Por un instante me vi
perdido en el Lejano Oriente,
cuando mi gepeese
indicaba
Riu la Noguera de Tor
¿Qué ha ocurrido, Dios Santo?
—O mejor gritar ¡por Alá!—
Yo quería entrar en Saraís,
descubrir la magia oculta
de esa embaucadora grafía
y me vi envuelto en la espiral
de una concha de caracol.
En cada ascenso más belleza,
más formas de mostrar
al mundo
donde está la fuente de Trevis,
parecía como si Dios-Alá
fuera trazando un camino
que hiciera olvidar el retorno.
el bosque, el arrendajo,
el manto algodonoso que insiste
en permanecer a mis pies
y de repente, un poblado
con su mastín, sus calabazas,
un restaurante de lujo y un cartel
indicador: Irán.
¡Oh Alá! ¡Oh Dios!
¿Habéis confabulado el destino
de este pobre viajero?
Pisé con miedo la piedra
temiendo encontrar una duna
que se tragase mi sueño
y al asomarme al balcón,
de claras vistas al valle,
comprendí que no cabían
más píxeles de amor en verde
por mis incrédulas
pupilas.
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Autor:
J.R. Infante (Seudónimo) (
Online) - Publicado: 27 de enero de 2026 a las 06:16
- Categoría: Sin clasificar
- Lecturas: 1

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