LA MASACRE DE CHOLULA
La historia de la conquista de América no avanza en línea recta: camina a trompicones, deja huellas de oro y también charcos de sangre. Uno de esos charcos, espeso y aún oscuro, es la Masacre de Cholula, episodio fundacional del terror colonial en Mesoamérica, donde la pólvora y la cruz aprendieron a marchar juntas.
¿DÓNDE QUEDA CHOLULA?
Cholula se ubica en el actual estado de Puebla, en el centro-oriente de México, muy cerca de donde hoy se alza la ciudad de Puebla de Zaragoza. En tiempos prehispánicos era una de las ciudades más antiguas y sagradas de Mesoamérica, con más de dos mil años de historia. Célebre por su gran pirámide —la más grande del mundo en volumen— y por ser un centro religioso de enorme importancia, especialmente dedicado al culto de Quetzalcóatl.
Cholula no era una ciudad guerrera como Tenochtitlan, sino un núcleo ceremonial, diplomático y comercial. Allí se iba a rezar, a comerciar, a pactar. Precisamente por eso, la masacre que ocurrió en sus calles tuvo un efecto simbólico devastador: si Cholula podía caer, ninguna ciudad estaba a salvo.
CRONOLOGÍA Y CONTEXTO: QUIÉN ERA CORTÉS Y QUÉ BUSCABA
En 1519, Hernán Cortés, conquistador español, desembarcó en las costas del Golfo de México. No llegó como simple explorador, sino como un hombre impulsado por la ambición, la gloria personal y el hambre de riqueza. Pronto comprendió que aquellas tierras no eran un confín bárbaro, sino un mundo organizado, poderoso y abundante en oro, símbolos sagrados y estructuras imperiales.
A medida que avanzaba hacia el interior, Cortés tejió alianzas con pueblos sometidos o enemigos del Imperio mexica, especialmente los tlaxcaltecas. La estrategia fue clara desde el inicio: dividir para conquistar. Cada alianza era un escalón; cada traición, una herramienta.
TENOCHTITLAN: EL ENCUENTRO Y EL FRACASO
Cortés llegó a Tenochtitlan (capital del Imperio Azteca) como invitado. No entró como vencedor, sino como huésped vigilado, caminando sobre calzadas suspendidas sobre el lago, con el poder mexica latiendo bajo sus pies. Moctezuma II, quien ahí gobernaba lo recibió con ceremonias solemnes y palabras medidas. Durante un tiempo, los españoles fueron apenas una presencia inquietante dentro del corazón del imperio.
Es bueno hacer un énfasis que durante siglos se sostuvo que los indígenas confundieron a Cortés con un dios, en especial con Quetzalcóatl, cuyo regreso desde el oriente formaba parte de ciertas tradiciones. Sin embargo, hoy se sabe que esta interpretación fue, en gran medida, una construcción posterior. Los pueblos mesoamericanos no eran ingenuos: vieron sangrar a los españoles, los vieron enfermar, temer y morir. Más que adoración hubo cautela, diplomacia extrema y una lectura simbólica de un acontecimiento inesperado. El mito del “dios blanco” sirvió para vestir de destino lo que fue ambición y para justificar, después, la violencia del vencedor.
La tensión creció de forma inevitable cuando ocurrió el encierro de Moctezuma, la matanza en el Templo Mayor durante una festividad religiosa y la ruptura definitiva entre españoles y mexicas provocaron un levantamiento general. La muerte del tlatoani —rodeada aún de versiones contradictorias— selló el fracaso. Los españoles huyeron de la ciudad en la noche, perseguidos y derrotados, en lo que la historia recuerda como la Noche Triste.
DESPUÉS DE LA DERROTA: EL MIEDO COMO ESTRATEGIA
Herido, diezmado y humillado, Cortés analizó su error. Comprendió que la diplomacia tenía límites y que el engaño ya no bastaba. A partir de entonces, el miedo sería su aliado principal. La conquista no avanzaría con invitaciones ni pactos sagrados, sino con escarmientos ejemplares.
Cholula sería el mensaje.
OCTUBRE DE 1519: LA MASACRE DE CHOLULA
En octubre de 1519, Cortés y su ejército —unos 400 españoles y miles de aliados indígenas— llegaron a Cholula. Fueron recibidos con aparente hospitalidad. Días después, Cortés afirmó haber descubierto una conspiración para atacarlo, supuestamente instigada por Moctezuma. La veracidad de este complot sigue siendo debatida por la historiografía moderna.
El día señalado, Cortés convocó a los nobles y sacerdotes cholultecas a la plaza principal. Una vez reunidos, dio la orden. No hubo batalla: hubo exterminio.
¿QUIÉN MASACRÓ Y POR QUÉ?
La matanza fue ejecutada por los conquistadores españoles bajo el mando directo de Hernán Cortés, con la participación activa de aliados indígenas, especialmente los tlaxcaltecas, enemigos históricos de Cholula.
El motivo declarado fue prevenir una traición. El motivo real fue estratégico: sembrar el terror. Cortés necesitaba demostrar que la resistencia tendría un precio insoportable.
