Rimas de un Amor de Vida

EDGARDO

I.

Hace más de tres décadas, en un febrero claro,

mi mente te nombró su única verdad;

fueron tus ojos el más dulce faro,

que iluminó mi vida hacia la eternidad.

II.

Llegaste sin avisar, casi de puntillas,

como quien pide un deseo a una estrella;

y en los pequeños detalles, maravillas,

fuiste dejando en mi alma tu huella.

III.

Un hilo invisible nos unió el camino,

entre chocolates, risas y gestos;

no fue el azar, fue un mandato divino,

que puso nuestros pasos siempre prestos.

IV.

Hubo miedos, dudas y también tormentas,

que tuvimos que caminar muy juntos;

más el amor verdadero se alimenta,

de cuidados médicos y mutuos asuntos.

V.

Si algún día me extrañas, no digas nada,

ven a buscarme en el rincón del silencio;

estaré esperando con el alma entregada,

como la luz que al anochecer presencio.

VI.

Te nombro cada día como un susurro,

escogiendo cada letra con mi corazón;

no poseo joyas, mas por ti me apuro,

a darte en estos versos toda mi razón.

VII.

Te extraño más de lo que el silencio soporta,

más de lo que aparenta mi pobre sonrisa;

aunque el tiempo pase, nada me importa,

pues tu recuerdo es mi única brisa.

VIII.

Mi corazón a cada momento te nombra,

y te busca con la mirada en lo profundo;

mantengo mi fe intacta bajo tu sombra,

en este rincón apartado del mundo.

IX.

Hoy el sol brilla un poco más por tu vida,

el cielo sonríe y el viento te canta;

porque tu alma, de ángeles bendecida,

es la luz que a mi espíritu levanta.

X.

Un nuevo ciclo comienza, una nueva historia,

con pasos firmes y el alma bien abierta;

eres un regalo grabado en mi memoria,

la bendición que siempre está despierta.

XI.

Sopla las velas con fe y esperanza,

pide deseos desde el fondo del pecho;

que el universo en su dulce balanza,

te dé la paz que en tu abrazo he hecho.

XII.

Brillo por ti, por lo que has sido y eres,

por lo que está por venir en nuestro destino;

eres el más puro de todos los seres,

que puso Dios en mi pobre camino.

XIII.

Que no te falte la risa ni el tierno abrazo,

ni el amor que en cada esquina te espere;

que sea de luz y de flores tu paso,

mientras este hombre por ti siempre muere.

XIV.

Gracias Dios por los febreros que han sido el testigo,

de un hilo invisible que nunca se rompe;

desde que mi mente te llevó conmigo,

sin que el tiempo nuestra unión corrompa.

XV.

Dunia de los Ángeles, mi paz y mi guía,

en este rincón te escribo con cada latido;

tú eres el regalo de mi geografía,

lo mejor que en la vida me ha sucedido.

Ver métrica de este poema
  • Autor: Edgardo (Seudónimo) (Offline Offline)
  • Publicado: 1 de febrero de 2026 a las 11:10
  • Categoría: Amor
  • Lecturas: 1
Llevate gratis una Antología Poética ↓

Recibe el ebook en segundos 50 poemas de 50 poetas distintos




Para poder comentar y calificar este poema, debes estar registrad@. Regístrate aquí o si ya estás registrad@, logueate aquí.