Hay días en los que no extraño como se extraña a alguien, sino como se extraña una parte del cuerpo que ya no responde igual, algo interno que sigue ahí pero duele distinto, una ausencia que no corta, que se adhiere, que respira conmigo y cambia el ritmo de todo. Camino por el día con esa sensación pegada a la piel, como un frío leve que no se nota desde afuera, pero que insiste.
No pienso en ti como luz, ni como promesa, te pienso como sombra viva, como algo que no se fue del todo y tampoco termina de quedarse, una presencia baja, constante, que se instala en el pecho y hace del silencio un lugar más denso. Amarte no fue refugio, fue exposición, fue aprender a sostener el pulso cuando el cuerpo tiembla sin ruido.
Hay algo casi como ritual, en seguir así, en levantarse, en cumplir, en hablar con la voz justa mientras por dentro algo permanece en vela, como una vigilia, oscura y fiel. No hay dramatismo, hay persistencia, una forma humana de no cerrar la herida para que no se vuelva mentira.
A veces siento que si me detengo demasiado, si dejo que el cuerpo se aquiete, tu ausencia va a empujar desde adentro, va a reclamar espacio, por eso sigo moviéndome, no para huir, sino para mantener el equilibrio entre lo que duele y lo que todavía late.
No espero salvación ni cierre, eso sería demasiado limpio para lo que nos pasó, lo que hay es este amor sin salida clara, este lazo que no se rompe ni se cumple, una especie de fiebre oscura que no mata pero tampoco cura. Y sigo, con cuidado, con el corazón expuesto, sosteniendo esta forma de amar que no descansa, pero que me mantiene vivo.
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Autor:
Bruno Gatica 1 (
Online) - Publicado: 11 de febrero de 2026 a las 00:12
- Categoría: Sin clasificar
- Lecturas: 1

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