EL HORROR
Durante horas —quizá días—, hombres, mujeres, ancianos y niños fueron asesinados sin distinción. Espadas de acero contra cuerpos desnudos. Arcabuces y ballestas contra manos ceremoniales. Los templos ardieron, las plazas se llenaron de cadáveres y la sangre corrió como una ofrenda inversa.
Las crónicas hablan de miles de muertos. Cholula, ciudad sagrada, fue convertida en advertencia.
ESPADA Y BIBLIA
La conquista fue militar y espiritual. A los pueblos sometidos se les exigía abandonar sus dioses y aceptar el cristianismo. Negarse significaba castigo. La cruz avanzaba escoltada por la espada, y la fe se imponía con fuego.
UN PATRÓN DE VIOLENCIA
Cholula no fue una excepción, fue un patrón.
En México: la Matanza del Templo Mayor, el sitio y destrucción de Tenochtitlan, las campañas contra mayas y otros pueblos.
En América: el exterminio de los taínos en el Caribe, la violencia en el Imperio inca, las matanzas sistemáticas en Centroamérica y el sur del continente.
SAQUEO Y MEMORIA
Oro, plata, piedras preciosas, códices y símbolos sagrados fueron arrancados del continente. De México recordamos el espectacular “Penacho de Moctezuma” hoy en algún museo europeo, así como “La Peregrina”, la gran perla sacada del Archipiélago panameño del mismo nombre (Archipiélago de Las Perlas) y que adorna la corona de cierto país europeo. El saqueo fue material y simbólico: se llevaron la riqueza y también la memoria.
IMPERIOS AYER Y HOY
Así actuaban los imperios: con discursos civilizatorios y violencia sin remordimiento. Ayer fue el oro, perlas, piedras preciosas hasta monolitos y máscaras; hoy son otros recursos como metales, tierras raras y petróleo. Cambian los nombres, no las ambiciones.
ANÁLISIS FINAL
España dejó un legado cultural e idiomático innegable, pero ese legado nació entre ruinas. Reconocer la lengua sin recordar la sangre es leer la historia a medias. La Masacre de Cholula sigue ardiendo en la memoria de un continente que aprendió, demasiado pronto, el precio de ser conquistado.
Desde una mirada geopolítica más amplia, España no fue una anomalía histórica, sino un eslabón temprano de una larga y persistente lógica imperial. Portugal edificó su riqueza en Brasil y África sobre la esclavitud; Inglaterra extendió sus dominios con comercio humano, cañones y puertos forzados; Bélgica, bajo el sanguinario Leopoldo II, transformó el Congo en una máquina de muerte al servicio del caucho; Francia dejó cicatrices profundas en África que aún supuran dependencia y conflicto.
Rusia, ayer zarista y soviética, hoy nuevamente expansionista, ha recurrido a la fuerza para asegurar su periferia estratégica. China despliega un imperialismo silencioso, tejido con deuda, infraestructura y control económico. Los Estados Unidos ejercen un imperialismo contemporáneo que alterna la invasión directa con el bloqueo, la sanción, el derrocamiento indirecto y el control de recursos vitales.
Los imperios cambian de rostro, pero no de hambre. Ayer se llamaba evangelización; hoy se llama seguridad, desarrollo o democracia. Ayer fue el oro; hoy es el petróleo, el litio, el gas, el agua. La Masacre de Cholula no es un accidente del pasado: es una advertencia escrita en huesos. Mientras exista la idea de que unos pueblos nacieron para mandar y otros para obedecer, Cholula seguirá repitiéndose, con distintos nombres, en distintos mapas, bajo distintas banderas.
*Tenochtitlan, fue fundada por los mexicas alrededor de 1325 en un islote del Lago de Texcoco, convirtiéndose en la capital del Imperio Azteca.
Recordar no es abrir viejas heridas: es impedir que el futuro se construya sobre la misma fosa común.
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* Importante: Este texto no nace del rencor ni del ajuste de cuentas, sino de la necesidad de llamar a las cosas por su nombre. Si algún amigo español se siente aludido u ofendido, vaya desde aquí una disculpa sincera: no se acusa a los pueblos ni a las generaciones actuales, sino a hechos históricos concretos, documentados y registrados por cronistas, archivos y estudios modernos.
Con frecuencia se invoca la llamada “Leyenda Negra” como si toda crítica a la conquista fuera una exageración o una conspiración propagandística. Sin negar que otras potencias usaron ese relato para desacreditar a España, ello no borra la realidad de las masacres, el saqueo, la esclavitud ni la imposición religiosa. La historia no se defiende negándola, sino entendiéndola en su complejidad. Las cosas no fueron peores de lo que fueron, pero tampoco fueron mejores.
No soy mexicano; soy panameño, lector constante y apasionado de la historia. Puede haber imprecisiones —la memoria humana nunca es perfecta— y si las hay, las reconozco con humildad. Este artículo es producto de lecturas, de crónicas enfrentadas, de versiones que dialogan y se contradicen, pero que coinciden en lo esencial: la conquista fue una empresa imperial, violenta y transformadora.
Desmontar mitos, tanto los glorificadores como los negacionistas, no busca culpables eternos, sino conciencia histórica. Solo así el pasado deja de ser propaganda y se convierte en advertencia.
