La muerte me soltó

Antonio Portillo




La muerte me miró de frente,
no con guadaña,
no con prisa,
sino con esos ojos quietos
que no juzgan
porque ya lo saben todo.
Me midió el pulso del alma,
el cansancio acumulado en los huesos,
las veces que quise desaparecer
sin querer morir del todo.
Me reconoció.
Eso fue lo más duro.
Se acercó lo justo
para que entendiera
que no venía a castigarme,
que tampoco era enemiga,
que solo cumple
cuando el hilo ya no sostiene.
Y entonces dudó.
Vio mis grietas,
pero también vio
lo que aún respiraba dentro:
un amor incompleto,
una palabra pendiente,
una herida que todavía enseñaba.
Me dejó ir.
No por compasión,
sino porque aún no era el final.
Porque todavía había pasos que dar
con el cuerpo temblando
y el alma aprendiendo a sostenerse.
Desde ese día sé algo
que no se dice en voz alta:
la muerte no siempre arranca,
a veces observa,
a veces espera,
a veces te devuelve
a la vida
con una advertencia silenciosa.
Vuelve —parece decir—
cuando hayas vivido de verdad
lo que ahora solo intuyes.
Y aquí sigo.
Marcado.
Más humilde.
Más despierto.
Caminando
como quien ha sido visto
por el último umbral
y ha recibido,
todavía,
el permiso de seguir.

Antonio Portillo Spinola 

  • Autor: Spinoport (Seudónimo) (Offline Offline)
  • Publicado: 31 de enero de 2026 a las 07:00
  • Categoría: Sin clasificar
  • Lecturas: 1
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