Novela Corta: El Ego de Cristóbal
Por: Srta. Zoraya M. Rodríguez Sánchez
Seudónimo: EMYZAG
Comenzada: 8 - (11) (17-18) (26-27) de enero de 2026…
Publicada: 27 de enero de 2026…
Terminada: 27 de enero de 2026…
Editada: 27 de enero de 2026…
Mi #2 de novelas cortas en el año 2026…
Mi #235 de novelas cortas hasta el año 2026…
7006 Palabras 10 Páginas
~ * ~Sinopsis:
~ * ~Cristóbal es un jovencito excelente, pero, tiene sólo un problema y es que su ego lo mata y para él ser feliz debe él matar primero a su propio ego que no lo deja ser feliz…
Cristóbal es un jovencito excelente cuando su vida se torna en estudiar y trabajar para mantener su vida. Cristóbal es un joven muy egocéntrico que tiene cabellos y ojos castaños, cuando de frente a él se halla un mar desierto. Cristóbal visita a éste mar cada vez que desea y más cuando pierde en la vida por ser tan egocéntrico, sí, cuando su ego lo mata, hiere y quiere ser más él que el mismo Cristóbal. El ego de Cristóbal es realmente un capricho exótico, un deseo o un anhelo sin realizar, cuando en el afán de vanagloria se edifica el tormento en decidir qué es lo más funesto de todo es sólo un ego con ser un joven egocéntrico. Cristóbal es un chico egocéntrico, lunático, errático y muy introvertido. Cristóbal es un chico real cuando su ego le advierte transición, transformación, transmutación y que obtendrá la muerte más segura de todos los egos desde su propio interior. Cristóbal se aferró a la idea más conveniente de obtener en su vida un ego, una envidia o una cizaña que le hiciera ver y observar que su mundo va y va lejos de la poca realidad cuando el ego, la envidia y la cizaña van buscando un lugar perfecto para concentrar en el interior de su cuerpo y más de su corazón y alma al desnudo. Cristóbal va de rumbo hacia la excelente vida y más cuando conviene el ego, la envidia y la cizaña, tres amigos egocéntricos, por los cuales, se aferran a la idea mágica en creer que la razón se concentra en ser egoísta, envidioso y cizañero. Cristóbal es un chico extrasensorial, egocéntrico y muy errático cuando en el embate de la vida se ve aterrado y muy atrevido en vivir una vida egocéntrica y con excesos de un ego supranacional. Cristóbal edificó el tormento en querer ser como la fuente de agua viva y como la fría tempestad en creer que el mundo egocéntrico es exacto, fabuloso y muy hermoso en narcisismo. Cristóbal edificó la forma más cruel en vengar lo que era su ego, envidia y cizaña. Cristóbal no era malo de sentimientos ni cobarde en la acción sino que toda una vida aferrándose a la idea en querer que su ego, envidia y cizaña van de la misma mano haciendo daño. Cristóbal se aferró a la idea de cada vez que siente llegar a su ego estallar o hacer chispas de odio acudir o visitar al mar que tiene de frente a él. Cristóbal se siente aferrado e intrínseco con la estabilidad de supremacía autónoma de creer que su ego, envidia o cizaña son todo para él. Cristóbal creó una sola solución para mantener a su ego exacto, intacto y muy racional, sólo observando a sus límites y limitaciones como un chico de escuela queriendo derribar el ego, envidia, cizaña y como un buen jovenzuelo va y viene añorando, anhelando y con mucho ahínco sanar heridas crueles que enredan la vida y más el candor de toda una vida. Cristóbal quiso ser el amigo exacto, incoloro, y muy audaz, pero, el sentimiento creó a tanta rara belleza narcisista que sólo quiso ser como el ego egocéntrico. Cristóbal quiso ser como el deseo o como el ambigüo tormento o de una terrible tempestad cuando el suburbio autónomo de creer que su mundo era y es artificial como su ego, envidia o cizaña. Cristóbal quiso ser exacto, comedido y muy prudente, pero, en la esencia de su virtud exacta el ego lo mata, hiere y condena a una sola soledad de frente al mar. Cristóbal enredó su insistencia, ausencia y más su presencia sin poder demostrar que su ego lo mata, hiere y lo sentencia en una sola condena y tan fría en una sola soledad. Cristóbal se aferró al deseo en ser un egocéntrico impertinente, infalible e inefable y dentro de su propio ser. Cristóbal se aferró al deseo de ver la magia intrascendente, magistral y tan inocuo como la fría verdad de que su mundo es como su ego, envidia y cizaña cuando su mundo pertenece al impropio e inexacto momento cuando en el suburbio quedó como el rico desenlace de ver a todo el mar desierto si quedó solo con su ego y siendo más un ser tan egocéntrico. Cristóbal y su ego quedó malhumorado, extasiado y muy convencido de que su ego lo hace brillar ante todos y todos por igual. Cristóbal y su ego aunque lo mata y lo hiere, lo saca de contexto y de planicie, pero, lo ama y lo venera y quiere que todos sean igual a él.