Con referencia a este artículo puedo decir con total sinceridad. La historia de la conquista de América ha sido uno de los temas más recurrentes en la literatura académica, ensayística y crítica desde el mismo siglo XVI hasta nuestros días. Desde las Cartas de Relación de Hernán Cortés, pasando por las crónicas de Bernal Díaz del Castillo, Fray Bartolomé de las Casas y Fray Bernardino de Sahagún, hasta los estudios modernos de historiadores de América Latina, Europa y Estados Unidos, el choque de mundos ha generado una vasta producción.
No hay un catálogo único, ni una cifra definitiva, porque la historia crítica se escribe en múltiples lenguajes y espacios: revistas académicas, libros universitarios, antologías de historia global, publicaciones de humanidades, incluso en obras de ensayo literario y narrativa histórica.
Lo que sí es seguro —y aquí sí podemos hablar con una certeza poética— es que cada vez que una generación vuelve la mirada hacia esos hechos, los reinventa, los interroga y los nombra con palabras nuevas, se produce un ensayo nuevo. Este artículo se suma a esa larga cadena de voces que, como velas encendidas en un campo de batalla, buscan alumbrar lo que fue, para que el futuro no tropiece con los mismos huesos.
Así que sí: hay muchos ensayos, muchas voces… pero cada uno con su tonalidad, su claridad y su manera de enfrentar el pasado. Y este ahora camina junto a ellos.
EL QUE QUIERA LEER Y COMENTAR QUE LO HAGA, EL QUE NO, QUE NO LO HAGA. NO ES OBLIGACIÓN.
MUCHAS GRACIAS.
SALUDOS
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Autor:
JUSTO ALDÚ (Seudónimo) (
Offline) - Publicado: 27 de enero de 2026 a las 05:47
- Comentario del autor sobre el poema: *Artículo inédito será publicado en dos revistas literarias y al menos un diario panameño como suplemento dominical próximo. Es meramente instructivo. Está revisado, pero no se descartan imprecisiones tal y como digo, si así fuere, bien se pueden señalar para hacer los correctivos. No menciono bibliografía, pues es muy amplia y pública, propia de la historia mexicana. Muchas gracias,
- Categoría: Reflexión
- Lecturas: 42
- Usuarios favoritos de este poema: Tommy Duque, Hernán J. Moreyra, Lualpri, Mª Pilar Luna Calvo, JoseAn100, Antonio_cuello, Classman, Poesía Herética, MISHA lg, ElidethAbreu, Freddy Kalvo, Javier Julián Enríquez, Carlos Baldelomar, WandaAngel, Anton C. Faya, Emilia🦋, Rafael Escobar, EmilianoDR, Nhylath, El Hombre de la Rosa

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Comentarios9
Pienso, todas las conquistas son crueles, unos se imponen sobre los otros mediante el uso de la fuera. Pero lo de España fue grandioso, entre 1492 y 1540 fueron 19000 españoles, nada para un continente, que se encontraron con el oro y la plata y una rica civilización, con unos nativos con costumbres arcaicas y tremendamente crueles, que mataban niños para tener buenas cosechas según cuentan las crónicas. Se odiaban entre ellos, cosa que fue utilizada a su favor por los españoles para reclutarlos y vencer a enemigos comunes. En fin, un puñado de hombres convirtieron la conquista en una gesta. Fundaron pueblos y ciudades y se casaron con las nativas. Luego llegarían las migraciones de españoles y europeos a toda américa. Desgraciadamente las enfermedades que llevaron los europeos diezmaron la población. Es un resumen simple, pero hay que situarse en que cuatro y el de la guitarra se hicieron con un continente, porque les ayudaron los nativos. Un saludo. Por cierto, Hernán Cortés era un hombre muy serio, estudió Derecho y Latín en la Universidad de Salamanca, pero también era un guerrero.
Pienso que toda conquista, sin excepción, es violenta y se impone por la fuerza. No existe conquista “benévola”. Que hayan sido pocos en número no la vuelve menos sangrienta ni más justificable. La superioridad militar, las alianzas forzadas y las divisiones internas explican el resultado, pero no lo legitiman moralmente.
Es cierto que en Mesoamérica existían prácticas crueles —como las hubo en Europa, África y Asia en la misma época—, pero ese argumento no puede usarse para justificar matanzas preventivas, traiciones o exterminios, como ocurrió en Cholula. Ese razonamiento (“eran salvajes, por tanto era necesario someterlos”) es el mismo que se repite siglos después en África, como en el Congo de Leopoldo II, con consecuencias catastróficas.
La conquista de América fue a sangre y fuego, y también fue un gigantesco proceso de extracción de riquezas, ampliamente documentado. El oro y la plata salieron en cantidades enormes hacia Europa; Panamá fue un eje clave de ese tránsito, lo que explica los constantes ataques piratas. No se trató de un intercambio ingenuo de “espejitos”, sino de un sistema desigual sostenido por la violencia.
Que luego se fundaran ciudades, hubiera mestizaje o se establecieran nuevas sociedades no borra el origen traumático del proceso. Reconocer la complejidad histórica no implica glorificarla ni negar sus horrores. Entender la conquista exige asumirla como fue: un choque brutal de mundos, con consecuencias profundas que aún resuenan.
