La soberbia me guiña un ojo,
“¡Mírame! ¡Soy increíble!”,
y yo solo quiero un café
sin que se caiga la crema.
La avaricia cuenta monedas,
mientras yo busco monedas en el sofá,
y se queja: “¡Eso es mío!”
como si yo tuviera oro escondido.
La envidia susurra al oído:
“Él tiene galletas, tú no…”
y yo respondo: “Tranquilo, amigo,
¡mira mis papas fritas!”
La ira hace trompetas con la cara roja,
pero cuando ve mi gato durmiendo
se olvida de mí y me da miedo
que me lance la almohada.
La pereza bosteza, me abraza,
y yo me dejo caer en su sofá,
porque levantarse para nada
es un pecado… ¿o es arte?
La gula me guiña desde el plato,
“¡Come más, nunca es suficiente!”
y yo obedezco con entusiasmo,
porque la pizza nunca juzga.
La lujuria coquetea con los calcetines,
y yo me río, confundido,
porque solo quería lavarlos…
pero todo es posible en este reino de risas.
-
Autor:
juliz meriz (
Online) - Publicado: 29 de enero de 2026 a las 23:38
- Categoría: Humor
- Lecturas: 1

Online)
Para poder comentar y calificar este poema, debes estar registrad@. Regístrate aquí o si ya estás registrad@, logueate aquí.