Tras los años rotos, del reloj que no paraba.
La certeza de su paso por el corazón ajeno.
Sus palabras quebradizas que culminan en un beso.
Se fue tarde y sin prisa, el ayudante viajero.
Aquel hombre de sombrero, que camina a paso lento.
Del pueblo un pionero, de juzgados y asientos.
Ese mismo que sin prisa, terminaba sus quehaceres.
Torbellino de promesas, que cumplía a compás del viento.
Era un hombre de palabra, que ganaba con un gesto.
Cauteloso, buen amigo, cariñoso y sincero.
Cualidades que son caras hoy en día, en el comercio.
Pues que pocos las poseen, los demás ya las perdieron.
La palabra era el legado que tenían los ancestros.
Con ella se colmaban de negocios ya bien hechos.
Los más pillos ya ganaban, pues para ellos era trama.
Que al dar la mano a otro, su palabra no valía nada.
Pero los antiguos cuentan que era hombre de respeto.
El que a mano cerraba, el negocio de provecho.
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Autor:
Fénix (Seudónimo) (
Online) - Publicado: 27 de enero de 2026 a las 00:28
- Categoría: Sin clasificar
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