No niego los matices históricos, pero no acepto una lectura que convierta la violencia en "gesta" o la masacre en necesidad civilizadora. Eso para mi es absurdo. Es como aceptar... "Hay que matarlos por que son salvajes".
En fin, muchas gracias amiga por tu comentario y dar tu punto de vista.
Saludos
Justo, las conquistas son crueles, en España hemos tenido invasiones, vino el imperio romano y ahora estamos muy orgullosos, tenemos el idioma gracias a ellos y el derecho romano es la base del actual. Europa es la heredera del Imperio Romano. Vinieron los musulmanes, estuvieron 8 siglos, nos dejaron su idioma, su cultura, su arquitectura, sus regadíos y jardines, de lo que nos sentimos muy orgullosos, y ya sabes que los expulsamos después de muchas guerras, pero estamos muy orgullosos de la cultura que nos dejaron. Así puedo continuar, pero no quiero olvidarme de la invasión francesa por Napoleón, aquí lucharon todos los españoles, pero también estamos muy orgullosos de tener en nuestra cultura las ideas de la Revolución: libertad, igualdad y fraternidad. Un pueblo que asimila todas las culturas y las hace suyas es el pueblo más rico del mundo, y sabemos los millones de españoles que perecieron en la lucha. Somos duros. Un abrazo.
He leído con cautela, tu escrito. Por varias razones..La primera, es que soy un enamorado de la historia. Y es interesante analizar y leer lo que alguien tan culto, justo y preparado expone. También es interesante porque yo soy español. Y es bueno saber lo que la gente piensa. Hernan Cortes fue en mi opinión un hombre de su tiempo y fue en mi opinión bueno para España pero un sanguinario con los indígenas. Lo que has escrito esa matanza de inocentes bien lo refleja. Ahora bien quiero dejar claro, que España fue expulsada de Iberoamérica fundamentalmente por la ocupación francesa y nuestra propia debilidad a principios del siglo 19. Y desde entonces, los pueblos latinoamericanos son dueños de sus destinos. España ya no influyó en ellos. Se que estás y me alegro muy orgulloso de tu patria Panamá. Y juegas al ajedrez como yo, yo tengo un elo bastante alto. Y eres educado y respetuoso. Así que de tu escrito aprendo a ver otra visión. Aunque yo me siento también muy orgulloso de ser castellano y Español. Pero hay que aceptar la autocrítica sobre todo si es justa. Ahora mismo los jóvenes españoles, entre los que está mi hijo se sienten cada vez más orgullosos de ser españoles y europeos. Pero eso no quita que tú instructivo escrito no sea magnífico y aceptar que la corona española era maquiavélica.
Gracias amigo. Jose Ángel
Amigo Jose Ángel,
Gracias de corazón por tus palabras, se sienten sinceras y muy bien pensadas. Creo, como dices, que nos entendemos perfectamente. Lo ocurrido pertenece a la historia y no a las conciencias de quienes vivimos hoy; nosotros no heredamos culpas, pero sí la responsabilidad de comprender y mirar con honestidad el pasado.
Valoro mucho tu lectura atenta y abierta. Que alguien enamorado de la historia, culto y reflexivo como tú se acerque a un texto con ese cuidado es, para mí, un verdadero honor. Más aún sabiendo que lo haces desde tu identidad española, sin defensas automáticas, con espíritu crítico y sin renunciar al legítimo orgullo de ser quien eres. Eso habla muy bien de ti.
Coincido contigo: Hernán Cortés fue un hombre de su tiempo, eficaz para los intereses de la Corona y brutal para los pueblos indígenas. Reconocer ambas cosas no es contradicción, es madurez histórica. Y también es cierto que, tras las independencias del siglo XIX, los pueblos latinoamericanos tomaron las riendas de su destino; desde entonces, la historia nos pertenece plenamente.
Me alegra que valores el orgullo que siento por Panamá, así como nuestras afinidades —el ajedrez incluido; ya me dirás algún día ese Elo 😉—, pero sobre todo celebro el respeto mutuo y la amistad que nace del diálogo honesto. De intercambios como este uno no sale perdiendo: se aprende, se amplía la mirada y se afianza el afecto.
Gracias, amigo, por tu generosidad intelectual y humana. Da gusto compartir espacio con personas así.
Un fuerte abrazo,
Justo
Muchas Gracias, Maestro. Un fuerte abrazo. Jose Angel.
No hay conquista sin sangre y eso es algo lógico y ceremonial... detrás del derramamiento de sangre emergen otras anomalías y aberraciones que quizá no es necesario mencionar, solo partir de la base de la humillación dominante por los conquistadores hacia sus conquistados, podemos presumir todo lo que conlleva una usurpación a los derechos elementales de todo ser humano vulnerable ante su enemigo poderoso.
No podemos desligar que detrás de esas conquistas habían poderosas razones, y la más tangible era la codicia por las riquezas que las tierras a conquistar poseían. España codiciaba las riquezas de estas tierras y bajo ese elemento armaba cruzadas con hombres preparados para hacerlo, lo que conlleva a razonar que no era simple y llana exploración, marco enmascarado para mentirse, incluso, ellos mismos y a la opinión de eses entonces.
