Me lo había prometido

Alexandra Quintanilla

Y no le miento, es hora de que no lo identifico.
Me había prometido librarme de los arraigos irracionales del amor, sabe. Desde pequeña me lo había prometido yo.
Puede que, me parezcan lindos esos ojos fijos, sin embargo, la razón estrangula el esplendor de una mirada para ver solo dos puntos fijos que me observan.
Ya Nietzsche lo había dicho, sobre más desdichado es aquel que es incapaz de amar. Yo pesaba lo contrario. 
Cada que algo en mi interior me removía salía huyendo por mero instinto.
No soy de las que permanecen, me lo he dicho. Y efectivamente, no le he mentido, de tanto decirlo ha llegado el punto en que me lo he creído.
Si puedo hacer las cosas bien, bueno, podría seguir prometiéndolo. 
Hasta que llega un punto en el que esos ojos deja una de verlos y comienza una a mirarlos como faroles que le dan guía a una cuando está en medio de un mar mediterráneo, y, cuando ya no están, comienza una a extrañarlos.
Comienza una a desubicarse.
Me había prometido no amar a nadie. 
Pero no sabiendo una que es eso, una no sabe que tal sentimiento es una permanencia, entonces una odia lo cotidiano, lo odia tanto que termina amándolo.
La contradicción llama a la similitud, o eso es lo que ahora ronda en mi cabeza.
Y vea usted que hoy, hoy quise, quise volverme a hacer esa promesa, y en efecto, la hice, 
pero sentí una traición hacia mi persona cuando de tantas veces que le dije que quería nada más que lo efímero, me vi viéndonos acabados y cansados sonriéndonos después de tantos años.
Y no han pasado sino apenas dos desde que se de su tacto, tan humano.
 Me vi siendo una compañía de duelos más que una compañía de juegos. 
Sobre las malas y las buenas.
La juventud, bueno, es preciosa pero no eterna.
Yo, que no quería una hoguera, siento que me muero sin el calor de sus brazos.
 Extrañando el resquemor de sus labios. 
Las edades, son cosas que a nadie le interesan, pero yo, lo acompañaría hasta en el sepulcro. Sin prometerlo, por esas veces que me prometí no amar y aquí estoy, deseándolo para el resto de mis días o, al menos, hasta el resto de mi tiempo, de mi buena salud y de su buena cautela.
Y vaya usted a reírse. Pero lo cambiaría todo por usted, hasta por los palacios que otros me prometen. Cielos falsos, no me importan.
Las jaulas de oro de igual forma son jaulas bobas. 
Con usted se ha sentido estar en un cielo eclipsado de una realidad inimaginable. 
Y… no sé bien qué se hace en estos casos, cuando la razón le dice a una que es mejor resguardarse de la persecución de la ausencia, o perder la dignidad con un: Lo necesito más en alma que en cuerpo. Porque el cuerpo se desgasta, pero el alma permanece.
Yo, que tanto he hablado de soledades y libertinajes, huidas y despojos, de cuerpos y de formas, estoy a que me quedo si viene y dice: la necesito, vuelva pronto. Debería de saber que no me he ido, aunque eso es lo que parezca.

  • Autor: AleQ (Seudónimo) (Online Online)
  • Publicado: 25 de enero de 2026 a las 16:38
  • Categoría: Sin clasificar
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