Cristóbal pensó en cambiar, pero, la permuta de su corazón no le concierne más ni se inmiscuye más entre el ego y Cristóbal. La paz de Cristóbal es sustancial para venerar ese ego. El jovenzuelo sólo desea ser como el alba o la alborada y calmando una ira extrasensorial interna sobre cómo manejar o conducir a su ego. Cristóbal va mejorando, pero, lo llama y lo venera y queda varado en una vesania de egocentrismo egocéntrico cuando no calma el deseo de tentar la suerte, el camino y el susodicho va con su ego por ahí matando cualquier envidia, capricho, rumor o habladuría acerca de él en su entorno. Cristóbal pensó en realizar un cambio para su vida, pero, llegó la vanidad a hacer juego con su ego, envidia y la cizaña. Tres amigos viejos de la vida ahora se unen en un cuadrilátero con la vanidad de Cristóbal. La vanidad de Cristóbal es como obtener atributos físicos donde es placentero ser reconocido por ser un narcisista egocéntrico y la vanidad de Cristóbal lo va llevando a eso a ser más narcisista con su propio físico y más con sus grandes e inmensas cualidades que él tiene y no las observa aún. El mozuelo va de rumbo por la carretera y en vez de mirar por el retrovisor él se aclama el más bellos de los hombres. Cristóbal llega a una discoteca a planear su convincente premura y primicia de que el instante es para disfrutar, gozar y ser feliz en la vida. Aunque Cristóbal disfruta de la discoteca se da duro en contra de otro joven más grande en egocentrismo que él mismo. Aquél joven el aseo, la pulcritud, todo lo impoluto, tener humanidad, ser delicado, vanidoso y muy atraído por la belleza externa lo hacen ser un ser egocéntrico exquisito y muy especial con el capricho en tendencia hacia una sola verdad de que el ego y la vanidad juegan un papel importante, si Cristóbal con vino y champagne en mano lo observó y lo conoció todo, pero, no le gustó ése hombre para compartir su vida de ahí en adelante. Cristóbal dejó un frío frívolo en el camino demostrando que su quid ávida, ambiciona y codiciada lo van llevando a la soledad humana, cuando nadie desea a un hombre tan egocéntrico, extremista, convincente y que sólo desea amar y ser amado. Cristóbal sólo quiere ser como una gran buena suerte y repartir suerte por todo los lados y sitios por donde él va pasando. Los únicos amigos de Cristóbal juegan un juego inmortal y es que el ruido y el alboroto los mata y los hiere a muerte. Cristóbal cuando le sucede eso sólo va directo al mar que tiene de frente a él, lo mira y lo observa y se dice que el silencio es mejor que nada ni nadie y que la paz condescendiente lo va dejando hacer brillar hasta que el ego, la envidia, la cizaña y la vanidad lo maten con un super ego como un ¡zás! en su propio interior matando la esperanza, la indiferencia, la concordia, la humildad y modestia. Cristóbal quedó con su ego en extremo extremista y en un capricho autónomo y autómata de matar hasta su propio ser en el interior dejando abrir la forma y la manera de creer que su ego es real, verdad y certeza impoluta, pero, no, no era nada sino un capricho de egocentrismo en querer ver que el mundo se paraliza ante tanta belleza de un hombre que posee el más bello de los egos. Cristóbal de frente a ese mar que tiene de frente a él lo mira y lo observa desde el punto de vista queriendo abrir ojos, verdad, franqueza, certeza y no irrealidades, falsedades e incierto proceder. ¿Qué debe de hacer Cristóbal si acabar con su ego, matar a su ego, morir en vida por su ego, o quedar viviendo con su propio ego para siempre? -“No sé qué hacer”-, se dice Cristóbal. Cristóbal quiso ser la vindicta y la venganza en carne propia y se quiso vengar de los cuatros amigos de él que son su ego, envidia, cizaña y vanidad, pero, con el antónimo de cada uno que son la esperanza, la indiferencia, la concordia, la humildad y modestia.
