La vida empecinada
al cuerpo se aferra,
y está sincronizada
a la madre tierra.
Aunque el temor, dolor,
o la angustia impere,
ella se arma de valor
espera todo se supere.
Con su manto, la muerte
solo entrará en escena,
cuando la agonia inerte
al cuerpo cercena.
Sin el soplo, a la vida
se conmemora con llanto,
y la muerte conmovida
la cubre con su manto.

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