Austin Mora Badilla, desde su cotidianidad.
Mientras espero el bus dos sujetos vomitan historias como si la intimidad fuera chisme y no un acto de fe.
Hablan de mujeres que alguna vez confiaron, que se desnudaron sin saber que serían convertidas en anécdota barata,en moneda para inflar un ego raquítico.
Se ríen.
Se celebran.
Se dan palmaditas verbales como náufragos de una hombría inexistente.
Lo poco que les queda lo exhiben… y lo destruyen.
No hablan de deseo, hablan de dominio.
No recuerdan encuentros, enumeran conquistas, como quien colecciona objetos y no personas.
Qué vulgaridad más honda:
creer que traicionar una confianza
los vuelve grandes, cuando en realidad los delata pequeños.
Porque solo quien es vacío necesita hacer ruido con lo que no le pertenece.
Ellas se entregaron en silencio.
Ellos gritan.
Ahí está la diferencia.
Yo los escucho y entiendo algo simple y brutal: el verdadero hombre no expone, no difamar, no usa la piel ajena para sentirse vivo frente a otros.
La intimidad no se cuenta.
Se cuida.
Y quien la vende en una parada de bus no presume poder, confiesa carencia.
No habla de mujeres:
se delata a sí mismo.
No quedó como hombre.
Quedó pequeño.
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Autor:
Austin Mora (
Offline) - Publicado: 5 de febrero de 2026 a las 10:12
- Categoría: Sin clasificar
- Lecturas: 1

Offline)
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