La máquina avanza sin rostro ni voz,
me asigna un número, no un nombre humano.
Todo se mueve según un feroz
orden que ignora el pulso cotidiano.
Trabajo es la forma legal del desgaste,
tiempo vendido sin derecho a duda.
La pieza aprende su propio encaje
y olvida que alguna vez fue desnuda.
No hay tiranos visibles en la sala,
solo protocolos, normas y metas.
La obediencia aquí nunca se instala:
se filtra suave por rutas discretas.
El error no protesta ni grita dolor,
se archiva frío como dato inútil.
Caer es fallar al ritmo impostor
de un sistema que exige ser útil.
Queda el individuo, resto impreciso,
pensando ainda dentro del circuito.
Sabe que existir no fue un permiso,
sino fricción constante contra el mito.
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Autor:
William Contraponto (Seudónimo) (
Offline) - Publicado: 3 de febrero de 2026 a las 15:19
- Categoría: Sin clasificar
- Lecturas: 2
- Usuarios favoritos de este poema: MISHA lg

Offline)
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