Peripecias del hada Titania -Episodio XXV

Nelaery

El retorno a Áureo y El Vigía de lo Invisible

 

El Bajel Celeste se alejó de las costas de Ferrum-Ker, elevándose sobre un paisaje transformado. Lo que antes era una necrópolis de engranajes oxidados y chimeneas inertes, ahora era un estallido de verdor. La clorofila retomaba su trono sobre el hierro y el aire, antes cargado de hollín, y prodigaba el polen de una nueva era. Sin embargo, la alegría de la victoria se vio empañada por un cambio brusco en la atmósfera del Cenit. Las corrientes de los mares de nubes, habitualmente etéreas, se volvieron densas y aceitosas, dificultando la navegación de la nave.

Fue al cruzar el Estrecho de los Vientos Furiosos cuando la realidad pareció fracturarse. En ese desfiladero aéreo, donde los tornados se entrelazan como trenzas de un gigante invisible, una silueta colosal se recortó contra el sol. Una criatura de imponente envergadura descendía en una espiral tan perfecta como la proporción áurea. No era un ave ordinaria: era el poderoso y señorial Ako, el Águila Irisada. Las plumas de sus alas, forjadas con restos de cometas antiguos, refractaban la luz en un espectro cegador, dejando tras de sí una estela de polvo cromático.

—¡Cuidado! —gritó Akelia, cayendo de rodillas mientras con sus manos se presionaba las sienes sienes—. Su presencia es un estruendo psíquico. No veo los sucesos inmediatos, solo veo... veo colores que no deberían existir.

—¿Qué clase de criatura es esa? Jamás vi un depredador de semejante magnitud. El Leñador, instintivamente, aferró el mango de su hacha. Su mirada buscaba una vulnerabilidad en aquel ser que recordaba una constelación de la bóveda celeste.

Sin embargo, Ako no mostró hostilidad alguna. Con un batir de alas que sonó como el despliegue de mil estandartes de tela de adúcar, se posó, con suma ligereza, sobre la cubierta del bajel y miró a los tres tripulantes. Sus ojos, dos centellas de fuego frío, parecían auditar el estado de sus ánimos.

 

—No temáis —tronó el ave, y su voz grave resonó como el bordón de un arpa—. La noticia del metal convertido en flor ha llegado hasta las fronteras del vacío. Conozco vuestra hazaña. Soy Ako, el Vigía de lo Invisible. Veo lo que aún no ha ocurrido y aquello que se oculta tras la curvatura del confín.

Titania, con paso firme y sintiendo una extraña afinidad con el visitante, se acercó a él y le mostró el Brote de Sincronía. Al reconocer el broche, Ako inclinó su noble testa en señal de acatamiento.

Tú eres Titania. Solo la portadora de la armonía podría sostener ese brote sin marchitarse. Escuchad: el Arquitecto os aguarda en Áureo, pero vuestro camino está sellado por una tormenta de antimateria. Es una cicatriz en el tejido de la realidad, invisible para vuestros ojos simples. Si me permitís ser vuestro adelantado, os guiaré por las sendas del horizonte oculto.

—Así sea —aceptó Titania—. No hay mejor guía que un emisario del Arquitecto.

Bajo la tutela de Ako, el Bajel Celeste inició una serie de maniobras que desafiaban toda la lógica de la náutica. El ave les ordenaba virar bruscamente ante cúmulos de nubes blancas y aparentemente inofensivas que, según su visión, ocultaban vórtices capaces de desintegrar el pensamiento mismo. El nuevo aliado no solo preveía el peligro; leía la intención del viento.

—¡Titania, mantén firme el timón! —instruyó Ako desde la cubierta de popa, ayudando con sus tremendas alas extendidas para estabilizar la embarcación. ¡No permitas que la duda vacile en tu ánimo, o la tormenta encontrará una grieta en tu voluntad!

—Lo intento, ¡pero esta galerna es un azote salvaje! —gritó ella, sintiendo el peso del gobierno de la nave— ¡Cuidado a bordo! ¡manteneos firme!

Gracias a la lectura que Ako hacía de las "intenciones del viento", el bajel logró sortear la anomalía. Finalmente, la feroz borrasca cedió y las cúpulas de Áureo emergieron entre cirros de nieve. La ciudad de oro y marfil resplandecía con luz renovada; sus campanas tañían al unísono, celebrando el renacimiento de su hermana, Ferrum-Ker.

