La pereza no duerme,
se disfraza de mañana,
promete tiempo infinito
y roba el hoy sin culpa.
No grita, susurra:
“mañana será mejor”,
y mientras tanto oxida
los sueños que no se mueven.
Curar la pereza
no es correr sin sentido,
es encender una chispa
en el cuerpo cansado del alma.
Un paso pequeño,
una acción mínima,
rompe el hechizo antiguo
de quedarse quieto.
Porque la pereza
no muere con castigos,
muere cuando eliges
hacer, incluso sin ganas.
Y así, lento pero vivo,
el deseo despierta,
recordando que avanzar
también es una forma de sanar.
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Autor:
Jhondy Algenys (
Online) - Publicado: 25 de enero de 2026 a las 11:32
- Categoría: Sin clasificar
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