Lo Efímero Sagrado

Luis Barreda Morán

Lo efímero sagrado

Tu presencia es un río de luz que acaricia mis días con suaves ondas de dulzura.
Como la flor que abre sus pétalos al alba, así mi alma se expande con tu aliento.
Todo en este mundo marchita sus colores cuando llega la estación del frío.
Nuestros pasos son huellas en la arena que la marea del tiempo se encargará de borrar.
Guarda este instante como un tesoro en la memoria, donde el polvo no logre entrar.

Mi amor por ti es una llama constante en la chimenea del universo, calentando la noche.
Mas hasta el fuego más vivo consume su leña y se transforma en ceniza gris que vuela.
La luna que nos mira esta tarde también menguará hasta quedar en sombra.
Nada conserva la forma que le dio el principio, ni siquiera las montañas más altas.
Así, nuestro abrazo es un refugio momentáneo contra el viento que todo lo desgasta.

Imagino tu rostro como un faro en la niebla que guía mi barco hacia la costa.
Pero los faros también envejecen, y su luz un día se apagará para siempre.
Las canciones que susurramos al oído tendrán su eco final en el silencio.
Cada latido es un recordatorio de que el reloj avanza sin pausa hacia su fin.
Aprender a soltar es el arte más difícil que el corazón humano debe intentar.

Eres el jardín donde mis pensamientos encuentran paz y mis sentidos florecen.
Aun el jardín más bello enfrenta el invierno, y sus rosas caen una a una.
La vida es un préstamo breve que debemos devolver con gratitud al destino.
No habrá monumento que resista la erosión suave de los siglos venideros.
Solo el cariño honesto perdura como un rumor en el aire de los que quedan.

Tu nombre lo escribo con letras de agua sobre la mesa de la existencia frágil.
El sol que hoy nos ilumina se convertirá mañana en un ocaso lejano.
No existe la eternidad en este plano terrenal donde todo tiene un límite.
El adiós es la única promesa segura que nos hacemos al empezar el camino.
Por eso valoro cada respiro compartido, cada mirada, cada gesto mínimo.

Somos dos hojas llevadas por la misma corriente hacia un mar desconocido.
Flotamos juntas un trecho, a veces cerca, a veces separadas por las olas.
Al final, todas las hojas se hundirán en las profundidades sin retorno.
Pero el río seguirá fluyendo, indiferente, con nuevas hojas en su superficie.
Amar es saber que el viaje termina y aun así embarcarse con esperanza.

Tu recuerdo será una estrella débil en mi cielo personal cuando te vayas.
Las estrellas mismas mueren en explosiones silenciosas que nadie contempla.
El universo entero camina hacia su ocaso en una danza lenta e inevitable.
Lo único que niega la muerte es el amor que se siembra en otros corazones.
Riega esa semilla con tus actos, con tu bondad, con tu verdadero ser.

La tarde cae sobre nosotros con sus tonos dorados y sus sombras alargadas.
Pronto será noche, y nuestras figuras se fundirán con la oscuridad total.
No hay malicia en este final, solo el curso natural de todas las cosas creadas.
La tierra gira, las estaciones cambian, y nosotros somos parte de ese ciclo.
Aceptar este hecho es encontrar la paz ante la llegada del momento último.

Así, amada, cuando ya no pueda verte ni sentir el calor de tu mano en la mía,
no construyas un altar de tristeza en el desierto de tu alma solitaria.
Sigue caminando, lleva dentro la luz que encendimos cuando todo era posible.
Porque el amor verdadero no es una cadena, es un regalo que se entrega libre.
Y en ese dar sin poseer reside su única posibilidad de trascendencia.

Miro a mi alrededor y veo el mundo entero suspendido en este mismo instante.
Cada ser, cada ciudad, cada criatura lleva escrita en su frente la palabra adiós.
Nada es para siempre, ni el dolor más agudo ni la alegría más desbordante.
Todo tiene su final bajo este cielo, desde el insecto hasta la galaxia lejana.
Abrázemoslo todo con ternura, pues lo efímero es lo que lo hace sagrado.

—Luis Barreda/LAB
Montrose, California, 2023.

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  • Autor: Luis Barreda Morán (Online Online)
  • Publicado: 7 de febrero de 2026 a las 01:14
  • Categoría: Sin clasificar
  • Lecturas: 1
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