La paz y el mar se observan desde lo más cerca de todo y desde sus ojos de luz. Cristóbal es un joven de esos egocéntricos que sueñan con un mundo diferente y con una vida excelente, pero, se topa con el mundo real y con un tiempo en donde el egocentrismo no existe aún. Cristóbal quedó con la manera más eficaz del tormento de un mar de frente a él. Él se miró al espejo como un narcisista en ese mar perdido aunque no logró semejanza supo una sola cosa y es que el mundo es diferente y no puede ni nunca será como su egocentrismo. Cristóbal supo una sola cosa y es que en el juego del amor, del deseo y de la belleza extrema sintiendo que el ego domine como siendo un ególatra muy parco en el alma y más en su solo corazón. Cristóbal quiso ser el jovenzuelo con más ego, envidia, cizaña y vanidad si son los cuatro amigos inseparables de la vida cuando el ego del muchacho lo evidencia, lo constata y lo permite cuando en el trance de la verdad creó lo que nunca una sola verdad y tan sincera que doblega a la verdad. Cristóbal, el mar y la paz se intensifica más y más con el sabor del ego, la envidia, la cizaña y la vanidad si en el contrario de éstos cuatros amigos son la esperanza, la indiferencia, la concordia, la humildad y modestia, pero, ninguno veneró sino que prosigue con sus cuatro amigos luchando en un mundo tan diferente a él. Cristóbal se miró al espejo de ese mar cálido, bravío y las olas no dejan que se mire exactamente bajo el mando del narcisismo. Cristóbal quiso una sola cosa y fue lo imperceptible del momento es como la sola realidad y como una fuerte corazonada que le indica que prosiga con su ego, envidia, cizaña y vanidad sin esperar nada de la esperanza, la indiferencia, la concordia, la humildad y modestia. Cristóbal quedó como el fuerte ocaso cuando el sol se va y no se sienten más sus rayos de luz, así, mismo se siente Cristóbal cuando en el mar se intensifica lo indeleble forzando a la vida a tentar la gran suerte de tener ego, envidia, cizaña y vanidad. Cristóbal va de rumbo nuevamente a la vida y se da cuenta de una sola cosa y es que el ego, la envidia, la cizaña y la vanidad no desespera en ser lo más triste y que no lo venera como hombre saludable. Cristóbal jura y perjura que su vida no será igual y que la indiferencia no será más que su ego, envidia, cizaña y vanidad. Cristóbal sopesa con sus cuatro amigos a donde quiera que vaya. Cristóbal se siente como un desafío inerte desafiante y muy dominante cuando se cree que el sistema de tener el ego, la envidia, la cizaña y la vanidad son ciertos. La riqueza del hombre radica en tener el ego y ser egocentrista y queda con el desafío como un dominio ávidamente, codiciosamente y ambisionadamente entre alma y corazón. Cristóbal señaló al mar como punto de partida para sentir que la fuerza del mar en un mar bravío sólo le dio fuerza y fortalezas para venerar lo que comenzó como un ego sin envidia, cizaña ni vanidad. El jovenzuelo sólo se enamoró de su propio ego, siendo ególatra y egocentrista llevando una fortuna en sus costados. El jovenzuelo radicó la forma atrayente de ver y sentir la fuerza en espelunca cuando se torna exasperada la vida, el ego, la envidia, la cizaña y la vanidad siendo al contrario cosas y adjetivos que nunca será ni nunca aprenderá a ser como tener la esperanza, la indiferencia, la concordia, la humildad y modestia. La paz y el mar quedan sopesando fuertemente en un desierto donde antes fue un lindo mar. Ahora solo queda el mar desierto y tan derrumbado y devastado como el mismo tormento de creer en el alma y en la misma forma de creer que el corazón puede latir fuertemente cuando brilla su ego, envidia, cizaña y vanidad sin la esperanza, la indiferencia, la concordia, la humildad y modestia. Cristóbal quiso ser como el desastre y barrer con todo alrededor cuando en el principio se torna exasperado, pero, en el inicio es sopesar el ego, la envidia, la cizaña y la vanidad.
Cristóbal quedó como el ego en soledad, desolado y muy sosegado en el alma y más en el corazón cuando el ego, la envidia, la cizaña y más la vanidad hacen de él una sola cosa extraña en un ser todo tan egocentrista que no le tiene miedo a nada ni a nadie más que perder a su belleza narcisista. Cristóbal sólo sucumbió en un solo mal trance cuando su ego se ha vuelto en contra de él mismo. Cristóbal sólo quiso una sola cosa ser el egocentrista más venerado de la temporada, del tiempo y de la extraña faena cuando en el ocaso se convierte sin el sol en que sólo el advenimiento de la temporada le hace ver y sentir que su ego, la envidia, la cizaña y la vanidad se sublevan en el alma y más en el corazón. Cristóbal sólo quedó buscando lo que encrudece el tiempo a un sólo ego egocéntrico. Cristóbal quedó encontrando lo que más creyó a todo un ego, la envidia, la cizaña y la vanidad en su propia imaginación dejando caer a la esperanza, la indiferencia, la concordia, la humildad y modestia. Cristóbal sólo quiso ser como el ego, pero, quedó corto de ilusión, de belleza autómata y de una sola y rica sensación cuando quizás llegue la vejez, que por lo cual, Cristóbal no hace alusión a pensar ni a imaginar cuándo llegará a la vejez. Cristóbal quedó como la sorpresa más sorpresiva de todos los tiempos cuando en el ocaso frío se identificó como el tormento. Cristóbal sólo se socavó muy dentro en el desenfreno friolento de creer en el desierto o en ese mar como en el desafío se edificó muy dentro del paraíso. Cristóbal posiblemente se edificó en el ego, la envidia, la cizaña y la vanidad cuando se juntan y edifican un narcisismo o una sola costumbre deseada de creer en el instinto de su propio ego siendo el jovenzuelo más egocentrista. Cristóbal se entristeció por todo y por más en el combate de dar una seriedad en el alma y en su solo corazón, pero, sólo irrumpió en un mal desenlace enamorarse de su propio ego, y ¿Cristóbal fue feliz?, pues, realmente no. El ego lo reprime, lo oprime y lo premedita más y más en el área de la