No me habla.
No me guía.
No me promete caminos ni me empuja.
Está.
Como está el fondo del mar
cuando la tormenta pasa arriba.
Como está la noche
aunque nadie la mire.
No interviene en mis pasos,
no corrige mis errores,
no me salva del dolor
ni me explica la vida.
Y, sin embargo, acompaña.
No es voz.
No es señal.
No es mandato.
Es un estar sin intención,
un testigo que no juzga,
una luz que no alumbra
pero impide que todo sea sombra.
A veces me pregunto
por qué camina conmigo
si no hace nada.
Y entonces lo entiendo:
porque no vino a hacer,
vino a recordar
que incluso cuando me pierdo
no desaparezco.
No la busco.
No la nombro.
No la sigo.
La dejo ser
como se deja ser al silencio
que sostiene la música.
Y así vivimos:
la vida haciendo su ruido,
yo haciendo lo que puedo,
y algo —sin forma ni prisa—
acompañando
porque sí.
Porque estar
también es amar.
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Autor:
Spinoport (Seudónimo) (
Online) - Publicado: 1 de febrero de 2026 a las 06:48
- Categoría: Espiritual
- Lecturas: 0

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