El gnosticismo no nació en bibliotecas ni en concilios, sino en casas, talleres, desiertos y mesas compartidas. Eran pequeños grupos que leían textos prohibidos, debatían en voz baja y desconfiaban de los templos. Muchos de sus escritos, como «El Evangelio de Tomás», «El Apócrifo de Juan» o «El Evangelio de María», sobrevivieron solo porque alguien los escondió en vasijas de barro en Nag Hammadi, Egipto, lejos del control de la Iglesia oficial.
En esos textos no hay un Jesús solemne ni entronizado, sino un maestro cercano que habla en paradojas y preguntas incómodas. «Si sacas lo que está dentro de ti, eso te salvará», dice Tomás. No hay milagros para impresionar masas ni dogmas para memorizar; hay conocimiento personal, introspección y silencio. Los gnósticos practicaban ayunos simbólicos, meditaciones, lecturas comunitarias y ritos de iniciación que no buscaban perdón, sino despertar.
Sus costumbres chocaban con el cristianismo naciente. No todos aceptaban jerarquías fijas. Algunas comunidades permitían que las mujeres enseñaran; María Magdalena aparece como portadora de revelación. No veían el cuerpo como algo que debía castigarse, sino como un velo que debía comprenderse.
Para ellos, el mundo estaba gobernado por arcontes, «autoridades invisibles», y la Ley no siempre era sagrada, sino parte del sistema que mantiene a las almas dormidas. Por eso leían el Génesis al revés: la serpiente no como villana, sino como símbolo del conocimiento; Adán y Eva no como culpables, sino como ingenuos.
No eran rebeldes por moda, sino por experiencia. Habían visto cómo la religión se institucionalizaba, cómo la fe se volvía obediencia y el misterio se convertía en norma. Y eligieron otro camino: uno sin altares de poder, sin dioses que exigen sumisión y sin intermediarios obligatorios.
Quizá por eso fueron perseguidos y borrados. No ofrecían una verdad fácil, sino una incómoda: que la salvación no se recibe, se recuerda; que el enemigo no siempre es el pecado, sino la ignorancia; y que ningún libro, por sagrado que sea, puede sustituir lo que el ser humano descubre cuando se atreve a mirar dentro de sí.
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Autor:
El Texto y El Mito (
Online) - Publicado: 2 de febrero de 2026 a las 15:31
- Categoría: Religioso
- Lecturas: 1

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