Me pides tiempo.
Tiempo para nosotros,
para volver a esos instantes
que abrieron paso
al amor.
A este amor que creció,
que se atrevió a un hogar,
a un camino iluminado
de promesas y escenarios posibles.
Pero llegó la huida.
El exilio.
Y el exilio no perdona.
Rompe el sueño,
estrecha la casa,
amenaza lo que parecía seguro.
La comodidad se achica,
el espacio para dos escasea
sin que el mundo lo note.
Y tú esperas.
No en reproche,
sino en silencio.
Con la mesa puesta
y la noche cayendo sin mí.
¿Sabes?
Nada vuelve a ser igual
después de irse.
El tiempo se fuga,
la vida se desliza entre las manos
persiguiendo el sustento.
Apenas respiramos
antes de servir el plato.
Lo que pides
me quiebra.
No porque no quiera,
sino porque ya no tengo
de dónde sacarlo.
Y en ese silencio
—el mío y el tuyo—
el exilio nos recuerda
que todo amor lejos de casa
no se rompe de golpe:
se va pagando en tiempo
hasta que ya no queda
de dónde dar.
Jesús Armando Contreras.
-
Autor:
J. del Umbral. (Seudónimo) (
Online) - Publicado: 6 de febrero de 2026 a las 18:03
- Comentario del autor sobre el poema: Este poema nace desde el exilio, no como un lugar físico, sino como una forma de vivir el tiempo. Habla del desgaste silencioso de las parejas cuando el amor debe competir con la urgencia de sobrevivir. No busca señalar culpables, sino nombrar una realidad compartida: cuando el tiempo deja de alcanzarnos, también el amor aprende a esperar.
- Categoría: Reflexión
- Lecturas: 1

Online)
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