Pude decirle al oído
y en un instante: Te quiero.
Pero me contuve. O acaso
me dio vergüenza de ello.
Sentí un temblor, como un pájaro
que me volara en el pecho
y era mi respiración
un hondo poxo secreto.
Vi que después de esperarla
se alejaba de mi intento,
tantas veces malogrado
de salir hacia su encuentro.
Aquella última vez
parecía un tren el tiempo
que se escapaba veloz
de mi mano y mi deseo.
Ella, nubecilla blanca,
iba con aire sereno
dándole al paso un compás
sospechosamente lento.
Pero no pude decirle
nada. Me faltó el resuello
y me quedó para siempre
un vago remordimiento.
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Autor:
Juan Rafael Mena (
Offline) - Publicado: 31 de enero de 2026 a las 15:49
- Categoría: Sin clasificar
- Lecturas: 1

Offline)
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