Mi deseo de venganza, amargo como el río de los muertos,
soltó mi lengua bífida y maldije
a aquellos que me llevan al infierno.
Fueron palabras de una rabia que no reconocía,
un eco de algo oscuro, ancestral y hambriento,
que bajó por mi garganta como un veneno.
Ahora aguardo el castigo que me arrastra
al abismo, tras rejas que nunca se abrirán.
Camino entre demonios divididos.
Su señoría, el tercer juez del inframundo,
me sentencia.
No temo perder la luz del sol,
ni la libertad, ni los años que me quedaban;
me quema el pecho, el arrepentimiento es inútil,
es la idea de desaparecer entre demonios para siempre,
O pasar a ser uno de ellos.
¿Cómo es posible que una vida entera de intentar ser bueno,
de sembrar amor en las grietas más oscuras,
se derrumbe por la calumnia,
por una noche de lodo y sombra? En dos palabras de tribulación.
Aunque el mundo me juzgue por el eco,
por la mancha que ahora cubre mi nombre,
sé que media vida fue un sacrificio callado por ser mejor,
y eso es un hueso que no pueden romper.
Nadie podrá separar al hombre de su pecado,
ni encontrar el fino hilo que une la luz con el vacío.
Pero yo llevo en los huesos un fuego que no se apaga,
un nombre que, incluso aquí, en este infierno helado,
pronuncio y me pertenece:
mi dignidad.
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Autor:
Hugin & Munin (Seudónimo) (
Offline) - Publicado: 3 de febrero de 2026 a las 06:36
- Categoría: Sin clasificar
- Lecturas: 3
- Usuarios favoritos de este poema: Polvora

Offline)
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