Y una lágrima se ahorcó,
harta de tanto llorar.
Cayó sin ruido,
como caen las verdades
cuando el alma entiende
antes que la voz.
Yo la recogí con cuidado,
no para salvarla,
sino para escuchar
lo que quiso decirme al irse.
Hay amores que no llegan a ser historia,
pero nos reescriben.
Se quedan viviendo en los gestos,
en la forma de mirar una silla vacía,
en la paciencia aprendida a la fuerza.
Nunca pedí demasiado.
Solo una claridad mínima,
una presencia que no huyera
cuando el mundo se volviera hondo.
Amé como aman los que intuyen,
sin garantías,
sin mapas,
con la fe silenciosa
de que lo verdadero reconoce su camino.
Pero tú,
o lo que representabas,
no estabas hecha para quedarse.
Eras tránsito,
revelación breve,
espejo.
Y aun así te amé.
No por lo que prometías,
sino por lo que despertaste
en mí sin pedir permiso.
Desde entonces escucho distinto.
El dolor habla bajo,
pero dice la verdad.
Y la esperanza no grita,
espera.
No me rompí.
Me volví más hondo.
Aprendí que amar
no siempre es tocar,
a veces es custodiar
lo que nunca fue.
Y si alguna vez otra lágrima nace,
no la dejaré colgar sola.
La sentaré a mi lado.
Le diré que quedarse
también es un acto de amor.
Porque sigo creyendo,
con una fe que no hace ruido,
que hay almas que llegan tarde,
pero no en vano.
Y que incluso el silencio,
cuando ama,
pronuncia nombres
que el tiempo jamás logra borrar.
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Autor:
Miguel Aiuqrux (Seudónimo) (
Offline) - Publicado: 23 de enero de 2026 a las 00:27
- Categoría: Sin clasificar
- Lecturas: 7
- Usuarios favoritos de este poema: Antonio Pais, MISHA lg, alicia perez hernandez, 🌱🌷 MariPD

Offline)
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