Va el beato al son del credo ajeno,
más tieso que su sombra al mediodía;
vende su juicio por parecer bueno
y alquila el alma en santa romería.
Trae fe de alquiler y miedo en prenda,
reza por turno, duda con permiso;
si piensa, tiembla, y al pensar lo ofenda
no vaya a ser que Dios no esté en su aviso.
No fue el Altísimo quien dio cartilla
ni puso cerrojo al entendimiento;
fue un brujo grave, con voz de capilla,
que cambió el hechizo en mandamiento.
Baila el dogma con paso cortesano,
reza en latín o en humo ritual;
cambia la túnica, no cambia la mano
que cobra fe por miedo ancestral.
Ama más la forma que la sustancia,
más el conjuro que el santo temblor;
prefiere al brujo que marca distancia
que a un Dios sin llave, sin juez, sin terror.
Así camina, sumiso y ufano,
creyendo virtud bajar el mentón;
mas Dios, callado, se lava la mano
cuando el hombre juega a ser su voz.
No manda Dios, manda el hombre,
con sotana o talismán;
hechicero o sacerdote:
misma jaula espiritual.
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Autor:
Loiiz. (Seudónimo) (
Online) - Publicado: 31 de enero de 2026 a las 20:39
- Comentario del autor sobre el poema: Este texto no discute creencias ni disputa símbolos. Observa oficios antiguos que, al cambiar de nombre, conservan intacto el gesto. Hay quienes leen dogmas, otros leen señales; algunos confunden el misterio con el control y llaman sabiduría a no hacerse preguntas. El río no distingue túnicas ni talismanes. Solo deja pasar lo que no estorba.
- Categoría: Religioso
- Lecturas: 1

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