LA MASACRE DE CHOLULA

JUSTO ALDÚ

LA MASACRE DE CHOLULA

 

La historia de la conquista de América no avanza en línea recta: camina a trompicones, deja huellas de oro y también charcos de sangre. Uno de esos charcos, espeso y aún oscuro, es la Masacre de Cholula, episodio fundacional del terror colonial en Mesoamérica, donde la pólvora y la cruz aprendieron a marchar juntas.

 

¿DÓNDE QUEDA CHOLULA?

 

Cholula se ubica en el actual estado de Puebla, en el centro-oriente de México, muy cerca de donde hoy se alza la ciudad de Puebla de Zaragoza. En tiempos prehispánicos era una de las ciudades más antiguas y sagradas de Mesoamérica, con más de dos mil años de historia. Célebre por su gran pirámide —la más grande del mundo en volumen— y por ser un centro religioso de enorme importancia, especialmente dedicado al culto de Quetzalcóatl.

 

Cholula no era una ciudad guerrera como Tenochtitlan, sino un núcleo ceremonial, diplomático y comercial. Allí se iba a rezar, a comerciar, a pactar. Precisamente por eso, la masacre que ocurrió en sus calles tuvo un efecto simbólico devastador: si Cholula podía caer, ninguna ciudad estaba a salvo.

 

CRONOLOGÍA Y CONTEXTO: QUIÉN ERA CORTÉS Y QUÉ BUSCABA

 

En 1519, Hernán Cortés, conquistador español, desembarcó en las costas del Golfo de México. No llegó como simple explorador, sino como un hombre impulsado por la ambición, la gloria personal y el hambre de riqueza. Pronto comprendió que aquellas tierras no eran un confín bárbaro, sino un mundo organizado, poderoso y abundante en oro, símbolos sagrados y estructuras imperiales.

 

A medida que avanzaba hacia el interior, Cortés tejió alianzas con pueblos sometidos o enemigos del Imperio mexica, especialmente los tlaxcaltecas. La estrategia fue clara desde el inicio: dividir para conquistar. Cada alianza era un escalón; cada traición, una herramienta.

 

TENOCHTITLAN: EL ENCUENTRO Y EL FRACASO

 

Cortés llegó a Tenochtitlan invitado. No entró como vencedor, sino como huésped vigilado, caminando sobre calzadas suspendidas sobre el lago, con el poder mexica latiendo bajo sus pies. Moctezuma II, quien ahí gobernaba lo recibió con ceremonias solemnes y palabras medidas. Durante un tiempo, los españoles fueron apenas una presencia inquietante dentro del corazón del imperio.

 

Es bueno hacer un énfasis que durante siglos se sostuvo que los indígenas confundieron a Cortés con un dios, en especial con Quetzalcóatl, cuyo regreso desde el oriente formaba parte de ciertas tradiciones. Sin embargo, hoy se sabe que esta interpretación fue, en gran medida, una construcción posterior. Los pueblos mesoamericanos no eran ingenuos: vieron sangrar a los españoles, los vieron enfermar, temer y morir. Más que adoración hubo cautela, diplomacia extrema y una lectura simbólica de un acontecimiento inesperado. El mito del “dios blanco” sirvió para vestir de destino lo que fue ambición y para justificar, después, la violencia del vencedor.

La tensión creció de forma inevitable cuando ocurrió el encierro de Moctezuma, la matanza en el Templo Mayor durante una festividad religiosa y la ruptura definitiva entre españoles y mexicas provocaron un levantamiento general. La muerte del tlatoani —rodeada aún de versiones contradictorias— selló el fracaso. Los españoles huyeron de la ciudad en la noche, perseguidos y derrotados, en lo que la historia recuerda como la Noche Triste.

 

DESPUÉS DE LA DERROTA: EL MIEDO COMO ESTRATEGIA

 

Herido, diezmado y humillado, Cortés analizó su error. Comprendió que la diplomacia tenía límites y que el engaño ya no bastaba. A partir de entonces, el miedo sería su aliado principal. La conquista no avanzaría con invitaciones ni pactos sagrados, sino con escarmientos ejemplares.

Cholula sería el mensaje.