El escrito, mi estimado Justo, es descarnado, pero cuece lo real, sin elucubraciones ni sonsonetes... quizá, como tu dices claramente en tu disertación, faltó algo o hay algo que corregir, pero el mensaje global es excelente. Felicitaciones
Saludos y un abrazo
Querido amigo,
Me identifico plenamente contigo y con cada matiz de lo que expresas. Hablar de historia con honestidad implica aceptar que nada fue sencillo ni limpio, ni en la conquista ni tampoco en los procesos posteriores. Ahí está la Gran Colombia, nacida bajo la espada y la visión de Bolívar, forjada entre guerras, traiciones, sacrificios y una voluntad enorme de emancipación. La libertad no cayó del cielo: se arrancó con dolor, y aun así fue un logro inmenso.
Como bien recuerdas, la historia de los incas es una de las más elocuentes por sí sola: el engaño, el cautiverio del príncipe, la celda prometida llena de oro a cambio de libertad, y luego la traición consumada. No hace falta adornarla ni exagerarla; los hechos hablan con una crudeza que no admite maquillaje. Y eso no es una acusación a los españoles de hoy, a quienes respeto y aprecio profundamente, sino una constatación histórica. Los hombres actuales no son los de ayer, ni los de aquel tiempo, y cargar culpas heredadas no tiene sentido.
Coincido contigo: no hay conquista sin sangre. Eso es una constante histórica, casi ritual si se quiere, y detrás del derramamiento vienen otras sombras —humillaciones, abusos, negación de derechos básicos— que no siempre es necesario detallar para saber que existieron. Basta partir de una verdad simple: cuando un poder se impone sobre otro, el vulnerable paga el precio más alto.
Tampoco podemos ignorar que detrás de aquellas conquistas había razones muy concretas, y la más evidente fue la codicia. Las riquezas de estas tierras no eran un rumor, eran un imán. España, como otras potencias, organizó empresas armadas con hombres preparados para someter y extraer. Llamarlo solo “exploración” sería un autoengaño histórico, incluso para la mentalidad de la época.
Por eso tu lectura me parece justa y valiosa. El texto es descarnado, sí, pero porque se aproxima a lo real sin adornos innecesarios. Puede que siempre haya algo que matizar o corregir —la historia nunca es un bloque cerrado—, pero el mensaje de fondo es sólido y honesto. Y eso, en estos temas, es lo más importante.
Ahora, todo esto de recordar estos hechos, es como bien dije es para que nuestros hijos aprendan a que esas desmedidas ambiciones, no pueden justificar exabruptos y mucho menos muertes.
Te agradezco profundamente el tono, el respeto y la fraternidad con la que te expresas. Así da gusto hablar del pasado: sin rencor, sin negacionismos, con memoria y con afecto humano intacto.
Un abrazo grande, amigo.
Adhiero a tu opinión sobre los españoles de hoy, tengo muchos amigos españoles y la historia no nos puede cegar a guardar odios o rencillas contra ninguno de ellos... todo queda en el pasado, el presente es ahora y nos dicta que la mayoría del pueblo español es noble y respetuoso.
Saludos y un abrazo grande, mi amigo poeta
Querido Justo, La masacre de Cholula, perpetrada en tiempos de Hernán Cortés, constituye uno de los episodios más infames de la conquista, un acto de violencia calculada que traicionó toda noción de honor y palabra dada. Bajo el amparo del engaño y la falsa diplomacia, se exterminó a un pueblo desarmado, en su mayoría nobles, sacerdotes y habitantes indefensos, cuyo único delito fue confiar. Este crimen no fue un enfrentamiento bélico, sino una ejecución masiva destinada a sembrar terror y someter por el miedo, inaugurando una lógica de dominación basada en la crueldad y la aniquilación cultural. Repudiar la masacre de Cholula es rechazar la glorificación de la conquista como gesta heroica y afirmar, con memoria y conciencia histórica, que ningún proyecto político, religioso o imperial justifica el asesinato sistemático de un pueblo ni el silenciamiento de su dignidad.
Gracias por traer al recuerdo este hecho histórico y que marcó luto y el repudio general.
Abrazos.
Si contamos la historia entera, solo había unas decenas de españoles, el resto eran mayoritariamente nativos, que fueron siempre esas rivalidades entre indígenas que la conquista no fue tan difícil, un abrazo.
Muchas gracias Ellideth, por emitir tu opinión la cual comparto en su plenitud. Desafortunadamente así fueron los hechos y así lo narran los historiadores. Ni más, ni menos.
Un abrazo
Ma. Pilar. aquí se cuenta la historia entera. Si lo lees con cuidado verás que dice 400 españoles y miles de indigenas contrarios a los habitantes de Cholulá, pero que no se confunda. Todos estaban al mando de Cortés.
Y si traspolamos lo que hacen los imperios cuando conquistan qué veremos? La primera linea de batalla son extranjeros. Así pasó en Vietnam, así pasó en la batalla de las colonias en norteamerica, buscaron a indígenas para luchar contra indígenas y los romanos? las primeras lineas eran extranjeros y mercenarios.
