Encaramado en su amansada piedra
el arcaico machurrango aguarda inmóvil,
no desperdicia ni un ápice
del silencio y sol que le regala el calvo cerro.
La chulinga carcasilbando,
subida en una seca retama,
lo mira de reojo y murmusilbando
piensa en su asoleada vagancia.
Compadecida le regala
un falsete claro y dulce
que amansa esa elevada brasa que lo calcina.
El siete colores, joya fugaz,
cruza el camino en un rápido trazado;
lanza hacia su primohermano
una imperceptible bajada de cabeza
y un puntual guiño de ojo.
Desde el cerro contiguo,
el burro entona su tardo y ronco lamento.
En él presagia lo dilatado
de lo que será ese seco día.
La vieja chiva no le presta atención,
masca apresurada
la brosa del tiempo con su espinosa savia,
pensando en el crío dejado atrás.
Desde el jorobado yaque,
con pupila inmóvil y
redoblando su perpetuo canto enamorado,
la potoca consume el convivir
de aquel pequeño mundo.
Un zumbido de moscas
en un coro breve,
tejen su vuelo alrededor
de un pequeño cadáver
que mece su aroma
al son del hiriente calor.
Bajo la sombra del estoico cardón,
moran y entrelazan sin ley escrita,
trazos reptilíneos
con sus rastros y relatos.
La calcinada estatua parpadea lenta,
la siesta que todo lo aplaca,
siente la vida circular.
Cuando el sol abate en el poniente,
el agrietado reptil
se arropa en su parsimonia;
desciende a su refugio
impregnado de una historia mínima y poco compartida.
01-02-2026
© Derechos reservados 2026.
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Autor:
Humberto Frontado (
Offline) - Publicado: 1 de febrero de 2026 a las 15:22
- Comentario del autor sobre el poema: "El machurrango asoleado" es un poema donde se tejen sutiles relaciones en un particular ambiente. Otorga dignidad a lo pequeño, a lo agrietado por el sol, y presenta la inmovilidad no como falta de vida, sino como una forma de existencia plena y arraigada. Comparte una "historia mínima" que de otro modo se perdería.
- Categoría: Sin clasificar
- Lecturas: 2

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