Kintsugi

Lucrecia MD

Me rompí
como una taza antigua
en el suelo del tiempo.
No fue un ruido fuerte,
fue un silencio largo.

Pero no escondí las grietas,
no intentaré borrarlas.
Solo tomé mis pedazos
con manos lentas
y los uní con paciencia.

Entre cada fractura,
puse oro,
no para fingir que no dolió,
sino para decir
“esto también es parte de mi”.

Las heridas brillaron,
las caídas se volvieron líneas de luz,
y aquello que estaba roto
aprendió a verse hermoso.

Cesé despacio,
y cuando estuve lista,
ya no era la misma…
era más fuerte,
más verdadera,
más valiosa.

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