Si aún te atas los cordones como aprendiste,
si aún caminas
con los mismos pies.
Si tus manos, arrugadas por el tiempo, siguen siendo las mismas del niño que fuiste ayer.
Si sigues siendo aquel que nació, creció, sufrió, rió y lloró.
Como hojas de otoño que se desprenden de la rama
tras cumplir su función,
o como la noche
que da paso al día,
permitiéndole existir
hasta volver a oscurecer.
¿Qué te distingue de él? ¿Qué separa tu presente de aquel niño que aún respira en ti?
Con la sangre que late,
impulsada por tu corazón,
dando movimiento
a cada célula
y a cada átomo…
¿qué frontera real podría haber entre ambos ?
Cuando la única diferencia
entre tú y él
es que el tiempo ha pasado,
pero sigues siendo tú.
Por eso, mejor abrir la puerta al viejo que llega con paciencia, sin cerrarla al niño que aún vive en ti.
Yo camino con ambos,
pues yo no soy sin él,
ni él sin mí.
Y en ese equilibrio, completo,
soy el que quiero ser...
siempre en movimiento,
dispuesto a mejorar.

Online)
Comentarios1
Sabias palabras que hablan de la persona que fue en el principio de su vida y lo es en la actual época.
Nuestros sentimientos y recuerdos nos han ido formando para ser lo que somos actualmente.
Saludos.
Para poder comentar y calificar este poema, debes estar registrad@. Regístrate aquí o si ya estás registrad@, logueate aquí.