◇ El gato letrado

Vientoazul

♤♡♧◇ El gato letrado

 

Su dueño habitaba un caserón de principios de siglo, pero él (me refiero al gato) llegó a la mansión cinco años antes de su partida, o dicho de otro modo más feliz, Elías le había pedido que consiguiera una mascota a uno de sus amigos para compartir su ancianidad. Horacio, su mejor amigo, apenas unos años más joven, un día se apareció con un gatito color gris, tibio, peludito, tierno; apenas se escuchaban sus gemidos.

 

Fue creciendo con el paso del tiempo y, por las muchas cabriolas que hacía, se lo veía dando brincos por toda la mansión. Gustaba acceder a los sitios más inverosímiles; hasta se lo encontraba colgado de las cortinas. Por supuesto, no teníamos idea de cómo había hecho para poder subir.

 

De todos los muchos ambientes, Homero prefirió siempre deambular por el despacho de Elías. Constaba de una biblioteca empotrada en una de las paredes, una gran ventana, un hogar a leña y una alfombra delante de esta. En la pared restante solo había un gran cuadro; debajo, un escritorio de roble.

 

Muchas veces, cuando Elías cavilaba por las noches, Homero se echaba sobre la alfombra, frente al hogar a leña. Amaba ese lugar. Compartieron muchos libros y lecturas narradas por Elías en voz alta y, aunque pareciera extraño, Homero comenzó a quedarse en el estudio a partir de estas lecturas. De allí surgió el apodo El gato letrado.

 

Cuentan sus amigos, que a veces este animal desaparecía por unos días, que Elías, por supuesto, lo buscaba en vano. No se imaginan su cara al encontrárselo andando entre sus pasos: sus ojos brillaban de felicidad.

 

Homero se juntaba con las demás mascotas del barrio. Gustaba contarles a sus amigos las muchas historias que su amo le narraba; por supuesto, reemplazaba a los humanos por felinos, también sus voces. Homero se caracterizaba por tener mucha capacidad para recordar anécdotas e historias; siempre hacía alarde de ello.

 

Cuando, por cualquier causa, Homero faltaba un tiempo, era extrañado la mayoría de las veces, pues era el único gato letrado del lugar. Aunque siempre tenían otras cosas para hacer: divertirse o investigar, ratones que correr, gallinas que asustar, pájaros que cazar…

 

En raras ocasiones invitaba a su hogar a uno o dos de sus compañeros de correrías. Estos tenían que ser muy cuidadosos para no hacer enojar a Elías. Al no respetar esta única regla, se enfrentaban a que alguno de los empleados de la casa los corriera con la escoba, cosa que Homero disfrutaba, porque ver esto le causaba mucha risa. ¿Se imaginan a un hombre grandote, semiagachado, repartiendo escobazos al aire? Porque sus amigos gatunos sí que eran rápidos. Estos también se divertían, aunque a veces la escoba les pasaba demasiado cerca.

 

La casa era enorme. No sé cuántas habitaciones tenía, pues eran muchas: escaleras aquí, escaleras allá; un sótano al que solo podíamos entrar cuando alguien dejaba alguna ventana mal cerrada o la puerta entornada, a riesgo de quedar encerrados por largo tiempo. Por lo que pude recordar en estos años transcurridos, había una clara rutina de limpieza: había días de vidrios, de pisos, de muebles, de altillos y sótanos, etc. Lo que no me puedo explicar, con tantos días para todo, es que no existieran días para disfrutar, correr y saltar, salvo yo y mis amigos; obvio, también Elías. El resto no paraba casi nunca, salvo por las noches…

 

Me gustaba a veces acompañar a Elías donde este estuviera, porque me daba golosinas, me cepillaba, bajaba una mano y me acariciaba. Hasta miraba el monitor Led con él, aunque la mayor parte del tiempo lo pasaba durmiendo o deambulando por los techos o ventanas, sobre todo en verano.

 

Cuando no tenía otra cosa para hacer, me gustaba agarrarme el rabo con mis patas, bañarme con mi lengua. Ahhh… odiaba el día de la mascota, o sea, yo, porque una vez que me agarraban, según decían, me tocaba un baño al uso humano… que consistía en ducharme con poca agua tibia, pero igual, si podía, me escapaba. Cualquier día se la haría fácil…

 

En otras ocasiones, como en el jardín retozaban ratones comunes y aves de todo tipo, glup… Se me hace “plumas la boca” mientras lo cuento. Se iniciaba una carrera que, la mayoría de las veces, ganaban ellas; en otras, me lucía con alguna pluma entre mis fauces.

 

De vez en cuando le dejaba un ratón, a modo de agradecimiento por cuidarme, en el umbral de la puerta del patio, a mi padrino.

 

A veces, de tanto correr por entre los estantes, algo se caía, haciendo mucho ruido al caer. Las luces se prendían, el mucamo (Pedro) venía de prisa, mientras yo lo miraba escondido. Este despotricaba mientras barría los restos de la porcelana, y lo escuchaba decir:

 

—Me alegra no verte.

—¡Ya verás cuando te agarre!

 

Esto era tan solo una bravuconada, porque nunca me tocaba. Se imaginarán que, con ese panorama, está de más decir que me borraba como el mejor.

 

En los fondos de la casa había un paredón de treinta centímetros de ancho, donde nos gustaba hacer “garras” o “guantes”, como dicen los humanos, probándonos entre nosotros. El ganador debía además probar su valor y saltar al patio: debían ser más o menos cinco metros. En caída libre, toda una hazaña. Dejábamos con la boca abierta a las gatas amigas.

 

Debo decir que no era nada fácil hacerlo; más de uno se ligó un golpe.

 

Otras veces jugábamos a “todos contra todos” con los gatos de barrios vecinos. Mis amigos sí sabían lo que hacían.

Mi existencia en el caserón se puede decir que era feliz.

 

Sin embargo, todo cambió cuando el viejo pasó a mejor vida, como dicen los humanos. El caserón quedó vacío por un tiempo y a mí me llevaron a casa de su nieta.

 

—Al morir mi abuelo, este me dejó sus bienes: su casa inmensa y su gato, Homero. Esto no me causó sorpresa, porque yo jugaba un rato con él mientras los visitaba. Elías y Homero solo me tenían a mí.

 

Así que Homero, al verme, se puso muy contento.

 

Como nieta de Elías, me encantó contar la historia de su Gato letrado, que también es un poco parte de mi historia, y Homero me ayudó a contarla:

 

—Mmm… bueno, está bien. Homero eligió la biblioteca por el hogar a leña…

 

Iba creciendo con el paso del tiempo y, por las muchas cabriolas que hacía…

Autor: 

Vientoazul 🦋⃟

©

  • Autor: Vientoazul (Seudónimo) (Online Online)
  • Publicado: 5 de febrero de 2026 a las 01:57
  • Categoría: Cuento
  • Lecturas: 1
  • En colecciones: Cuentos y relatos.
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