Bueno, pero eso forma parte del pasado. La España de hoy y sus habitantes de hoy no piensan así. Ya no son un imperio,
Muy educativo, histórico, ilustrativo y cultural, tu escrito, mi estimado JUSTO ALDÚ. Tal como lo dicen tus propias letras, lo escrito en infinidad de documentos y lo que fue la misma historia, en verdad, no fue una conquista, sino, una invasión, una barbarie como las tantas que todavía se siguen suscitando en el mundo y en donde se refleja esa compleja realidad donde muchos traicionan (y aplauden), como los tlaxcaltecas en ese entonces, para que el invasor logre sus propósitos (pretendiendo así mismo, de forma ilusoria, alcanzar los propios). Las conquistas se hacen con amor, cariño y caricias, como cuando se conquista a una novia que luego se vuelve la esposa. Aquí no ocurrió eso. Pero entiendo que el término: "conquista" se ha utilizado para pretender suavizar lo nefasto que fue la invasión y casi exterminio de los aborígenes (no indígenas, porque ese es otro concepto fruto de la equivocación en la ruta de los españoles hacia las Indias Orientales), aparte de lo peyorativo que hay implícitamente en el término. Aquí en El Salvador, por ejemplo, para etiquetar un "mal comportamiento o rebeldía", se suele utilizar como un cliché: "Sos indio". Son muchos los siglos transcurridos y todavía se nos ve y se nos trata como tales...y los que aplauden al invasor siguen faltos de dignidad (espero que por ignorancia histórica y cultural, porque sería comprensible; y no por otra cosa más humillante, vulgar y ofensiva).
Un abrazo fraterno mi apreciado JUSTO ALDÚ. Muy agradecido con tu aporte.
Vuelvo a repetir que la mayoría de los atacantes eran nativos, había pocos españoles con Cortés al frente, aprovecharon las circunstancias, un saludo.
Sí, pero al presentarse como el "dios blanco", le fue fácil la manipulación y aprovechó (como se sigue aprovechando hoy en día), esa polarización, ese descontento en cierta franja poblacional, para azuzarla y levantarla en contra de...lo mismo que hace la CIA hoy en día en muchos países para alentar las protestas y provocar los golpes de Estado. Y no por ello el manipulador e invasor deja de tener culpa en los hechos porque, al final, logra sus propósitos. ¿Y los aliados?...¡Exterminados!
Nada distinto a lo que sigue ocurriendo. Por eso se dice que: "para entender el presente y proyectar el futuro, es necesario el estudio de la historia...". JUSTO ALDÚ ha hecho un buen esfuerzo y, por ello, mi agradecimiento.
Agradecido mi estimada amiga Pilar por tu aporte. Un abrazo fraterno.
Solo había unas decenas de españoles y miles de Tlaxcaltecas y Totonacas, enemigos acérrimos que se unieron a Cortés para la matanza, aprovecharon la oportunidad, un saludo.
Aún con eso que dices, el invasor no está libre de culpas; por el contrario, siendo Hernán Cortés un ilustrado, un hombre con formación académica, manipuló y logró su propósito de exterminio. Y luego, lo que todos conocemos...el robo de todo cuanto fue posible. La expoliación sigue latente, como bien lo escribió JUSTO ALDÚ: antes el oro y la plata; hoy el petroleo, agua y tierras raras. El fin no justifica los medios mi estimada amiga Pilar. Yo veo invertida la máxima...
Cortés iba a por el oro, los nativos a exterminar a sus enemigos, ese fue el éxito de la conquista, que las tribus eran enemigas entre sí, sino con 19000 hombres españoles que llegaron hasta mediados del siglo XVI, frente a casi 60-100 millones de indígenas, dependiendo de las fuentes, no hubiera sido posible sin su colaboración, por eso los reyes españoles llamaron a Colon para decirle que estaban prohibidos los malos tratos a los indígenas, que tenían derechos.
Tenemos visiones e interpretaciones distintas. El fin era el oro (para Cortés) y apartar cualquier obstáculo del camino para lograr su propósito, era importante. ¡Qué se maten entre ellos! Es lo mismo que la CIA hace actualmente. El actual presidente de EE.UU. tiene claro su propósito en Medio Oriente y en Venezuela (petroleo); y qué hace: aprovecha los malestares de la oposición para lograrlo (aunque él directamente no está ahí, en el conflicto, pero lo genera), y no por ello es un "santo". Provee armas, municiones, logística, dinero y todo lo que sea posible para apartar el obstáculo, lo mismo que le provee a Israel para que extermine a los palestinos. Fue así y sigue siendo así. En Irán están aplicando la misma estrategia antiquísima desde los tiempos de las invasiones. No le restes méritos a Hernán Cortés...
Abrazos fraternales mi apreciada amiga Pilar.
Si, aquí hay algo que está mal y es un término peyorativo que me has indicado. La palabra indios, el término que se debe usar es pueblos originarios. Todo lo demás es así como dices.
Un placer recibir tu comentario lo cual agradezco. No me extiendo porque veo que ya lo has hecho más abajo. Saludos.
Para mayor constancia, me permito referenciar debidamente mi artículo.