 

OCTUBRE DE 1519: LA MASACRE DE CHOLULA

 

En octubre de 1519, Cortés y su ejército —unos 400 españoles y miles de aliados indígenas— llegaron a Cholula. Fueron recibidos con aparente hospitalidad. Días después, Cortés afirmó haber descubierto una conspiración para atacarlo, supuestamente instigada por Moctezuma. La veracidad de este complot sigue siendo debatida por la historiografía moderna.

El día señalado, Cortés convocó a los nobles y sacerdotes cholultecas a la plaza principal. Una vez reunidos, dio la orden. No hubo batalla: hubo exterminio.

 

¿QUIÉN MASACRÓ Y POR QUÉ?

 

La matanza fue ejecutada por los conquistadores españoles bajo el mando directo de Hernán Cortés, con la participación activa de aliados indígenas, especialmente los tlaxcaltecas, enemigos históricos de Cholula.

El motivo declarado fue prevenir una traición. El motivo real fue estratégico: sembrar el terror. Cortés necesitaba demostrar que la resistencia tendría un precio insoportable.

 

EL HORROR

 

Durante horas —quizá días—, hombres, mujeres, ancianos y niños fueron asesinados sin distinción. Espadas de acero contra cuerpos desnudos. Arcabuces y ballestas contra manos ceremoniales. Los templos ardieron, las plazas se llenaron de cadáveres y la sangre corrió como una ofrenda inversa.

Las crónicas hablan de miles de muertos. Cholula, ciudad sagrada, fue convertida en advertencia.

 

ESPADA Y BIBLIA

 

La conquista fue militar y espiritual. A los pueblos sometidos se les exigía abandonar sus dioses y aceptar el cristianismo. Negarse significaba castigo. La cruz avanzaba escoltada por la espada, y la fe se imponía con fuego.

 

 

 

UN PATRÓN DE VIOLENCIA

 

Cholula no fue una excepción, fue un patrón.

En México: la Matanza del Templo Mayor, el sitio y destrucción de Tenochtitlan, las campañas contra mayas y otros pueblos.

En América: el exterminio de los taínos en el Caribe, la violencia en el Imperio inca, las matanzas sistemáticas en Centroamérica y el sur del continente.

 

SAQUEO Y MEMORIA

 

Oro, plata, piedras preciosas, códices y símbolos sagrados fueron arrancados del continente. De México recordamos el espectacular “Penacho de Moctezuma” hoy en algún museo europeo, así como “La Peregrina”, la gran perla sacada del Archipiélago panameño del mismo nombre (Archipiélago de Las Perlas) y que adorna la corona de cierto país europeo. El saqueo fue material y simbólico: se llevaron la riqueza y también la memoria.

 

IMPERIOS AYER Y HOY

 

Así actuaban los imperios: con discursos civilizatorios y violencia sin remordimiento. Ayer fue el oro, perlas, piedras preciosas hasta monolitos y máscaras; hoy son otros recursos como metales, tierras raras y petróleo. Cambian los nombres, no las ambiciones.

 

ANÁLISIS FINAL

 

España dejó un legado cultural e idiomático innegable, pero ese legado nació entre ruinas. Reconocer la lengua sin recordar la sangre es leer la historia a medias. La Masacre de Cholula sigue ardiendo en la memoria de un continente que aprendió, demasiado pronto, el precio de ser conquistado.

Desde una mirada geopolítica más amplia, España no fue una anomalía histórica, sino un eslabón temprano de una larga y persistente lógica imperial. Portugal edificó su riqueza en Brasil y África sobre la esclavitud; Inglaterra extendió sus dominios con comercio humano, cañones y puertos forzados; Bélgica, bajo el sanguinario Leopoldo II, transformó el Congo en una máquina de muerte al servicio del caucho; Francia dejó cicatrices profundas en África que aún supuran dependencia y conflicto.

Rusia, ayer zarista y soviética, hoy nuevamente expansionista, ha recurrido a la fuerza para asegurar su periferia estratégica. China despliega un imperialismo silencioso, tejido con deuda, infraestructura y control económico. Los Estados Unidos ejercen un imperialismo contemporáneo que alterna la invasión directa con el bloqueo, la sanción, el derrocamiento indirecto y el control de recursos vitales.