verdad cuando en el alma y en el corazón se siente como el deseo efímero de creer en el desastre de dar una conmísera y vil atracción, pero, entre su ego y su ególatra egolatría. Cristóbal quedó sin sentido, sin latido y con un solo prohibido renombre de su propio nombre en ego y egolatría. La humareda del suelo quedó atrás cuando en su instinto socavó muy dentro de la razón y de un solo corazón un ego, la envidia, la cizaña y la vanidad de su propio instinto en ego. Cristóbal socavó muy dentro de la razón y de su propio coraje en poder existir y ser el egocéntrico más deseado y más envidiado envidando todo por igual. Cristóbal regresó a ese mar desierto donde él ahoga todo el mal y todo su ego, la envidia, la cizaña y la vanidad, donde el reflejo y el espejo quedan en un mismo lugar como narcisista de su propio ego. Cristóbal y su exceso de autoestima lo van llevando hacia el mar desierto donde él puede hacer y realizar todo lo extraño con su propio ego, la envidia, la cizaña y la vanidad de su propio existir. Cristóbal logró todo un sueño siendo su único dueño en la vida y en su propio existir cuando fue dueño y señor de su ego, envidia, cizaña y de la entera vanidad que lo va llevando hacia un sólo destino y es forjar más su egolatría. Cristóbal quedó como una sola verdad incierta demostrando que su ego lo llama, lo idolatra y lo venera más y más. Cristóbal quedó como la primera era adversamente y como la fuerza en la misma espera de creer en el desierto más efímero, pero, muy real. Cristóbal quedó en el mar desierto, oscuro e incierto, y tan bravío como ser impío y se fió de su propio ego cuando sólo le quedó la vil forma de atraer la vida conmísera y la más efectiva. El jovenzuelo de nombre Cristóbal va sucumbiendo en un solo mal trance cuando en el convite de los egos su ego es primordial y es muy egocéntrico. El ego de Cristóbal es todo para sí mismo cuando en el reverso de su ego y de su ególatra egolatría se siente como el suave desenlace, pero, todo queda sin destino ni camino.
Cristóbal, nuevamente, va de rumbo en rumbo incierto con su ego encima y en el camino incierto a buscar una salida y todo porque no es feliz. El jovenzuelo de nombre Cristóbal va a un camino lleno de pesadumbre, sombra y penumbra y todo porque va con su ego dispuesto a brillar, a envidiar con cizaña y vanidad hacia un solo destino, pero, no se olvida del mar donde se mira en el espejo con el reflejo con su propio ego dispuesto a premeditar en premura la distancia entre su ego y la humildad siendo el ego primordial para poder escapar y huir de su propio ego. La vida para Cristóbal queda atemorizada de espanto cuando en el aire y en el viento hasta vuela su propio ego con alas de acero o de hierro, pero, vuela lejos de la pura verdad e impoluta certeza. Cristóbal y la vida enternece y pertenece como amanece con todo sol dispuesto a brillar con sus rayos de luz, pero, sólo, en el alma y en el corazón sabe una sola cosa y es que pronto llegará el ocaso para esconder el sol nuevamente. La vida comienza de cero, pero, la vida de Cristóbal comenzó desde que sublevó a su propio ego en ególatra egolatría siendo un egocentrista extremista. El camino de Cristóbal volvió a renacer hasta que su ego lo mata, lo hiere y lo aprisiona atrapando entre cuatro paredes de una prisión de egolatría narcisista egocéntrico. Cristóbal, nuevamente, después de ese rumbo que tomó inciertamente se ata y se atrapa al mar intranquilo y bravío cuando la tormenta de su propio ego le atormenta como relámpago de luz y como fría tempestad en el mismo lugar donde guarda el tiempo, el ego, la envidia, la cizaña y la vanidad siendo lo contrario de todo ésto la esperanza, la indiferencia, la concordia, la humildad y modestia. La vida para Cristóbal se encierra en ese mar desierto donde el agua salada sana las heridas hirientes de sopesar en el alma y en el corazón un ego, una envidia, cizaña y vanidad siendo la vanidad más peligrosa que su propio ego. El joven Cristóbal va directamente hacia el mar y todo porque no es feliz con su propio ego, envidia, cizaña y vanidad dejando un frío altercado entre todos. El ego de Cristóbal se enaltece, se enriquece y amanece como adolece en el alma y en el corazón y todo por su maldito ego, el que lo mata, lo hiere y lo trasciende cuando va de rumbo en rumbo hacia un pernicioso destino. La vida marca trayecto y proyecto cuando en el impacto del pacto entre el ego y Cristóbal sopesa una sola mala idea de entretener, tener y poseer a su vida llena de un ego ególatra al desnudo. La vida de Cristóbal trasciende y se extiende hacia un destino supersticioso, pernicioso, oprimido, reprimido y suprimido, pero, fabuloso para su propio ego. Cristóbal llegó frente al mar desatando iras, ego, envidia, cizaña y vanidad siendo ésto lo contrario por desatar la furia vengativa e inminente para poder vivir en paz. Cristóbal desató la furia y la euforia por querer destronar, desvanecer, desbaratar y disolver a su propio ego que, aunque, no lo pudo lograr quedó maltrecho, abatido y herido reconociendo que su propio ego lo domina, lo controla y lo mantiene hasta la cúpula o pináculo de ese mar intranquilo y bravío donde de frente al mar puede matar a ese ego, pero, él lo condona. Cristóbal inciertamente va de rumbo en rumbo sin pernoctar o caminar sino corriendo con su propio ego entre el viento y alas para poder volar lejos de la propia realidad. Cristóbal quedó agarrado y atrapado en las garras del dolor que adolece cuando amanece con el sol a cuestas cuando brilla su propio ego atemorizado, espantado y muy venerado por obtener la carencia de su propio ego inmortal y adyacente a la vida y a la herida. La esencia y la presencia no libera a Cristóbal de su propio ego machista, trascendental y pernicioso cuando en el funesto instante pierde toda su egolatría devastando, disolviendo, desmoronando y destronando queriendo opacar a su propio ego que, aunque, no lo pudo lograr quedó por siempre con su propio ego.
