No persigo, Licinio, el mar bravío
ni evito en exceso su agitada faz,
pues elijo la senda de docta paz
donde la virtud templa mi albedrío;
quien abraza lo exiguo con hastío
jamás conocerá calma templanza,
ni aquel que en pompas halla su alabanza
escapará del tiempo al poderío.
Los pinos más altivos quiebra el viento,
y torres que desafían al cielo
con estruendo mayor hallan tormento;
preparo el alma contra el desconsuelo,
modero el júbilo en feliz momento
y recojo las velas con recelo.
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Autor:
Javier Julián Enríquez (
Online) - Publicado: 3 de febrero de 2026 a las 10:39
- Categoría: Sin clasificar
- Lecturas: 1

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