La Strega della Soglia

Ettorello

Dicen las leyendas viejas las que no entraron a los libros santos que cuando el mundo comienza a pudrirse desde arriba, no aparecen ángeles: aparecen brujas.


No las de escoba y verruga, sino las antiguas, las mezcladas.Hijas del barro y del verbo.
Parteras del secreto.


Esta surgió cuando los nombres dejaron de importar y los archivos empezaron a cerrarse solos. Nació del cruce entre Lilith y Hécate, con manos negras de hollín y uñas escritas en latín muerto. Su boca sabía a hierro, su vientre a catedral abandonada. No adoraba a un dios: los observaba caer.


Se sentaba en el umbral del mundo ese punto donde la fe se vuelve negocio y el poder se disfraza de virtud  y allí tejía. No hilos: culpas. Cada hebra era un pacto firmado en sótanos alfombrados, una risa infantil apagada tras una puerta dorada, un cuerpo convertido en mercancía bajo símbolos sagrados.


La bruja conocía los nombres, pero no los pronunciaba.
Los nombres, cuando se dicen, se vuelven mártires.
Ella prefería los silencios: esos que huelen a incienso caro y a sangre lavada con donaciones.


En su aquelarre no había cabras ni calderos:
había trajes, logias, cámaras, sellos, credos, fundaciones.
Había hombres arrodillados rezando de día y firmando listas de noche.
Había mujeres convertidas en símbolos para distraer del sacrificio real.


La bruja mezclaba todo.
Versículos con contratos.
Hostias con pastillas.
Oraciones con vuelos privados.


Y mientras el mundo miraba escándalos como si fueran espectáculos, ella marcaba la tierra con su bastón y susurraba:
No es el mal lo que los sostiene… es la comodidad.
Porque no era sólo la élite.
Nunca lo fue.


Eran también los que compartían sin leer, los que se escandalizaban un día y olvidaban al siguiente, los que rezaban por las víctimas pero seguían adorando a los altares que las produjeron.


Eran los que pedían justicia como quien pide clima:
sin intención de mojarse.
La bruja no castigaba.
Eso es cosa de dioses jóvenes.
Ella reflejaba.
Mostraba a cada uno su rostro dentro del círculo:
el del silencio comprado,
el de la fe selectiva,
el del “no es asunto mío”.


Y antes de desaparecer, escribió con carbón sobre la piedra del mundo una sola pregunta, sin firma, sin dogma, sin absolución:
Si el mal se organiza en sectas, logias y templos…


¿qué hacemos nosotros cada día para no ser parte del ritual?

Dicen que quien lee esa frase y no siente incomodidad
ya eligió bando.

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  • Autor: Fiorenzo (Seudónimo) (Offline Offline)
  • Publicado: 9 de febrero de 2026 a las 13:41
  • Categoría: Sociopolítico
  • Lecturas: 2
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