Cristóbal enaltece como adolece en su interior la única forma en creer que su ego lo ególatra y lo lleva por el camino pernicioso, pero, muy fabuloso en querer que el ego sea fantasioso, pero, no, es tan real como la vida misma. Cristóbal se enaltece como amanece y adolece más en su propia alma y más en su débil corazón destrozando, desvaneciendo y destruyendo a su propio ego en egolatría suprema. El superego de Cristóbal lo llevó hacia una trascendencia sobrenatural de obtener que su ego lo transmite, lo transmuta y lo transfiere a otros con un mínimo ego para hacer brillar autónomamente la vida y la condescendencia y más a su propio ego al natural con envidia, cizaña y vanidad siendo lo contrario de estos cuatros amigos inseparables con la esperanza, la indiferencia, la concordia, la humildad y modestia. Cristóbal sucumbió en un trance delictivo de egolatría inalterada de un sólo espanto inseguro cuando en el ego, la envidia, la cizaña y la vanidad hacen de lo suyo en la mente, cuerpo e imagen imaginativa de Cristóbal. Cristóbal en su afán de vanagloria y con su ego enaltecido y derribando y destruyendo la vida de un joven que muere por demostrar que su ego lo oprime, reprime y lo deja abatido en el suelo por donde se pasea también la lluvia mojando y empapando al mismo suelo por donde los pies van pisando fuertes y duros pasos. La vida de Cristóbal va de rumbo en rumbo en discoteca en discoteca buscando que se enamore su propio ego con la egolatría en ególatra de un egocentrista extremista. Cristóbal va enredando telarañas frívolas y de poco valor y opacas en tejer lo que encrudece de espanto atrapando a su débil ego, envidia, cizaña y vanidad dejando ver y observar que ser preso en la telaraña que él mismo tejió se encuentra su propio ego haciendo y deshaciendo lo que no permite la esperanza, la indiferencia, la concordia, la humildad y modestia. La vida para Cristóbal se acaba de partir en dos partes: ego y humildad. Cristóbal escoge el ego como punto de partida de un inicio que le gusta, lo goza, lo disfruta y lo venera cuando en el trance de un pluscuamperfecto pretérito le otorga la vida continuar enalteciendo su ego, envidia, cizaña y vanidad porque ser vanidoso le brinda ser egocentrista. Cristóbal, el joven excelente que estudia y trabaja, sólo, le demuestra a la vida que en lo sorpresivo de la vida le otorga el ego un camino lleno de vanidades suprimiendo tristeza, miedo, timidez y estupidez siendo él mismo un egocentrista excéntrico. Cristóbal sopesa y solapa en el alma y en el corazón una sola idea, una sola cosa que delibera la razón pensando solo en tener de su ego egolatría. El jovenzuelo con su narcisismo en ego le adhiere en su forma de pensar y amar que derrumba el rumbo adquiere nobleza y sentimiento de un amor que solo el ego le permite observar. El inicio de la vida de Cristóbal se enaltece en que el ego lo domina, lo controla y lo hace ver extraño en un mundo que no es indiferente cuando sólo el alma y el corazón logra sentir que su mundo no es diferente. La vida para Cristóbal se dedica en sublevar y responder al llamado frívolo de un deseo de sentir, ver, amar y tener al ego en su apogeo y en la cúpula como haber sido enaltecido. El mozuelo no se da cuenta que el ego lo mata, lo hiere, lo ahoga y lo aplasta en un suelo por donde se pisa con pasos firmes de un cometido en caer rendido sin resistir que la vida le atormenta, le atosiga y le demuestra que su ego lo está matando de una ira incongruente. El jovenzuelo Cristóbal no es feliz, pues, su mundo queda abatido, destronado, desmoronado, destructivo en el mismo suelo por donde sus pies van pisando y no se da cuenta que pernocta en ese mismo suelo cuando su vida ya caduca. Cristóbal y la hazaña de su ego, envidia, cizaña y vanidad lo van llevando y dejando inerte en el mismo suelo que pisa.
