BARQUITOS DE PAPEL

Mari.o

BARQUITOS DE PAPEL

Una tarde lluviosa donde llueve sin parar. 

Bajo el techumbre, las puntas de mis zapatos comienzan humedecerse y, por más que trato de evitar  empaparme, la lluvia me jala del brazo, insistiendo a que juegue con ella. 

Que me divierta, que no me preocupe. 

Asomo la cabeza y parece que cientos

de pájaros me han cagado encima. [¿Presagio? ¿Suerte? ¿Tan solo azar?] 

Yo me ataco de la risa pensando en 

el infortunio y la gran suerte mía. 

Por los canalones miro barquitos

de papel, el agua arrecia y los barquitos

ya no obedecen a la corriente. El agua se encrespa, se le hincha la panza, me siento capitán en medio de la tormenta y yo no tengo más remedio que salir a cubierta. Entonces la lluvia sabe que ha comenzado el juego, así que arrecia a mis espaldas. Subo a una escalera, voy subiendo mientras la lluvia parece pisar mis dedos resbalosos. Atorado a media altura, de repente el hielo que me asalta como una horda de flechas, avizoro hacia abajo y abajo un enorme remolino que engulle los barquitos de papel. ¡No puedo volver abajo!—me digo a mi mismo. «Este juego de párvulos, de tomarse de las manos y dar vueltas hasta caer con la gracia torpe y reírse por todo. ¡Es que siempre debe ser así!». Mientras tanto, como buen marinero, yo sigo ascendiendo por el mastil. 

 

Llegado a la cima, juro que he visto al viento. Un extraordinario crespo nubarrón que se ha posado frente a mi. Su aliento de calma arruya sus cristales acuosos diseminandolos como piedras preciosas en una sinestesica e inolvidable lluvia de cuarzos. 

  • Autor: Mario (Seudónimo) (Offline Offline)
  • Publicado: 9 de febrero de 2026 a las 19:42
  • Categoría: Sin clasificar
  • Lecturas: 1
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