Hay temporadas en que la poesía no cae: se suplanta.
Se viste con telas prestadas, camina con pasos aprendidos
y habla con una voz que no nació en su garganta si no en otra.
A simple vista parece firme; al leer con calma, se advierte la costura.
"El plagio no siempre hurta versos completos."
A veces toma giros, respiraciones, cadencias, como quien copia los latidos sin comprender el cuerpo.
Es un acto de prisa: quien no soporta el silencio de la creación busca atajos y los llama inspiración.
Y junto a esa práctica surge la comedia del juicio.
Aparecen inquisidores sin nombramiento, tribunales improvisados, sentencias dictadas desde la comodidad del aplauso.
Olvidan, o fingen olvida que todo recinto tiene reglas y que quien administra la casa observa con más rigor del que presume.
La tradición lo advirtió hace siglos: la belleza no necesita alboroto, ni la verdad escolta.
Lo auténtico se reconoce por su peso, no por la cantidad de manos que lo señalan.
Resulta curioso que quienes claman pureza suelen hacerlo con ansiedad, como si temieran que alguien revise sus fuentes
o pregunte por el origen de su voz.
Nada delata más la fragilidad que la necesidad constante de acusar.
Al final, cuando la algarabía se disuelve y el público migra hacia otra distracción, quedan los textos.
"Sin adornos."
"Sin defensa posible."
Cada uno ocupa el lugar que le corresponde: la obra nacida del oficio permanece, la prestada se deshace, y quien jugó a ser autor
descubre que no dejó huella porque nunca caminó por sí mismo.
"Chi imita la voce, non eredita il destino"
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Autor:
Fiorenzo (Seudónimo) (
Offline) - Publicado: 22 de enero de 2026 a las 17:17
- Categoría: Sin clasificar
- Lecturas: 1

Offline)
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