Cristóbal visita y acude a una nueva discoteca egocentrista donde asisten los jóvenes de ego y de egolatría excéntrica sin penurias y con opulencias nefastas donde el mundo cae por su propio ego cuando la egolatría domina. El control que existe en la discoteca de egocentristas no lo libera de un tedio o funesto desenlace cuando el temor y el miedo desaparecen y domina y controla el ego, la envidia, la cizaña y la vanidad sin la esperanza, la indiferencia, la concordia, la humildad y modestia. Cristóbal yace muerto de espanto en esa misma discoteca donde acude para obtener vida social y socializar con la vida y con jóvenes de su propia edad, pero, se halla lo peor a un mundo egocéntrico donde la moda, la opulencia, la riqueza y el donaire dominan y controlan todo el lugar. La discoteca aviva el egocentrismo, la envidia, la cizaña y la vanidad entre jóvenes adultos que acuden al lugar en busca de compañía, pero, Cristóbal no desea lo mismo si lo que quiere es que su ego, envidia, cizaña y vanidad recrean un entorno devastador, desmoronando la vida, la quid y la presencia de todo aquél que acude al lugar y a la discoteca. Cristóbal piensa una vez más en creer que su mundo cambiará, pero, no ha de cambiar hasta que sea indiferente al ego, a la envidia, a la cizaña y la vanidad de un ente que llegó a ser real y no superficial en la forma y la manera de atraer a una persona a su corta existencia. Cristóbal sabe una cosa y es que su ego, envidia, cizaña y vanidad no lo dejan tener la esperanza, la indiferencia, la concordia, la humildad y modestia, cuando reprime y oprime la sola razón en caer rendido ante un narcisista como lo es él. Cristóbal ama a su ego, pero, no lo deja ser feliz cuando atemoriza de espanto perder a su ego en un mal momento de debilidad. La vida para Cristóbal acecha con bifurcar o separar a su ego de su propia vida, pero, su existencia lo deja llegar muy lejos con todo y ego, envidia, cizaña y vanidad. La vida de Cristóbal es cerrar el odio, pero, su ego, envidia, cizaña y vanidad no lo dejan vivir ni ser feliz. La vida para Cristóbal yace deliberadamente herida, maltrecha, funesta e insípida cuando su estable ego no lo deja ser feliz y suprime la sola idea de vengar el cometido de sentir el ego supranacional sin ser autónomo en caer rendido ante una mala sociedad que no acepta el egocentrismo ni la egolatría. La vida de Cristóbal se aferró siempre a la gran moda, a la opulencia, al ego, a la envidia, a la cizaña y a la vanidad siendo los cuatro amigos inseparables de un cuadrilátero que en cada esquina se topa con la única realidad de que la esperanza, la indiferencia, la concordia, la humildad y modestia son la única supervivencia para combatir sin dominar ni controlar al ego en el cuerpo y en la vida, pero, para Cristóbal no existe la esperanza, la indiferencia, la concordia, la humildad y modestia. La vida para Cristóbal es real sintiendo que en cada recelo del alma y del corazón su ego domina y controla parte de su existir y de su cometido. Cristóbal y su superego es demasiado e irremediable desventura y es como una gran locura ir a donde quiera que vaya con su ego brillando en plena claridad del día. La vida de Cristóbal es de gran ímpetu y de gran soltura cuando en el ego supranacional de su tortura es como la aventura de ser como el gran dilema idólatra de un ídolo que se venera con demasiado ímpetu. La gallardía que guarda Cristóbal y que guarece en el alma y más en el corazón aguardando la desventura de ser como el zumbador bebiendo del néctar en cada flor. La vida de Cristóbal yace en la penumbra soslayando, derribando, desmoronando y destruyendo la vil forma de caer rendido ante tanta belleza sin modestia, sin rencor ni odio sino una forma del narcisismo innato. El jovenzuelo de cabellos castaños va y viene dejando a su paso egocentrismo natural y tan connatural que es demasiado el ritmo que deja a su paso.