1. Bernal Díaz del Castillo — Historia verdadera de la conquista de la Nueva España
Referencia:
Díaz del Castillo, Bernal. Historia verdadera de la conquista de la Nueva España. Ed. crítica de Guillermo Serés / edición de Miguel León-Portilla (ediciones Porrúa / CSIC, Madrid y México).
Capítulos relevantes: Capítulos iniciales sobre la entrada a Cholula y la matanza (p. ~105-110, dependiendo de la edición).
Qué dice: En este testimonio de un soldado que acompañó a Cortés, se narra cómo Cortés reunió a los principales de Cholula, los acusó de conspiración, dio la señal de ataque con un disparo y la tropa española —junto con aliados indígenas— mató a miles de cholultecas, incluidos civiles desarmados. Es uno de los relatos más explícitos donde la acción sangrienta se desarrolla por orden del líder español.
2. Francisco López de Gómara — Historia general de las Indias / La conquista de México
Referencia:
López de Gómara, Francisco. Historia general de las Indias y conquista de México. Zaragoza: Agustín Millán, 1552; reimpresiones modernas (Porrúa / Orbis).
Capítulo relevante: Secciones sobre la conquista de México y la campaña de 1519 (véase pp. 158-160 en ediciones modernas editadas por Porrúa).
Qué dice: Aunque López de Gómara nunca estuvo en el continente, al relatar la campaña de Cortés recoge que la matanza de Cholula fue desencadenada por la captura y ejecución de líderes cholultecas por orden de Cortés, lo que llevó a los españoles y sus aliados a dar muerte a miles de habitantes en menos de dos horas.
3. Bernardino de Sahagún y compiladores indígenas — en Visión de los vencidos (edición crítica)
Referencia:
Sahagún, Bernardino de (compilador). Visión de los vencidos: Relaciones indígenas de la conquista, edición de Miguel León-Portilla (UNAM / FCE, México).
Secciones relevantes: Notas y apartados que comparan la versión indígena con las crónicas españolas sobre la masacre de Cholula (aprox. pp. 40-60 en ediciones estándar).
Qué dice: Si bien esta obra no es “española” per se, en su aparato crítico y notas hace referencia a cómo las fuentes indígenas relatan que, por orden de Cortés y sus oficiales, las fuerzas combinadas atacaron y exterminaron a la población, contradiciendo parcialmente la justificación de una emboscada cholulteca.
La historia de la humanidad está escrita con la sangre de los débiles, las grandes potencias desde tiempo inmemorial se han alimentado de los pueblos débiles, en la historia antigua fue el imperio persa, el imperio romano, los seléucidas que sustituyeron a Alejandro Magno, luego vinieron las garras de los conquistadores de América, y hoy en día tenemos el imperio ruso el imperio chino y el imperio yankee queriéndose apoderar del mundo, porque en los pueblos que llegan a dominar encuentran vasallos que por una pequeña cuota de poder se prestan a las perversas maniobras de los invasores, hoy las guerras no se libran con espadas, si no con la economía, y seguirá girando el mundo pero por toda la eternidad estará presente la ambición de poder, y desgraciadamente siempre encontrarán quienes sean fieles servidores de los sátrapas que sirven a los intereses de tales potencias. Me ha encantado tu manera tan hermosa de narrar parte dela historia de nuestros pueblos, tomando uno de los episodios mas crueles de la historia mexicana. Mis felicitaciones llegan a ti con mi fraternal abrazo y leal aprecio a tu noble amistad.
Recibo tus palabras con respeto y gratitud. Tu reflexión, sobria y contundente, traza una línea continua donde la ambición de poder se repite con distintos rostros, pero con idéntica lógica: la dominación del vulnerable y la complicidad de quienes prefieren migajas de poder antes que dignidad. Coincido en que hoy las armas más letales ya no son de acero, sino económicas y simbólicas, y quizá por ello más difíciles de enfrentar.
El glorioso pueblo nicaragüense también tuvo que enfrentar cruentas luchas. Los chorotegas y nicaraos fueron diezmados: matanzas, esclavización y deportaciones masivas hacia Panamá y Perú vaciaron enteras comunidades. Más que batallas, fueron cacerías humanas.
Se recuerda como testimonio de heroicidad al cacique Diriangén. Pedrarias convirtió Nicaragua en un territorio de terror: ejecuciones sumarias, castigos ejemplares, destrucción de aldeas indígenas y hasta la eliminación de rivales españoles. Su nombre es sinónimo de violencia institucionalizada.
No puedo mencionar a tu país, sin otro de los grandes. Augusto C. Sandino quien no lucha contra España, sino contra la ocupación estadounidense y sus aliados locales. Sin embargo, su figura dialoga con la colonia como un eco: es la rebelión que despierta siglos después.
Aprecio profundamente Rafael tu lectura generosa y tu reconocimiento al intento de narrar, sin adornos innecesarios, una herida que sigue abierta en la memoria de nuestros pueblos. Que el diálogo y la palabra sigan siendo espacios de lucidez frente a la manipulación y el olvido.
Te envío también un abrazo fraterno y mi estima sincera, nacida del respeto intelectual y humano.
Saludos
Genial y preciada prosa literaria estimdo poeta y amigo Panameño Justo Aldú
Abrazos desde España
El Hombre de la Rosa
Muchas gracias Crispulo por tu amable comparecencia y comentario.