Los imperios cambian de rostro, pero no de hambre. Ayer se llamaba evangelización; hoy se llama seguridad, desarrollo o democracia. Ayer fue el oro; hoy es el petróleo, el litio, el gas, el agua. La Masacre de Cholula no es un accidente del pasado: es una advertencia escrita en huesos. Mientras exista la idea de que unos pueblos nacieron para mandar y otros para obedecer, Cholula seguirá repitiéndose, con distintos nombres, en distintos mapas, bajo distintas banderas.

Recordar no es abrir viejas heridas: es impedir que el futuro se construya sobre la misma fosa común.

 

JUSTO ALDÚ © Derechos reservados 2026

 

* Importante: Este texto no nace del rencor ni del ajuste de cuentas, sino de la necesidad de llamar a las cosas por su nombre. Si algún amigo español se siente aludido u ofendido, vaya desde aquí una disculpa sincera: no se acusa a los pueblos ni a las generaciones actuales, sino a hechos históricos concretos, documentados y registrados por cronistas, archivos y estudios modernos.

Con frecuencia se invoca la llamada “Leyenda Negra” como si toda crítica a la conquista fuera una exageración o una conspiración propagandística. Sin negar que otras potencias usaron ese relato para desacreditar a España, ello no borra la realidad de las masacres, el saqueo, la esclavitud ni la imposición religiosa. La historia no se defiende negándola, sino entendiéndola en su complejidad. Las cosas no fueron peores de lo que fueron, pero tampoco fueron mejores.

No soy mexicano; soy panameño, lector constante y apasionado de la historia. Puede haber imprecisiones —la memoria humana nunca es perfecta— y si las hay, las reconozco con humildad. Este artículo es producto de lecturas, de crónicas enfrentadas, de versiones que dialogan y se contradicen, pero que coinciden en lo esencial: la conquista fue una empresa imperial, violenta y transformadora.

Desmontar mitos, tanto los glorificadores como los negacionistas, no busca culpables eternos, sino conciencia histórica. Solo así el pasado deja de ser propaganda y se convierte en advertencia.

Con referencia a este artículo puedo decir con total sinceridad. La historia de la conquista de América ha sido uno de los temas más recurrentes en la literatura académica, ensayística y crítica desde el mismo siglo XVI hasta nuestros días. Desde las Cartas de Relación de Hernán Cortés, pasando por las crónicas de Bernal Díaz del Castillo, Fray Bartolomé de las Casas y Fray Bernardino de Sahagún, hasta los estudios modernos de historiadores de América Latina, Europa y Estados Unidos, el choque de mundos ha generado una vasta producción.

No hay un catálogo único, ni una cifra definitiva, porque la historia crítica se escribe en múltiples lenguajes y espacios: revistas académicas, libros universitarios, antologías de historia global, publicaciones de humanidades, incluso en obras de ensayo literario y narrativa histórica.

Lo que sí es seguro —y aquí sí podemos hablar con una certeza poética— es que cada vez que una generación vuelve la mirada hacia esos hechos, los reinventa, los interroga y los nombra con palabras nuevas, se produce un ensayo nuevo. Este artículo se suma a esa larga cadena de voces que, como velas encendidas en un campo de batalla, buscan alumbrar lo que fue, para que el futuro no tropiece con los mismos huesos.

Así que sí: hay muchos ensayos, muchas voces… pero cada uno con su tonalidad, su claridad y su manera de enfrentar el pasado. Y este ahora camina junto a ellos.

EL QUE QUIERA LEER Y COMENTAR QUE LO HAGA, EL QUE NO, QUE NO LO HAGA. NO ES OBLIGACIÓN. 

MUCHAS GRACIAS.

SALUDOS

 

  • Autor: JUSTO ALDÚ (Seudónimo) (Offline Offline)
  • Publicado: 27 de enero de 2026 a las 05:47
  • Comentario del autor sobre el poema: *Artículo inédito será publicado en dos revistas literarias y al menos un diario panameño como suplemento dominical próximo. Es meramente instructivo. Está revisado, pero no se descartan imprecisiones tal y como digo, si así fuere, bien se pueden señalar para hacer los correctivos. No menciono bibliografía, pues es muy amplia y pública, propia de la historia mexicana. Muchas gracias,
  • Categoría: Reflexión
  • Lecturas: 2
  • Usuarios favoritos de este poema: Tommy Duque
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