Liturgia Carnal

Luis Barreda Morán

Liturgia Carnal

Esta vez, amada,
trae solo tu esencia sin ropajes,
tu boca ávida, tu ser en llamas.
Olvida las voces que se las lleva la brisa,
anhelo tu forma resonando cerca,
la certeza de tu voz temblorosa,
la entrega clara de tu abandono.
En estas horas oscuras...

Requiero tu aliento más que la luz, más que el reposo.
Ansío tu contacto como la tierra espera la lluvia,
como la noche busca su lucero,
como el camino halla su destino.
Permíteme explorar tu contorno cual navegante sin mapa,
tocar tu cuello con la fe del mendigo,
fundirnos hasta borrar toda distancia,
y convertir la quietud en un diálogo profundo.
Conquístame, doncella... sin pausa, sin sombra.
Conquístame hasta hundirme en tu aliento,
en tus líneas que señalan lo divino.
No huyas de la fuerza de este anhelo,
pues en mi llama existe calma,
en mi ardor, devoción.

Hoy la luna no verá sueños...
velaré tu figura como un tesoro antiguo,
bendeciré cada curva de tu ser
como si cada poro guardara un secreto.
Déjame dibujarte con mis manos,
estudiarte con mi boca, y que tu marca en mis hombros sea el sello de este verso escrito con pulsos y calor.

Ascendamos, compañera...
elevémonos al cielo sin fin del éxtasis.
Y cuando el último temblor nos quiebre,
cuando el calor se una al rocío de la dicha, abrázame... como si tras este encuentro el tiempo acabara.
Pues en esta penumbra, corazón... te deseo con todo mi ser y mi carne.
Te deseo como solo quien ama puede ansiar a la persona que ilumina su camino.

Tu presencia es un río en mi desierto interior,
tu mirada un faro en mi océano nocturno.
En la quietud, nuestros suspiros tejen un mapa estelar,
cada caricia es un versículo de un evangelio corporal,
cada unión, un eclipse donde dos almas se ocultan para renacer.

Soy peregrino de tu templo sagrado,
y cada encuentro es una ceremonia primigenia.
En la danza lenta de nuestros ritmos,
encuentro la razón de todo latido,
el nombre verdadero de toda pasión.

Así fundidos, sin fronteras ni ayeres,
somos tormenta y refugio,
vuelo y nido,
el grito y el silencio que lo acoge.
En este lecho, el mundo se reduce a un solo punto de luz,
y en tu corazón, escucho el rumor de la vida misma.

—Luis Barreda/LAB
Montrose, California, EUA 
Enero, 2023.

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  • Autor: Luis Barreda Morán (Offline Offline)
  • Publicado: 6 de febrero de 2026 a las 01:38
  • Categoría: Sin clasificar
  • Lecturas: 1
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