La vida de Cristóbal con un superego lo hace ser diferente, original y real en la forma más exacta que vivir en el mismo egocentrismo. Cristóbal va de rumbo en rumbo, de esquina a esquina y de punta en punta recorriendo toda la acera con su ego supernatural y tan supranacional que ha dejado caer una gota de narcisismo en el suelo por donde la belleza de la lluvia va mojando a su paso a todo el camino real por donde él va pisando. Cristóbal sucumbe, no mira, no observa ni se atreve a desafiar lo que encrudece de un espanto seguro en el ánimo de creer que va yendo hacia el horizonte con un superego connatural que atraviesa hacia el instinto edificando la forma más penetrante de creer que su ego lo admira, lo venera y hasta lo puede envidiar. La envidia para Cristóbal es poder envidiar con cizañas lo que es ajeno de otro como belleza física, cualidades exactas, ademanes fríos, ojos y cabellos. La cizaña para Cristóbal es ser cizañero a favor de la envidia envidiando todo lo ajeno que no puede tener o superar. La vanidad para Cristóbal es atraer en la vida a ser vanidoso y creer que el rumbo es el rumbo a seguir y a perseguir cuando la razón se torna intrínseca, inestable e insípida cuando la única verdad es tan impoluta. Cristóbal, nuevamente, recorre el mar intranquilo y bravío para saber si su ego muere ahogado, muere en el acto, o lo mata él para poder ser feliz. Cristóbal de frente a ese mar desierto sólo piensa una sola cosa y es que su ego lo mata, lo hiere y no lo deja ser feliz. El mar intranquilo, bravío y muy tormentoso no se detiene en su forma de atraer en la vida un sólo mal tormento donde el mar queda como preámbulo de una matanza diestra y muy eficaz a su propio ego. Cristóbal de frente a ese mar desierto ve, nota y observa que el mar se lleva a las olas y la espuma en esa orilla donde se pasea todo el mar salado y se pregunta que si puede llevar a todo el ego, envidia, cizaña y vanidad. El mar no le contesta sino que realiza una ola magistral, tan majestuosa y fabulosa que no le permite llevarse a su superego a otro horizonte. Cristóbal va y da un ¡zás! queriendo ahogar en ese mar a su propio ego con la egolatría en egocentrismo, pero, quedó a la deriva como todo un náufrago vagando, divagando y varado en la misma orilla de frente a ese mar intranquilo y bravío en que sólo le dio un pormenor en visitar a ese mar para ahogar a la vida y más a ese ego supranacional. Cristóbal quedó marcado en la vida, con su sólo ego, envidia, cizaña y vanidad desde ese mar sin ser templado o sosegado cuando planea sólo matar a su propio ego para poder ser feliz. Mientras que Cristóbal observa a ese mar intranquilo y bravío sólo piensa en cómo deshacerse de su superego supranacional y tan irritante que lo hace navegar por el todo el mar desierto. La vida de Cristóbal nació con el inicio en obtener una belleza que irradia hermosura y que en su afán de atraer a la vida y la belleza en su físico sólo atrajo a su superego y tan enamorado como narcisista quedó extremista y al acecho de la verdad quedó todo como un ego inconsciente de la realidad. Cristóbal renació y vivió lo que cumple un promedio de vida, pero, lo mató, lo hirió y lo condenó para siempre un sólo superego en el alma y más en el corazón. Cristóbal sólo quiso ser natural y tan connatural como lo más real de todo, pero, su ego lo mató y lo hirió a muerte segura como la espada contra de la pared. Cristóbal sólo quiso ser el fuerte y sin ser el débil con su superego innato sólo derrumbó, destruyó y desmoronó a su incapaz ego en poder sobrevivir naturalmente a la gran osadía de una muerte segura y capaz de soltar veneno como lo es su superego. Cristóbal renació en contra de todo y sin saber de la realidad quedó todo como una sospecha inalterada e inherente a su lucha en contra de su superego, envidia, cizaña y vanidad dejando así a la esperanza, la indiferencia, la concordia, la humildad y modestia sin lugar ni presencia en su vida.
Cristóbal quedó como el ego, la envidia, la cizaña y la vanidad, dejando atrás a la esperanza, la indiferencia, la concordia, la humildad y modestia en su corta existencia porque cuando fue viejo aún supo que su ego, envidia, cizaña y vanidad aún se hallan en el interior de su corta vida y en una existencia ya vivida. Cristóbal le pertenece toda su vida a su ego dejando la egolatría y la idolatría navegar como narcisista de un inicio que comenzó desde cero y que no caduca ni expira desde que el silencio no hizo ruido. Cristóbal y su ego petrifican la osadía inerte en querer sobrevivir en el combate de una pelea a muerte con espada, adarga o escudo y peto desde que comenzó a edificar el tormento en caer sobre el silencio autónomo de querer amar a su propio ego. El ego de Cristóbal mató a su propia felicidad, alegría y contento corazón cuando el ego, la envidia, la cizaña y la vanidad dejó su causa en pausa cuando a su propio ego dejó que matara a su propia personalidad, cualidad, actitud y con gran aptitud dejó soslayando a su propio ímpetu en hacer crecer a su propio ego, envidia, cizaña y vanidad dejando atrás a la esperanza, la indiferencia, la concordia, la humildad y modestia. Cristóbal dejó en su camino frío un desastre autónomo