Donde El Amor Habita
Si la luz del alba no llega a mi lecho,
no supongas que la noche me ha ganado.
Imagina que mi calma se funde con el crepúsculo,
y en esa quietud, tu imagen habita mi pensamiento.
Explora las melodías que dejé vibrando,
hojea los volúmenes de mi estante,
viste las telas que guardan mi forma,
sostén la cristalería, saborea el licor escarlata.
No traces mi nombre con tinta de añoranza.
No escudriñes en la niebla del tiempo.
Descubre mi eco en tu propio latido,
allí mora mi esencia, perenne y unida.
Mi rumbo no es un puente quebrado.
Soy el susurro en la brisa que acaricia tu rostro,
la huella tenue sobre el camino conocido,
la sombra familiar que danza en tu muro.
Bebe de la fuente de nuestros instantes.
Camina por los senderos que dibujamos juntos.
Soy el aroma en el aire después de la lluvia,
la tibieza en la almohada al abrir los ojos.
No habito un reino de silencio y polvo.
Respiro en el vuelo de tu memoria.
Cuando la guitarra pulse una canción antigua,
yo seré la vibración en la cuerda.
No me ates a una lápida fría.
Soy la savia en el árbol que plantaste,
el destello en el charco bajo el sol,
la paz que te envuelve al cerrar los párpados.
Guarda mi retrato no en marco de plata,
sino en el claro del bosque donde reímos.
Yo seré el musgo suave bajo tus pies,
la constelación que mira tu ventana.
Así, sin adiós ni lamento,
vivo donde el amor no conoce distancia.
En cada objeto, en cada sonido, en cada alborada,
allí construyo mi mundo eterno a tu lado.
—Luis Barreda/LAB
Tujunga, California, EUA
Enero, 2021.
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Autor:
Luis Barreda Morán (
Online) - Publicado: 1 de febrero de 2026 a las 02:37
- Categoría: Sin clasificar
- Lecturas: 1

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