Este país camina con los nudillos rotos,
golpeó tantas puertas
que ahora ya no recuerda
para qué servían.
Las sirenas son gallos de guerra,
cantan antes del amanecer
para avisar que habrá sangre fresca
en el mercado de las noticias.
La violencia es un río con uniforme,
lleva cuerpos como troncos,
los apila en las orillas
y luego firma recibos
como si el agua supiera leer.
Las balas no preguntan nombres,
solo aprenden direcciones,
y el miedo se muda de casa
más rápido que las familias.
Hay niños que juegan a esconderse
como si fuera un deporte nacional,
campeones del silencio,
medallistas del temblor.
El poder se lava las manos
con jabón de discursos,
pero la sangre es terca
y deja huellas en los pasillos,
en las corbatas,
en los informes de “casos aislados”.
Las madres cosen el aire
para que no se desangre,
con agujas hechas de fotos,
de nombres gritados en plazas,
de velas que no alcanzan
para tanta noche.
Pero este país también aprende,
aprende a cerrar el puño sin odiar,
a convertir el miedo en martillo,
la rabia en puente,
el grito en semilla.
Porque aunque el país camine herido,
no camina solo:
cada paso es un desafío,
cada voz una barricada de luz,
y cada cuerpo que resiste
es una frontera que no se rinde.
JUSTO ALDÚ - Derechos reservados 2026
-
Autor:
JUSTO ALDÚ (Seudónimo) (
Offline) - Publicado: 5 de febrero de 2026 a las 07:29
- Categoría: Sin clasificar
- Lecturas: 3
- Usuarios favoritos de este poema: Tommy Duque, Salva45

Offline)
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