de creer que el destino es calor cuando su ego lo venera varado, desmoronando, destruyendo y desvaneciendo la paz y la quid presente en su sola presencia, pero, en la ausencia de ese ego será mortal en su personalidad amando como nunca a ese poder de superficialidad y artificialidad de un ego inmortal en el alma y más en el corazón. Cristóbal y su ego quedan adheridos a la vida, a la esencia, a la vanidad y a la presencia con envidia, cizaña y vanidad. Cristóbal yace muerto de espanto cuando en el silencio de su vivir hace un ruido autómata queriendo abrir de deseos a la vida dejando morir de odio, rencor y de dolor a todo un corazón cuando muere su ego por querer matar a su ego de un sólo ¡zás!. Cristóbal va de rumbo en rumbo, de punta a punta y de esquina a esquina recorre nuevamente otra discoteca y está allí hasta que conoce a su propio ego egocéntrico, idólatra, mezquino y muy nefasto. La egolatría de Cristóbal va más allá de la realidad cuando a su paso va y da lo que nunca, una poca realidad que come el tiempo con su ego en ególatra y egocéntrico mal momento. Cristóbal visita y acude por última vez a la discoteca cuando no quiere ni ama más a su ego en ególatra mal momento. Cristóbal quedó muerto de espanto, decidido, autómata y muy malhumorado cuando su ego quiso ser primero que él mismo. Entonces, fue que se dijo -“hasta aquí ego”-. Cristóbal acudió y visitó también por última vez ese mar que tenía de frente a él cuando en el tiempo yace como ambigüo mal deseo cuando ocurre el débil mal tiempo. Cristóbal quedó como lo continuo del deseo, como lo ambigüo del destino, cuando transcurre en ir y venir tan lejos de la pura realidad. Cristóbal quedó como el dolor, como el amor o como el frío en calor cuando su ego le permitió devorar, desmoronar, destruir y desvanecer a su propio ego. Cristóbal vivió y convivió toda su vida con su propio ego en el alma y más en el corazón. Cristóbal con su ego, envidia, cizaña y vanidad decidió acudir a esa mar abierto donde estaba intranquilo y bravío y sin ser sosegado ni templado y destruyó a su propio ego cuando en el alma y más en su corazón quiso ser como el viento cálido o como el aire sosegado. Si en el camino o en el frío atemoriza lo que queda de espanto nocturno cuando una noche de invierno Cristóbal va de camino hacia ese mar intranquilo y bravío. La noche aviva el frío y como de costumbre el frío sin sentido se encierra el deseo de morir bajo la tutela de la noche fría a expensas del álgido viento y del mar intranquilo y bravío. Cristóbal acudió a ese mar sin saber y ni tan siquiera sospechar de que el mundo continúa con o sin ego, con o sin egolatría, con o sin ser egocentrista.
Cristóbal caminó lejos de la realidad cuando en el mar yace todo su cuerpo con frío y mala corriente de un mar intranquilo y bravío. Cristóbal quedó muerto de espanto cuando no quiso más tener ni convivir con su propio superego, envidia, cizaña o vanidad sin tener la esperanza, la indiferencia, la concordia, la humildad y modestia por su parte y más en el corazón. Cristóbal sucumbió de un mal trance delictivo cuando tomó riendo suelta acerca de su entorno y en contra de su ego inmortal yace como la espada contra la pared. Cristóbal quiso ser como el alma y el corazón en libertad y poder vivir toda una buena vida sin ego, sin egolatría ni egocentrismo, sin tener ego, envidia, cizaña ni vanidad, pero, la vida atemoriza de espanto cuando ocurre que hay que tener un poco de todo sin excederse con demasía ni con mucho poder. Cristóbal nunca lo aprendió y así que en ese mar que visitó por última vez lo dejó
inmortal, adyacente y con penurias devastadas, desmoronadas y desvanecidas cuando en el ademán frío de su cometido dejó morir a su propio ego, envidia, cizaña y vanidad y tan cerca de la muerte sólo quiso ser como un ente normal. Cristóbal quiso morir de espanto, de lluvia con frenesí y de un inmortal cuerpo que yace en la penumbra olvidada del tiempo. El jovenzuelo que ya no era joven sino un anciano sólo quiso ser como su propio ego, envidia, cizaña y vanidad dejando abierto en el mar intranquilo y bravío a la esperanza, la indiferencia, la concordia, la humildad y modestia. Cristóbal sólo quiso ser como la lluvia o como el tiempo frío, inerte e inmóvil. Cristóbal sólo quiso matar a quien lo mató siempre en la vida, en la muerte, y en la supervivencia autónoma de creer que su mundo yace en el frío inerte de un sólo poder sin ser incierto. Cristóbal tomó la espada y que era su propio ego de frente a ese mar donde yace su cuerpo y en contra de la corriente va nadando inerte en el frío de la noche a expensas de la oscuridad que aviva en el entorno y más en ese mar intranquilo y bravío y se suicida ahogando a su propio ego, envidia, cizaña y vanidad dejando salir a flote a la esperanza, la indiferencia, la concordia, la humildad y modestia sin saber que era lo mejor que tener y pertenecer al egocentrismo como punta de partida y sin esperar nada a cambio.
FIN
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Autor:
EMYZAG (Seudónimo) (
Offline) - Publicado: 28 de enero de 2026 a las 00:06
- Categoría: Sin clasificar
- Lecturas: 3

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