas y tan bien sentidas. Me honra saber que el relato logró acompañarte, quedarse contigo y provocar esa reflexión que nace cuando una historia toca algo más profundo que la anécdota. Tiburcio, la cantina, el Diablo y el silencio final no son solo personajes o escenas: son espejos de decisiones humanas que todos, de algún modo, hemos rozado.
Recibir una lectura tan atenta y sensible como la tuya es uno de los mayores regalos para quien escribe. Gracias por caminar el cuento conmigo y por dejar esa huella cálida de complicidad lectora.
Un abrazo grande, con afecto y gratitud.
POETAS SOMOS
Justo, amigo de letras,
Gracias a ti por esta ofrenda y por compartir tus escritos con tanto jubilo.
POETAS SOMOS
La leyendo de la Flor de Amate es muy interesante Justo y tiene su moraleje , que hoy en día con tanta avaricia mantiene su significación.
Un abrazo amigo poeta
David
Esa es la idea mi estimado amigo David. Que todo tenga su signifiación, incluso los personajes y lo que dicen la tiene.
Muchas gracias por tu visita, lectura y comentario amigo.
JUSTO
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