Que ardan
las lágrimas que amenezan en mis ojos.
Qué desaparezcan.
Que ardan
los sueños, las decepciones incontables,
si hace falta el mundo entero.
El vacío que tengo en el pecho
que desaparezca.
Porque siempre vuelvo al mismo punto.
¿A quién culpo?
¿Al destino?
¿Las causas? ¿Los efectos?
No, mejor culpo al espejo.
Estúpida rutina,
qué arda.
Que se lleve todo el fuego:
la incertidumbre, el miedo,
el cansancio, el silencio.
Que lo deje todo limpio,
como estaba antes.
Que el indencio llegue rápido
y que arrase.
Que solo deje brasas candentes a su paso,
a ver si me llega un poco de su calor.
Que el frío desaparezca,
que se incinere junto a los añicos,
la insatisfacción, el tiempo perdido.
Que las llamas cauterizen las heridas
y dejen cicatrices ya cerradas.
Si queréis llamadme pirómana,
no me importa.
Que ardan también vuestros prejuicios.
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Autor:
Un atisbo (Seudónimo) (
Online) - Publicado: 30 de enero de 2026 a las 07:44
- Categoría: Sin clasificar
- Lecturas: 1

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