Me vendieron la palabra
con pan caliente en las manos,
y cuando fui a partirla
era piedra lo que daba.
No vino con cuchillo,
vino con nombre querido,
con el gesto cotidiano
de quien ya estaba dentro.
La traición no entra a gritos:
se sienta, come contigo,
aprende tu manera
de llamar al dolor
y la repite después
para que duela el doble.
Yo puse el pecho desnudo
donde había un juramento.
Ellos pusieron la sombra
donde había luz sincera.
No fue el odio lo que hirió,
fue la confianza rota,
esa grieta que no sangra
pero no vuelve a cerrar.
Desde entonces camino atento,
no por miedo,
sino por verdad aprendida:
el hombre también se pierde
cuando vende a quien confía.
Pero sigo.
No me quedé en la ruina.
De la traición hice raíz,
de la herida, camino,
y de esta voz que aún escribe
—a pesar de todo—
nace un libro
que no pide permiso
para decir lo que duele.
Antonio Portillo Spinola
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Autor:
Spinoport (Seudónimo) (
Offline) - Publicado: 29 de enero de 2026 a las 09:04
- Categoría: Sin clasificar
- Lecturas: 47
- Usuarios favoritos de este poema: Salvador Santoyo Sánchez, Mauro Enrique Lopez Z., El Hombre de la Rosa, ElidethAbreu, alicia perez hernandez, William Contraponto, Nelaery
- En colecciones: ANTONIO PORTILLO SPINOLA.

Offline)
Comentarios2
Para saber con quien se está tratando, intento saber de sus mentiras, si miente no es confiable.
Todos los delincuentes, plagiadores, una inmensa mayoría en la política, todos los participantes en la guerra .- mienten - no se puede confiar
Saludos
Hay quien lee la traición para juzgar,
y quien la escribe para entenderla. Yo soy de los segundos, saludos
Hermosas tus letras estimado poeta y amigo Antonio
Saludos de amistad desde España
El Hombre de la Rosa
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