El frío cruel que intimida estas tierras ha calado fácilmente en la emotividad del cuerpo, que cede ante el gélido clima.
La memoria ha retornado a tiempos más cálidos; la herencia campesina, indígena, mulata repasa, como película, períodos más simples pero fervorosos.
En el nuevo hogar, lleno de desarrollo y libertad, las familias son conformadas por uno mismo, y los aljibes ya no están en el patio, sino colgados en la pared.
Hemos malinterpretado el “salir adelante” con el querer acaparar tiempo, dinero, personas. Olvidamos la voluntad de hacer sin esperar; ahora todo es “recíproco”.
Los niños en la calle ya no corren ni juguetean: el asfalto los extraña, y sus padres también. ¿Adónde fue la inocencia del nene?, ¿adónde la emoción del adulto?
El tiempo es veloz y salvaje; cada vez que nos miramos al espejo hay otro que, poco a poco, se deshace. Qué medida tan extraña la de la eternidad.
Cada carta que se escribe es un pedazo de este mundo: un remitente que no cede y un receptor que aún no es sabido.
¿Cuándo pasará este frío, esta nostalgia y esta cuita?
La lucha no es contra el clima, sino con esta sangre bendita.
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Autor:
William McCormick (Seudónimo) (
Online) - Publicado: 29 de enero de 2026 a las 01:04
- Categoría: Sin clasificar
- Lecturas: 1

Online)
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