—¡Mirad! —Titania se asomó a la borda, emocionada—. ¡Es deslumbrante!

—Ha valido la pena cada desvelo —suspiró Akelia, mientras el leñador contemplaba la ciudad con una mezcla de fatiga y éxtasis.

—Gracias, Ako —reconoció el hada—. Sin tu ayuda, jamás habríamos podido salvar la travesía.

—Era mi deber. Supisteis controlar vuestro miedo, y eso fue la clave —respondió el ave—. Pero apresurémonos. El Arquitecto no espera.

Tras el amarre de la nave, fueron conducidos a palacio. En el Gran Atrio los esperaba el Arquitecto. Su figura, ataviada con una túnica de geometría sacra, evidenciaba un alivio solemne. 

—Habéis logrado lo imposible —reconoció—. El hierro ahora canta, y la savia vuelve a ser el aceite de las máquinas.

Titania dio un paso al frente e informó de lo acontecido en aquella urbe. Su voz resonó con la autoridad de quien ha caminado triunfante entre el fuego:

—Donde antes imperaba un mundo siniestro que explotaba injustamente las raíces de la Arborigenia y mantenía una metrópolis habitada por esclavos despojados de la capacidad de pensamiento y decisión, trabajando sin descanso para extraer la savia vigorosa de ésta, ahora se halla una ciudad espléndida y de progreso en la cual sus moradores son libres y solidarios. Fue necesario que entonase la Frecuencia del Retorno y recabar el apoyo del Cilindro de Ámbar para que la Savia reaccionara y se liberara de sus ataduras. Las Gárgolas de Ceniza han vuelto al polvo y Ferrum-Ker se ha transmutado en un parterre de frescor y beldad donde de nuevo la forja y la raíz conviven en concordia. Como prueba la Arborigenia, y en compensación, me obsequió con este talismán: El Brote de Sincronía.

—Y no hemos vuelto solos —añadió el Leñador, señalando a Ako, que permanecía vigilante en lo alto del claustro—. Este vigía nos ha traído por rutas insospechadas que no figuran ni en los mapas más secretos.

El Arquitecto observó al Águila y asintió benevolente. Guardó un breve momento de silencio, aunque repentinamente su rostro ensombreció intuyendo un temor cercano:

—El horizonte se expande para quienes escuchan el Acorde del Cielo. Pero recordad: que Ferrum-Ker florezca es solo el primer peldaño logrado. El desequilibrio siempre acecha en el mañana, y ahora que el Águila ve por vosotros, vuestra responsabilidad aumenta.

Justo cuando el Arquitecto iba a dar por concluida la audiencia, Ako lanzó un graznido agudo, un sonido metálico que hizo vibrar los vitrales del paraninfo. Sus ojos ígneos se tornaron de un violeta profundo.

—No hay tiempo para el descanso —sentenció el ave.  En un lugar donde la mirada se desvanece, he visto una Sombra Irregular. No es vida ni es máquina; es una nada con aristas agudas que avanza devastando las fértiles llanuras.

El semblante del Arquitecto palideció, una reacción inaudita en un ser de tan pura naturaleza.

—¿El Vacío Confuso?... —balbució—. Si ese rescoldo maligno despierta buscará el Cilindro de Ámbar que trajo Titania. Su objetivo es anular toda emanación positiva y devolver el mundo a la oscuridad de antaño.

Ako extendió sus alas de prisma, proyectando sobre el suelo de mármol un mapa de neón sólido.

—Se mueve a la velocidad del pensamiento. Está cruzando las Islas de Obsidiana. Si no partimos al amanecer, el horizonte que veo hoy... mañana simplemente confundirá el ahora.

Titania apretó el Brote de Sincronía contra su pecho. El talismán comenzó a emitir una señal carmesí que alertaba a su propio ser.

Áureo, la ciudad de la luz acababa de convertirse en un refugio algo inseguro ante la amenaza que se aproximaba.

 

Autores: * Nelaery & Salva Carrion.

  • Autor: Nelaery (Offline Offline)
  • Publicado: 10 de febrero de 2026 a las 11:27
  • Comentario del autor sobre el poema: Autores: Nelaery & Salva Carrion.
  • Categoría: Sin clasificar
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