La Oferta del Carnicero

marco romero

Dios, me vendiste la alegría como si fuera carne de primera, pero al hincarle el diente solo hallé el cartílago, la sobra que el perro desprecia en el rincón. He sobreestimado este banquete de aire.

 

¡Qué estafa este instinto de animal herido! Esta panza de perro rabioso que me obliga a respirar, que me encadena al sol como si el sol fuera un premio y no este látigo de luz que me despelleja.

 

Me despiertas con ese incendio en los ojos solo para confirmar que el inventario está completo: dos pulmones que todavía aceptan el veneno del aire, un corazón que golpea contra las costillas como un preso que ha olvidado por qué grita.

 

Qué puntual es tu crueldad, qué limpia la luz con la que marcas mis derrotas. Me quieres lúcido para que el dolor no se pierda en el sueño, me quieres expuesto, sin la misericordia de la sombra, porque un mártir a oscuras no le sirve a tu gloria.

 

 

Señor, haz que el silencio me reconozca. Ya no quiero ser esta gesticulación de sangre. Quiero el jardín donde nada florece, el lugar donde la felicidad ya no sea una palabra que me muerde.

 

No quiero tu cielo de cartón piedra. Quiero que me devuelvas el vacío que me pertenece. Quiero que dejes de alimentar a la bestia que me habita, esa que aúlla porque sabe que la luz es solo la antesala del próximo mordisco.

 

Sírveme la nada, Dios. Al menos esa es honesta.

 

Ya no me hables de esperanza, esa otra forma de la usura. Mi bestia ya no espera el festín; ahora solo anhela el descanso del hierro, la paz del mineral que no siente el paso de las horas.

 

 Devuélveme al estado de la piedra, al silencio de lo que no necesita oxígeno para ser.

 

Sácame de esta vitrina de carnicero donde me exhibes, vibrante y doliente, solo para demostrar que todavía puedes hacerme sangrar.

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Comentarios +

Comentarios1

  • El Hombre de la Rosa

    Genial y hermoso tu gran versar estimado poeta y amigo Marco Romero
    Saludos de amistad desde España
    El Hombre de la Rosa



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