Inventario de Ausencias

Luis Barreda Morán

Inventario de ausencias

Dejas guantes sobre la estantería cuando la tarde declina su luz tenue,
una bufanda de suave lana olvidada en el perchero de la entrada,
aquella taza de café vacía con el borde marcado de carmín diluido,
y un libro abierto en la página donde interrumpiste la lectura amena.

Dejas, sin querer, un rastro de tu estar en mi morada,
aquellos libros prestados que descansan en mi estantería,
el jersey azul que envolvía con dulzura tu figura delicada,
y el leve aroma a jazmín que en las cortinas se queda.

Permanece también el lazo que sujetaba tu cabellera oscura,
las monedas sueltas y el boleto de tren sobre la repisa,
el espejo donde reflejaste por última vez tu mirada clara,
y unas notas sin importancia garabateadas en un cuaderno.

Quedan las huellas de arena en el umbral de la entrada,
las conchas marinas que juntamos paseando por la orilla de la playa,
la toalla a rayas olvidada al sol sobre la barandilla,
y la estela salada de un verano que se fue contigo.

Abandonas pequeños trozos de tu vida entre mis espacios:
como un reloj sin pila que muestra una hora detenida,
un lápiz de labios sin tapa que rueda bajo el mueble,
un guante solitario esperando inútil a su compañero,
y la sombra de tu risa en el silencio de la habitación.

Cada prenda, cada trivial artefacto que dejas a tu paso,
se convierte en una reliquia que cuido con esmero,
un testimonio mudo de los días que compartimos juntos.

Construyo con estos fragmentos un museo de lo cotidiano,
donde cada objeto cuenta su propia y sencilla historia,
donde lo accidental se transforma en un tesoro precioso,
y donde tu memoria se hace tangible para mis sentidos.

Con lo que pierdes, vas llenando mis estantes vacíos
con un inventario de afectos que el tiempo no logra borrar.
Y en cada cosa abandonada, en cada insignificante olvido,
reconstruyo el mapa completo de tu ser luminoso y amado.

Quedan las gafas de sol sobre la repisa de la ventana iluminada,
un pañuelo de papel con trazos de un dibujo que comenzaste absorta,
la horquilla que sujetaba tu cabello sobre el borde de la pileta,
y la canción a media voz que flota en el silencio.

Queda el rastro de un perfume entre las páginas de mi agenda,
una nota con la lista del mercado escrita con tinta azul pálida,
la pinza para el pelo que rodó debajo de la mesa de la cocina,
y la sombra de tu forma sobre la cama ya arreglada.

En el quicio de la puerta un par de zapatos sin atar esperan quietos,
una chaqueta ligera colgada del respaldo de la silla del corredor,
la funda del teléfono sobre la mesa de noche junto a la lámpara,
y el eco de tu risa en el pasillo que ahora me parece más ancho.

Persiste el aroma a jabón fresco que usaste en la ducha de la mañana,
un lapicero sin tapa mordisqueado durante alguna conversación,
la bolsa de caramelos de menta vacía en el bolsillo de mi abrigo,
y la huella de tus pies descalzos sobre las baldosas ya más frías.

Junto todas esas cosas en un cajón que guardo para tus ausencias,
donde cada objeto cuenta una historia mínima de tu vida reciente.
Construyen un mapa casual de los días que compartimos sin esfuerzo,
una geografía íntima de gestos y de horas tranquilas y serenas.

Así cada partida deja un regalo involuntario de tu presencia clara,
y yo recojo esos fragmentos como si fueran pedazos de un tesoro.
Porque en el lento acumular de pequeños restos de tu andar por mi casa,
construyo la certeza tranquila de que siempre habrás de regresar.

—Luis Barreda/LAB
Tujunga, California, EUA
Enero, 2023.

Ver métrica de este poema
  • Autor: Luis Barreda Morán (Offline Offline)
  • Publicado: 24 de enero de 2026 a las 02:42
  • Categoría: Sin clasificar
  • Lecturas: 3
Llevate gratis una Antología Poética ↓

Recibe el ebook en segundos 50 poemas de 50 poetas distintos




Para poder comentar y calificar este poema, debes estar registrad@. Regístrate aquí o si ya estás registrad@, logueate aquí.