Saludos
Muchas gracias, amigo JUSTO, por este relevante e instructivo artículo. Yo como español y valenciano voy a tratar de hacer una aproximación o resumen a este análisis. La Masacre de Cholula, acontecimiento que perdura en la memoria colectiva, constituye un símbolo del precio inherente a la dominación. Desde una perspectiva geopolítica más amplia, España no constituyó una excepción, sino más bien un precursor de una lógica imperial persistente. Portugal, Inglaterra, Bélgica y Francia, cada uno de manera distinta, establecieron imperios basados en la explotación y la opresión. En la actualidad, Rusia y China exhiben formas contemporáneas de expansión territorial y económica. En el caso de Estados Unidos, se observa una alternancia entre la intervención directa y el control indirecto. Así, los imperios, a pesar de experimentar transformaciones en su estructura, preservan su naturaleza esencial. El suceso de Cholula, llevado a cabo por las fuerzas españolas en octubre de 1519, representa un punto trágico y significativo en la historia de la conquista de América. No obstante, es crucial discernir entre la comprensión histórica y la atribución de culpas generacionales. En este sentido, creo que la historia, como campo de estudio, se debe centrar en el análisis y la contextualización de eventos del pasado desentrañando sus causas y consecuencias. Desde esta perspectiva, la masacre de Cholula, registrada por cronistas y examinada por historiadores, se enmarca en este contexto de estudio. Sin embargo, la responsabilidad de comprender el pasado recae en las generaciones actuales. No se trata, pues, de asumir culpas, sino de asumir la obligación moral de examinar críticamente los hechos históricos reconociendo las complejidades y contradicciones inherentes a ellos. Por ende, la honestidad intelectual demanda que abordemos la historia con rigurosidad evitando simplificaciones y juicios precipitados. Así las cosas, la comprensión del pasado, incluyendo la tragedia de Cholula, nos brinda la oportunidad de aprender de los errores cometidos y construir un futuro más justo. Entonces, al reconocer la complejidad de los eventos históricos, podemos evitar la repetición de patrones de dominación y violencia. La memoria histórica, por tanto, no constituye únicamente un ejercicio de nostalgia, sino que se erige como una herramienta fundamental para la edificación de una sociedad más consciente y equitativa.
Recibe un cordial saludo y fuerte abrazo con mi más afectuoso aprecio
Querido amigo,
Gracias por la claridad con la que amplías tu reflexión, porque ahí tocas un punto esencial que conviene dejar bien asentado. Coincido plenamente en que la historia no puede abordarse de manera simplista, pero tampoco puede diluirse en un mar de elucubraciones que terminen por desdibujar las responsabilidades concretas. El equilibrio entre contexto y responsabilidad es, quizá, uno de los mayores retos del análisis histórico honesto.
Aquí no se trata —y creo que ambos lo tenemos muy claro— de señalar a España como nación ni mucho menos a los españoles de hoy. Se trata de reconocer que muchos de los hombres enviados por el imperio en aquel tiempo actuaron movidos por una ambición feroz por el oro y las riquezas, y que esa ambición fue un motor decisivo de la violencia. No hablamos de excesos aislados, sino de una lógica sistemática de expolio que beneficiaba a una estructura de poder bien definida.
Resulta difícil sostener que la Corona fuera ajena a lo que ocurría. La propia monarquía exigía su cuota, el famoso quinto real, lo que hace prácticamente imposible pensar en una ignorancia genuina sobre los métodos empleados para obtener esas riquezas. La maquinaria imperial funcionaba con conocimiento, beneficio y silencio cómplice. Reconocerlo no es un ataque identitario, sino un acto de rigor histórico.
Y, como bien apuntas, si ampliamos la mirada hacia Sudamérica, el panorama se vuelve aún más oscuro. Allí la conquista adquiere dimensiones de auténtica pesadilla: engaños, traiciones, exterminios y humillaciones que conforman otra larga historia de terror que no puede ni debe edulcorarse.
Dicho esto, vuelvo a coincidir contigo: comprender estos hechos no implica cargar culpas sobre generaciones posteriores, sino asumir la responsabilidad moral de nombrar lo ocurrido sin maquillajes. Solo así la memoria histórica cumple su función: no como ajuste de cuentas, sino como advertencia lúcida frente a la repetición de los mismos abusos bajo nuevos discursos.Y tal como apuntas, lo vemos en Rusia, Inglaterra, China y el más claro ejemplo Los Estados Unidos, que apresó al dictador pero dejó intacta la dictadura en Venezuela ¿Y qué exigió? Su cuota de petróleo, el botín del imperio.
España ya no es un imperio y no veo esto con un criterio simplista, pero en su tiempo lo fue y los hechos aquí narrados estan debidamente documentados en libros de historia, ensayos y demás. Aquí mismo dejé 3 referencias, una de ellas por un soldado español.
Te agradezco sinceramente este intercambio, franco y respetuoso, que demuestra que se puede hablar de historia con profundidad, sin dogmas y sin renunciar a la verdad.
Mi más profundo aprecio.
Un fuerte abrazo y mi leal aprecio.
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