Bajo el sol, la farsa de un café,
un velo de cortesía sobre la hoguera.
Tus ojos, dos brasas de fe,
me invitaron a cruzar la frontera.
Entramos como el aire, sin ruido,
al santuario de un lujo que no es nuestro;
ladrones de un tiempo prohibido,
en el arte de amarnos, maestros.
II. La Ofrenda
El tálamo ajeno, blanco y sereno,
recibió el estruendo de nuestra caída.
Tus nalgas, un fruto de piel y veneno,
en mis manos de furia se hallaron vencidas.
Ropa que cae como pétalos muertos,
la urgencia que muerde, el hambre que clama;
dos cuerpos que buscan sus puertos
en el centro voraz de la llama.
III. El Sacrilegio
Penetré tu abismo con ritmo de guerra,
mientras el riesgo inyectaba su dulce ponzoña.
Eras el cielo y eras la tierra,
la verdad que se burla de toda carroña.
Tus pechos, dos lunas de seda en el viento,
gemidos que el miedo lograba domar;
un acto de fe, de poder, de tormento,
en el trono que osamos profanar.
IV. La Estela
Estalló el sol de marfil en la almohada,
bautizando el lino con nuestra verdad.
La casa dormía, la alcoba callada,
testigo de nuestra total libertad.
Borramos el rastro, la huella, el aliento,
partimos con sabor a pecado y cacao;
llevando en la sangre este juramento:
ser dioses un rato, en lo más profanado.
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Autor:
Joel (Seudónimo) (
Offline) - Publicado: 6 de febrero de 2026 a las 19:54
- Comentario del autor sobre el poema: © EL YARAWIX. Todos los Derechos Reservados.
- Categoría: Erótico
- Lecturas: 1

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