La Melodía del Pantano Amargo

Jaime Correa

 

 

 

 

 

 

 

El agua del pantano no era simplemente agua, era un registro
líquido de todo lo que había muerto en el Dominio de las Aguas
Estancadas. Alba lo sabía bien porque podía sentir el pulso de
cada brizna de hierba y el lamento sordo de las raíces que se
retorcían bajo el fango. Se encontraba de pie sobre una pequeña
elevación de tierra firme, con los pies descalzos hundidos en el
barro frío, observando al Sauce Ancestral. El árbol era una mole
de plata vieja y sombras, cuyas ramas caían como hilos de una
cortina infinita sobre la superficie del estanque central.
El sauce lloraba. Siempre lo había hecho. Sus lágrimas eran una
savia luminosa que se mezclaba con el agua negra, purificándola
lo suficiente para que la vida, aunque fuera una vida extraña y
retorcida, pudiera prosperar. Alba extendió una mano y acarició la
corteza rugosa. Podía sentir la tristeza del árbol, una melancolía
que no era humana, sino geológica. Era el peso de los siglos, el
recuerdo de los bosques que fueron y la premonición de los
desiertos que vendrían.
«Tranquilo», susurró ella, y su voz sonó como el crujido de las
hojas secas. «Yo estoy aquí. Tu dolor es mi fuerza».
De repente, el aire cambió. El aroma a moho y turba fue
reemplazado por una fragancia empalagosa, como de flores

 

Es parte del libro que los invite a leer.

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  • Autor: Jaime Correa (Seudónimo) (Online Online)
  • Publicado: 3 de febrero de 2026 a las 06:46
  • Categoría: Sin clasificar
  • Lecturas: 2
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